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En “Cazadores de recompensas” el animé se supera a sí mismo

Se edita el largometraje inspirado en la serie que aquí emitió Locomotion. Dirigido por su creador Shinichiro Watanabe, el film excede, por su calidad técnica, los límites del género-madre.

 Por Horacio Bernades

Son buenos tiempos para el animé. El mes pasado salió en video Animatrix, antología de cortos inspirada en Matrix y dirigida por un batallón de notables de la animación japonesa. El jueves próximo se estrena la extraordinaria El viaje de Chihiro, último opus de Hayao Miyazaki, que está reconocido universalmente como el gran maestro del género. Y ahora pisa la calle, editada por LK-Tel (en idioma original y con subtítulos, cabe destacar) Cazadores de recompensas, que no es otra que Cowboy Bebop, The Movie. Filmada un par de años atrás y recién estrenada en Estados Unidos y Europa, Cazadores de recompensas es el largometraje derivado de Cowboy Bebop, serie que –aunque ya concluyó– en la Argentina emite el canal de cable Locomotion. Dirigida por su creador Shinichiro Watanabe (que más tarde aportaría un par de cortos a Animatrix) y con el mismo equipo técnico que lo secundaba en la serie, Cowboy Bebop, The Movie (que para su estreno en Japón llevó por subtítulo Golpeando las puertas del cielo) es uno de esos largometrajes que demuestra que el campo de la animación sigue dispuesto a pelearle la primera categoría a la live action.
Desde el propio título, Cowboy Bebop apuesta al cruce de géneros. Lo de cowboy refiere al carácter cool, solitario e individualista de su protagonista, un joven cazador de recompensas llamado Spike Spiegel, mientras que compases de bebop suelen oírse en las escenas de acción. En verdad –como señala ese plural en el título con que se lanza aquí la película–, Spike no anda solo en sus aventuras. Lo acompañan el veterano Jet Black (un ex policía que siempre anda queriendo retirarse de la acción), la dura Faye Valentine, una hacker algo payasesca llamada Edward y el perrito Ein. Todos ellos se desplazan en una nave, a veces dentro de los límites del planeta Tierra y surcando en otras ocasiones el espacio interestelar. Allí quedan delineados los otros cruces estéticos que plantea Cowboy Bebop, entre la aventura clásica (el dibujo de los personajes recuerda mucho al del Corto Maltés), el cine futurista y el film noir, género del que Watanabe deriva los relatos off en primera persona, tanto como cierto espíritu desencantado y melancólico que tiende a aflorar en serie y película.
Lo otro que revela el título es su voluntad mimética con respecto a la cultura occidental. Como ocurre con el campo del animé en su conjunto, los personajes tienen nombres y rasgos occidentales. Además, la acción transcurre en una Nueva York del futuro (en la que todavía se divisan las Torres Gemelas, porque la película se filmó antes del 11 de septiembre de 2001), la música combina pop anglosajón, jazz y funk, y abundan las marcas icónicas, desde los Marlboro que fuma el héroe hasta los avisos de Coca-Cola. Más allá de alguna referencia a la cultura nipona, esta voluntad globalífica tiñe a Cazadores de recompensas de una pátina de estandarización. Tan complicada y en ocasiones hermética como suelen serlo los tecnothrillers actuales, la trama gira alrededor de cierta poderosa corporación médica, incluyendo virus, vacunas antivirus, aplicación de células linfáticas a la inmunología y conceptos como el de “nanomáquina”.
Todo ese aluvión cientificista se entrelaza, al más puro estilo Matrix, con la presencia de un místico de sombrero, sobretodo largo y look dark, dispuesto a llevar a la humanidad entera al apocalipsis durante las celebraciones de Halloween. La mimesis ensayada por Watanabe incluye la gramática entera del cine de acción contemporáneo, desde las escenas de gran espectáculo (la explosión de un camión cisterna, un tiroteo de a tres a bordo de un monorriel, el duelo final en las alturas de una torre) hasta la abundancia de tomas cenitales, ralentis, haces de luces y sombras como en el cine live action y ese clásico post-John Woo que es el seguimiento del recorrido de una bala, en plano detalle. El riesgo es que el cine de animación se agote en una mera operación de imitación y copiado, en lugarde desarrollar potencialidades propias. Hecha esa salvedad, no hay duda de que las dos horas de Cazadores de recompensas recompensan al espectador, tanto en términos de tensión narrativa como de brillantez visual.

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La película deriva de la serie “Cowboy Bebop”, y se estrena en su idioma original con subtítulos.
 
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