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Viernes, 23 de mayo de 2008

X 4

Caramelos surtidos

De por aquí o allende los mares, películas que se consiguen
o se chusmean por la web.

 Por Diego Trerotola

Muscle Bear Hotel

Un viaje para fetichistas de los pechos velludos y bíceps anchos. Todo es coitos o pajas solitarias, nada de orgías, mucho sexo oral y poco anal. Hasta acá todo bastante arquetípico, incluso el escenario: cuartos de un hotel anónimo y sala de máquinas convertida en cruising gay, con glory hole incluido. El plus, sin embargo, es el debut de Bo Ladd, un oso con una energía de electro-shock: es tan extremo su genio sexual que llega a lucirse en una escena solitaria. Incluso, esta bestia descontrolada en un universo tan medido se vuelve conmovedor en el momento más shockeante: un dilatado beso que le estampa a su partenaire sexual en la primera escena. En medio del mecánico ritual físico surge una inesperada, lenta y sofocante escena tierna, como si Ladd se hubiese ido del guión genital para convertir ese beso en una transgresión máxima. Y ese desvío afectivo y tierno es lo más obsceno de Muscle Bear Hotel porque es lo que el género pornográfico usualmente deja fuera de escena, y lo que puede convertir a esta porno en algo tan peligroso y revolucionario como el amor.

Argentina Bisexual

El porno argentino clase B avanza a paso lento pero firme. Hace poco se jugó una carta fuerte con la “primera producción bisexual argentina”: Argentina Bisexual (el título menos inspirado de la historia del XXX, pero también el más honesto). Transcurre en una pensión de estudiantes locales y extranjeros en Capital, aunque nunca sabremos qué estudian, pasan su tiempo en colisiones sexuales o viendo películas del pionero del porno local Víctor Maytland. El más “exótico” pensionista es Kanú, “la estrella africana con sus 32 cm”. Más allá de esta guarangada métrica pornoétnica, la película lleva la idea de bisexualidad a su veta más libertina y democrática en una orgía de seis participantes: casi todas las mujeres y los hombres penetran y son penetradxs. Los cuerpos, incluyendo el negro en cuestión, no están muy profesionalizados: hay mujeres sin tetas infladas, un joven escuálido sin gimnasio y otro que se pasó con los ravioles. En la primera secuencia, Kanú pasea por Buenos Aires, con imágenes del Obelisco y de Maradona: lo que se dice la argentinidad al palo.

The Crash Pad

Shine Louise Houston se transformó en una figura central de la cultura lésbica con la película The Crash Pad, que ganó el Premio Porno Feminista a la “Escena tortillera más caliente”. En esta ópera prima reunió a un cast de una asombrosa diversidad de mujeres para contar la historia de un “departamento de soltera” sin la repetida parafernalia de la escena lésbica chic y sin poses de vedette hiperbólica. Acá hay de todo un poco, en raza, estilo y performance, y la fuerza de cada encuentro sexual se puede medir en la escala Richter. Para cuando pase el temblor, el dvd trae unos extras donde se puede ver un backstage que confirma tanto el compromiso de las performers y la directora como la calidez que hay entre las chicas, infrecuente en los profesionales del porno. Si se quedan con ganas de más al ver The Crash Pad, pueden darse una vuelta por una propuesta similar, cálida y comunitaria, creada para la web: AbbyWinters.com, un sitio lésbico australiano de un grupo de mujeres que fotografía y filma su vida sexual sin las artificialidades del hardcore.

Out of Control, Travestis II

Las travestis porteñas tienen ese no sé qué, viste. Y para comprobarlo, Out of Control, Travestis II de Jean Luc Gonet, que, a pesar del título anglo y el director afrancesado, es 100 % carne de “producción argentina” (al menos así se publicitan estas películas). Y éste es otro ejemplo de pura ingeniería XXX clase B, reduciendo el presupuesto a lo mínimo: la idea es hacer un casting de las performances sexuales de cuatro travestis (Ihara, Jessi, Kathy y Melina) en el mismo espacio abstracto de un estudio de fotografía con un sillón de dos cuerpos (quien dice dos, dice tres) como única comodidad. Unidad de espacio, multiplicidad de acciones en cuatro secuencias: dos tríos variados y ágiles, dos parejas repetidas y monótonas (para relajarse después del éxtasis, o para dilatar el momento del orgasmo, la monotonía es bienvenida como parte de la lógica narrativa del porno). Las travestis son el centro solar de cada sistema sexual, cada una con luminosidad propia en su contextura diversa. Sea rubia o morocha todas se presentan en el mismo plan de pin up gatuna.

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