Muestra de Pablo Páez Riva en el Centro Cultural Borges
Sobre el dibujo como pensamiento
El exitoso ciclo La línea piensa, dedicado al dibujo como una práctica artística ampliada, que Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía dirigen en el Centro Cultural Borges desde hace doce años, inaugura este jueves su exposición número 100.
Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges.Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges.Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges.Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges.Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges.
Una de las obras de Pablo Páez Riva exhibidas en el ciclo La línea piensa del Centro Borges. 

Pablo Páez Riva es un artista gráfico y en él esta circunscripción debe ser entendida en su acepción más técnica,conceptual y, sobre todo, abarcativa. La enorme potencia expresiva del campo de acción de Páez Riva proviene de su eximia calidad en el dibujo, aunque también, gracias a su entrenado talento, se expande en la adopción de formatos cercanos y afines como el grabado, la estampa en matrices de goma o linoleo, la monocopia, y procedimientos como la fotocopia, que él saca de su gueto de reproducción mecánica para aprovecharla como aparato de transformación y distorsión de la imagen. Su poética es saludablemente mixta y ecléctica, habida cuenta de que él se muestra tan permeable a las dosis exactas de ortodoxia como de experimento, y perfectamente cómodo en el abordaje de cánones con exigencias muy diferentes y específicas, como el cómic y la animación.

La línea de Páez Riva es decidida y sensible, como aquella de quien domina con dinámica elegancia las claves y secretos del oficio. A partir de un sólido bagaje de recursos, ha desplegado un heterogéneo universo de escenas, situaciones, ambientes y personajes donde integra fluidamente la eventual necesidad descriptivo-narrativa con una notable capacidad para inducir misterio, metáfora e invención aún en las demandas mas referenciales. 

Justamente, su sostenida presencia en medios locales y foráneos exhibe invariablemente un estilo inconfundible de figuratividad concisa y contundente y un quirúrgico magnetismo para atrapar al espectador-lector: quien haya transitado las páginas de publicaciones y periódicos tan masivos como Clarín, La Nación, Perfil, La Razón, El Periodista, Noticias, Fierro y Rolling Stone en las últimas tres décadas lo sabe muy bien. Suyas son la rotunda, vigorosa inscripción del trazo y la grafía, la audaz resolución del espacio, la tensión ríspida y sensual del alto contraste sin claroscuros. y las electrizantes aplicaciones planas de un color vibrante y sutil, en singulares combinaciones. La iconografía de Páez Riva recorre las fisonomías, los rituales sociales y los manierismos urbanos con una eficaz oscilación entre el documento, la ironía, la viñeta dramática, la artificiosidad teatral y el retrato amable o crítico. En cualquier caso, toda vez que la riqueza de su trabajo pudo verse devaluada por el siempre erróneo e ingrato karma del ilustrador, a quien suele concebirse como mero acompañante prolijo de ideas ajenas, apareció su categoría de artista integral y su inteligencia para saltear la ignorancia y el prejuicio. Porque en Páez Riva,la jerarquía de la identidad autoral define no solo un modus operandi, ni un territorio discursivo de gran elocuencia, sino, y en última instancia, el propio género.

* Dibujante. Cofundador y curador de La línea piensa. Texto de la muestra Nº100 del ciclo, de Pablo Páez Riva, que se inaugura el 15/3 y sigue hasta el 15/4, en el Centro Borges, Viamonte y San Martín.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