turismo

Domingo, 25 de octubre de 2015

SALTA > RUTA VITIVINíCOLA Y DESGUSTACIóN

El cielo es el límite

Una nueva edición de la Semana del Torrontés de Altura permitió descubrir –o reencontrarse– con la emblemática cepa blanca, pero también recorrer una ruta del vino tan alternativa como cautivante, en una provincia donde la belleza toca largamente el cielo con las manos.

 Por Frank Blumetti

Un monótono, plomizo, lluvioso cielo gris previo al anochecer nos recibe apenas salimos del avión en el aeropuerto de Salta. Hace frío, nos señalan nuestros guías, algo inusual para esta época del año en la provincia. Y ese clima acompaña el breve viaje de nuestro grupo hasta la primera parada de nuestro recorrido: nada menos que el sempiterno Boliche Balderrama, histórica peña a la cual ni siquiera los daños que causó el terremoto de hace casi un año (octubre de 2014) pudieron doblegar. El lugar acaba de celebrar su 62º aniversario y está en plena ebullición: abundantes contingentes de turistas, un tablado con grupos y solistas folklóricos que se suceden uno tras otro, mozos que sirven las mesas con ritmo febril; en la nuestra aparecen en veloz sucesión las típicas (y riquísimas) empanadas seguidas de humitas, tamales y locro, todo regado con el vino blanco de la zona hecho con la uva que, al igual que el Malbec, se ha vuelto tan argentina como la celeste y blanca a pesar de que su origen es incierto. Fuera de la famosa peña, hay en Salta muchas opciones para comenzar el viaje con una buena cena, desde Cosa e’ Mandinga (Gorriti 141), un muy bien provisto wine bar con buena música, sensacionales tamales, tapas y empanadas, hasta el popularísimo Lo del Boliviano (Marcelino Cornejo 141). Pero en Balderrama, a todo ritmo y con la permanente promesa de descubrimientos, comienza nuestra propia Semana del Torrontés de Altura.

RUTA, BLANCA Y RADIANTE Al día siguiente recorremos los 183 kilómetros que separan la capital de Cafayate yendo hacia el sur por la RN68. Son unas tres horas promedio de viaje atravesando algunos pueblos (Coronel Moldes, El Carril, La Merced) y la Quebrada de Las Conchas, tramo matizado por las variadas formaciones rocosas de distintas formas bautizadas como Los Castillos, en el kilómetro 19, Las Ventanas, El Obelisco, El Fraile, El Sapo y la Garganta del Diablo, ya en el kilómetro 47. Pero un poco antes, un alto en el Anfiteatro quita el aliento, haciéndonos sentir empequeñecidos ante la belleza de sus altas paredes –más de 20 metros- surcadas de arrugas de piedra y una acústica natural que permitió ofrecer conciertos allí mismo a talentos de la talla de Mercedes Sosa, León Gieco y Los Nocheros.

TORRONTéS, DIVINO TESORO Nuestro primer destino es la Bodega Etchart, donde el brand ambassador Sebastián Nazábal Canalis nos espera para una memorable degustación de cinco torronteses, espectaculares desde el Privado clásico hasta el Gran Linaje sin olvidar el espumante: cinco posibilidades distintas de expresión de una uva que en los últimos años pasó de estar en el banco de suplentes a jugar en primera.

Algo así es lo que nos explica el talentoso winemaker José Luis Mounier en Finca Quara, de Bodegas Lavaque, a 1800 metros sobre el nivel del mar, nuestra siguiente parada. “El techo del Torrontés depende de nosotros”, afirma convencido. Los vinos degustados –Quara Torrontés Reserva 2014 y Alpaca 2014- muestran elegancia y complejidad combinados con la intensidad que brinda el terruño local, virtud típica de los vinos cafayateños debida al fuerte sol y la gran amplitud térmica de la zona.

