EL MUNDO › TRAS LA CRISIS, HOY SE VOTA EN HONDURAS UNA CONSULTA POPULAR

Zelaya acude a las urnas

La consulta popular que impulsa Zelaya para reformar la Constitución se vota después de que el Congreso nacional intentara remover al presidente y dar un golpe de Estado con la connivencia de los militares, que habían salido a la calle.

Alrededor de dos millones de hondureños decidirán hoy en las urnas si desean llamar a un referéndum constituyente en noviembre. En escuelas, plazas y parques el gobierno instaló 15 mil urnas, que estarán rodeadas de actividades culturales, recitales y ferias de comidas y artesanías. El presidente Manuel Zelaya se esforzó en presentar la consulta popular como una fiesta popular, pero el clima podría ser otro. Ayer los partidos de la oposición, la Iglesia Católica y los principales medios de comunicación pronosticaban casi una explosión social. Uno de los diarios más leídos, La Prensa, recomendaba a sus lectores quedarse en sus casas, con el auto con nafta, la heladera llena y dinero en la billetera. “Mañana (por hoy) se desconoce si habrá turbas, por lo que su seguridad puede peligrar”, aseguró el matutino. Afuera, en las calles de Tegucigalpa, la tranquilidad reinaba y los hondureños disfrutaban un fin de semana soleado.

Después del pico de tensión política que vivió el país el jueves a la noche, cuando el Congreso nacional intentó remover al presidente y dar un golpe de Estado con la connivencia de los militares que esperaban en las calles, la situación empezó a desescalar progresivamente en el país centroamericano. Anteanoche, cerca de la medianoche, el presidente Zelaya se dirigió a la nación para dar por cerrado el casi quiebre democrático. Propuso arrancar de nuevo. “Hablé con los militares y me han manifestado otra vez su sometimiento a mi autoridad. Bueno, ahora hay que probarlo para volver a rescatar la imagen de las fuerzas armadas”, aseguró el mandatario en una conferencia de prensa desde el Palacio de Gobierno.

Zelaya ya no era el mismo hombre que el jueves se había subido a un colectivo para ir a buscar las urnas personalmente, desafiando a la Corte Suprema, el Congreso nacional y los militares. Ahora estaba más tranquilo. Sin salirse de un tono de voz moderado atacó a la Corte Suprema, la consideró ridícula y cuestionó la autoridad moral de sus fallos. Pero al mismo tiempo le hizo un guiño al jefe de las fuerzas armadas, a quien había destituido el miércoles pasado. “Cometió una pequeña falla, pero como cristianos que somos hay que saber perdonar y yo lo perdono”, aseguró el mandatario, sin dejar en claro si la destitución seguía en pie.

Pero mientras en el gobierno intentan dejar atrás el golpe de Estado fallido del jueves, en la oposición redoblaron la apuesta. A horas de la consulta popular sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el frente opositor lanzó toda la artillería que le quedaba para evitar un triunfo del gobierno. La Iglesia Católica, que venía predicando en los sermones contra el “autoritarismo de las autoridades”, dejó a un lado las sutilezas y se lanzó de lleno a la campaña electoral. “El cristiano no apoya nada ilegal”, aleccionó monseñor Darwin Andino, el obispo auxiliar de Tegucigalpa.

Además de la presunta ilegalidad, el miembro del clero hondureño también está muy preocupado por la otra amenaza que se cierne sobre la pequeña nación. “El país no se puede entregar al chavismo ni a nadie”, aseguró Andino. El suyo es el reclamo de toda la oposición e, incluso, de muchos de los correligionarios de Zelaya que no terminan de sentirse cómodos con la estrecha alianza que forjaron en los últimos años el presidente hondureño y su par venezolano, Hugo Chávez.

Esa fue la campaña de la oposición: una dictadura a la venezolana o una democracia libre a la hondureña. No se discutió sobre las reformas al sistema de partidos –que sólo reconoce legalmente a los partidos masivos–-, ni a la ley electoral –que beneficia a esas mismas fuerzas tradicionales–, ni a la nacionalización de toda la industria relacionada a los recursos naturales. Nada de esto entró en la campaña. Para la oposición, el único interés que tiene Zelaya para reformar la Constitución es incluir la reelección presidencial, una figura que no existe ni siquiera para mandatos discontinuos.

Ayer Zelaya repitió que dejará el poder al final de su mandato en enero de 2010, aunque garantizó que ganará en las urnas. Las encuestas difundidas por los medios, en cambio, pronostican una derrota abrumadora para el gobierno. Hoy se verá cuál es la realidad de Honduras y quién la representa.

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Un simpatizante de Zelaya con un cartel apoyando la reforma en el centro de Tegucigalpa.
 
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