EL PAIS › PIDEN QUE FRANCO MACRI SEA CITADO POR EL SECUESTRO DE CARLOS GROSSO DURANTE LA DICTADURA

Cuando Franco convenció a Harguindeguy

El dueño de Socma asegura haber logrado la liberación del ex intendente. Un abogado pidió que lo convocaran para que explique cómo fue la negociación. Lo acusa por no denunciar el hecho.

 Por Diego Martínez

El empresario Francisco Macri asegura haber logrado durante una reunión con el general de división Albano Harguindeguy en 1978, el objetivo que Madres de Plaza de Mayo y miles de argentinos no consiguieron en treinta y dos años: la aparición con vida de un detenido-desaparecido. El dueño de Socma intercedió por su joven gerente Carlos Alfredo Gro-sso, el mismo que Carlos Menem designó intendente porteño en 1989. Grosso contó a Página/12 que estuvo más de un mes secuestrado junto a veinticinco ex compañeros de la Dirección Nacional de Educación para Adultos, la Dinea, y que todos fueron liberados, dato que relativiza la influencia del empresario. Macri no respondió la consulta de este diario, pero no le faltará oportunidad de explayarse. El abogado Pablo Llonto le solicitó al juez federal Daniel Rafecas que cite a prestar declaración indagatoria tanto al ex ministro del Interior de la dictadura como al empresario, en su caso por encubrir el secuestro y las torturas a las que fue sometido su hijo putativo.

El primer relato sobre las puertas que golpeó Macri ante el secuestro de Grosso lo publicó en 2001 la fallecida periodista Ana Ale en su libro La Dinastía. Vida, pasión y ocaso de los Macri: “El operativo que montó el patriarca para salvarle la vida fue tan real como el recibo de sueldo que le entregaba cada fin de mes. En junio del ’78, el futuro intendente de Buenos Aires desapareció en una de las redadas que la dictadura realizaba, amparada tras la cortina festiva del Mundial de Fútbol. Macri habló con su amigo el nuncio apostólico Pio Laghi y le pidió que intercediera ante el general Jorge Rafael Videla para que liberaran a su empleado, seguramente secuestrado por error. A los pocos días, sano pero con algunos moretones, Grosso estuvo de vuelta en las oficinas del patrón. Todavía hoy Franco se pone ancho de orgullo cuando le recuerdan su intervención decisiva a favor del rescate del licenciado peronista. En esas ocasiones la mirada se le abuena como a un tigre con el estómago lleno y en reposo”, escribió La Negra, como la recuerda Llonto, quien agregó a sus nobles empresas las que la muerte arrebató a su compañera.

La primera versión publicada del caso en boca de Macri fue durante una entrevista con el periodista Pablo Mendelevich que la revista Debate publicó en marzo de 2004. Para reafirmar que “cuando yo seleccionaba gente los antecedentes políticos no me interesaban” no encontró mejor ejemplo que el de Grosso, a quien contrató en 1976, apenas creó Socma. El empresario no explicó en la entrevista qué antecedente negativo dejó pasar, aunque por obvias razones de calendario no se refería a la gestión en la intendencia que debió abandonar con quince denuncias penales en el haber sino a su militancia política anterior al golpe de Estado.

Chaqueño, nacido en 1943, Grosso se licenció en Letras en Rosario, integró el grupo fundador de la Juventud Argentina para la Emancipación Nacional (JAEN) junto con Rodolfo Galimberti, fue asesor del Ministerio de Trabajo y desde 1973 hasta los primeros meses de 1975 dirigió la Dinea, donde cientos de militantes de la Juventud Peronista enseñaron a leer y escribir a hombres y mujeres adultos de todo el país. Tampoco para los agentes de inteligencia militares era una trayectoria inofensiva, según consta en un documento del área Recursos Humanos con el que se encubrió a los servicios en el Ministerio de Cultura y Educación de la dictadura: “Grosso, Carlos Alfredo. Ex jesuita. Marxista. Impuso en dicha dirección una orientación basada en las teorías educativas de Paulo Freire, marxista brasileño que actuó como asesor del ex presidente chileno Salvador Allende”. Grosso estaba “acusado” de planear campañas “para educar analfabetos e infiltrar ideas marxistas”.

¿Cómo fue el primer relato de Macri? “Gro-sso, que era gerente de un área de promoción y desarrollo, un día desapareció, fue secuestrado. Y como era uno de mis miles de hijos, no lo dejé solo. Fui a hacer la denuncia de la desaparición y a interceder ante las autoridades. El general Harguindeguy me dijo que Grosso estaba en la ESMA e iba a ser fusilado y me ofreció sacarlo bajo mi responsabilidad. Yo firmé un papel haciéndome responsable por Grosso.”

Ese mismo año retomó el tema en su autobiografía Franco Macri. El futuro es posible. Esta vez para ejemplificar un momento difícil de su vida contó que su gerente “fue secuestrado por un grupo militar y nadie conocía su paradero”. Fue entonces cuando “me expuse sin cuidado y salí a defender a un colaborador que estaba más que seguro no tenía antecedentes peligrosos (sic) para el sistema. Afortunadamente logré convencer al entonces ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy, quien bajo mi responsabilidad lo hizo liberar. Grosso ya había sido torturado y condenado a muerte. Una vez libre, tardó muchos meses en recuperarse y reincorporarse al trabajo. Años después Grosso volvió a la política y llegó a intendente de la ciudad de Buenos Aires”.

¿Harguindeguy le confió a Macri que Grosso estaba “condenado a muerte”? ¿Le dijo qué tribunal condenaba a muerte a un desaparecido? ¿Quién y dónde fusilaba? ¿A cambio de qué Harguindeguy aceptó liberarlo? ¿Qué decía el papel que firmó Macri? ¿De qué se hizo responsable? ¿Qué no debía volver a hacer Grosso? ¿Por qué nunca denunció a la Justicia las torturas que sufrió su gerente? Las preguntas de Página/12 quedaron en eso. Las amables secretarias del empresario explicaron que no da entrevistas. Sugirieron enviarle un mail que nunca tuvo respuesta.

“Cuando Ana lo entrevistó para su libro Macri relativizó el hecho. La Negra supo que Grosso había estado varios días desaparecido, encapuchado, torturado y la había pasado mal. Nunca pudo confirmar dónde estuvo, pero su sospecha apuntaba a Coordinación Federal”, relató Llonto. En base al párrafo de la autobiografía, el abogado solicitó al juez Rafecas, que instruye la megacausa del Cuerpo I de Ejército, que indagara a Harguindeguy como coautor mediato de la privación ilegal de la libertad en concurso con tormentos agravados, y a Macri en calidad de encubridor.

“El Ministerio del Interior y en particular el despacho del ex general Harguindeguy fue núcleo central de procedimientos aberrantes que culminaron con secuestros donde los funcionarios y en especial el ex ministro actuaba ‘al amparo del poder estatal’ con ‘medios, recursos, infraestructura y armamento necesario’”, escribió Llonto. Pidió que se analice si el empresario había sido cómplice primario o secundario de delitos de lesa humanidad y si incurrió en omisión de denuncia. “Es llamativa la afirmación sobre la falta de ‘antecedentes peligrosos para el sistema’ de Grosso. Macri sugiere que otros jóvenes secuestrados y torturados eran peligrosos para no se sabe para qué sistema”, concluyó.

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