Todo culmina con un breve paseo por la señorial finca, donde nos alojaremos por la noche, pero antes hay un almuerzo gourmet en el club house de La Estancia de Cafayate, una vasta propiedad cerrada de 550 hectáreas inaugurada en 2010 que posee un club de golf, gimnasio con spa, campo de polo y 75 hectáreas de viñedos (con Torrontés, por supuesto), cuya producción se reparte entre los propietarios. Los platos se acompañan del vino Laborum elaborado por la bodega El Porvenir: ejemplares de Torrontés Single Vineyard 2015, Amauta Absoluto 2014 y Late Harvest 2012 (cosecha tardía) subrayan una comida de calidad incomparable, al igual que la experiencia toda.

La tarde del segundo día se completa con una visita al Hotel Altalaluna de la bodega Tukma, presente desde 2008 en la localidad de Tolombón. Cinco hectáreas de Malbec se ubican vecinos a un apacible alojamiento con un deslumbrante spa. Un recorrido por las instalaciones, guiados por la gerente Monserrat Ingala, da paso a una nueva degustación: los torronteses Tukma Reserva 2014, Gran Torrontés 2013 y Tardío 2014 exhiben diversidad en sus estilos y potenciales que los hacen ideales para maridar tanto con una sencilla empanada como con el más refinado de los sushis.

El paso por Cafayate implica también una buena oportunidad para aprovechar la buena mesa local, como la que se destaca en Baco Restaurante (Av. Gral. Güemes Norte 4427) y su fórmula parrilla-pastas, así como La Juanita (Pasaje San Isidro 17) con platos regionales (¡hay empanadas de llama!). Lejos del circuito turístico, muestra un ambiente más familiar, con porciones generosas y precios accesibles.

SE VA LA TERCERA Nuestra jornada final comprendió otro viaje por la trajinada ruta 68 con rumbo a la bodega Domingo Molina, sita en el paraje de Yacochuya a 2000 metros sobre el nivel del mar, diseñada ingeniosamente teniendo en cuenta el nivel del terreno para trabajar con la fuerza de la gravedad. El paseo por la bodega culminó paladeando las versiones de Torrontés del establecimiento: Hermanos 2012, Finca Domingo y Domingo Molina, que junto a un amable Tardío movieron y cautivaron los paladares de todos los presentes. Faltaba todavía visitar el deslumbrante Patios De Cafayate Wine Hotel, anexo a la bodega El Esteco; el gerente general Gustavo Gottling nos esperaba en la puerta de hierro que da paso al predio para mostrarnos siete patios de rara belleza y esplendentes colores, como salidos de una fábula colonial. Treinta y dos habitaciones y suites con vistas a las montañas calchaquíes, piscina de aguas tan azules como el interminable cielo, spa, flores, aljibes, muebles de época… El exquisito almuerzo en el restaurante La Rosa (creación del chef uruguayo Martín Garramón), amenizado con los vinos de la bodega (Ciclos Torrontés y Altimus) es el broche de oro para una tarde excepcional, previa a una última parada nocturna.

UN MUSEO A LA ALTURA Inaugurado en 2011, el Museo de la Vid y el Vino propone “una muestra dinámica e interactiva sobre la historia y características de los viñedos en los Valles Calchaquíes y de sus Vinos de Altura”. Entre las diversas actividades organizadas por el Ministerio de Turismo y Cultura provincial (degustaciones, visitas, conferencias) en esta Semana Del Torrontés de Altura, presenciamos una entretenida master class de cocina y tragos con el homenajeadísimo vino a cargo de dos profesionales locales, Miguel Yulan (bartender) y Tupac Guantay (chef), cuyos resultados fueron catados por una concurrencia tan interesada por el tema como ávida –por no decir hambrienta- de sabores nuevos. Ese fue el fin de una semana de celebraciones por todo lo alto, y no es para menos: el Torrontés salteño hoy está a la altura de los grandes vinos… y no conviene pasarlo por alto.

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Patios de Cafayate Hotel, junto a Bodega El Esteco, con 75 hectáreas de viñedo.
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