Opinión
Cambio de estrategia
Imagen: DyN

Si bien el resultado de la votación en el Senado sobre la despenalización del aborto resulta todavía incierto, la activa movilización de las organizaciones que apoyan la campaña ha seguido en aumento y hay muchos indicios que indican que la norma que tiene media sanción de Diputados logrará también los votos necesarios en la Cámara Alta. Así también lo perciben en los ámbitos eclesiásticos que en los últimos días decidieron redoblar sus acciones, sus manifestaciones y argumentos en favor de lo que se ha denominado “pro vida” o “en defensa de los dos vidas”.

Desde que se habilitó el debate los obispos católicos, con su presidente Oscar Ojea a la cabeza, resolvieron adoptar una actitud si bien firme en cuanto a sus principios y convicciones, no beligerante y orientada a evitar enfrentamientos o disputas innecesarias. En general consideraban que no había sido buena la estrategia de la jerarquía católica cuando se discutió el matrimonio igualitario.

El documento firmado por la Comisión Permanente del Episcopado en nombre y con respaldo de la asamblea reunida en abril, tuvo ese tono y esa disposición. No menos cierto es que luego siguieron manifestaciones muchos más encendidas y beligerantes de varios obispos actuando a modo personal. También se sabe que en varias diócesis del interior hubo contactos, cabildeos y conversaciones para influir sobre los legisladores para que votaran en contra de la iniciativa pro abortista cuando esta se analizó en la Cámara de Diputados.

No menos cierto es que, en algunos casos, los propios obispos fueron desbordados por grupos y organizaciones católicas ultraconservadoras que se apropiaron de los pañuelos celestes y se embanderaron en la campaña antiabortista.

En los últimos días, en particular el fin de semana, quedaron en evidencia indicios ciertos de que la estrategia institucional católica dio un giro ante la comprobación de que la despenalización del aborto gana adeptos en la sociedad y en los senadores que deben respaldar con su voto el proyecto de ley. La Conferencia Episcopal convocó a una misa masiva frente a la muy simbólica Basílica de Luján para orar “por la vida” y allí el presidente de la CEA, el obispo Oscar Ojea, afirmó taxativamente que “el aborto no es un derecho, es un drama”. En Tucumán, el arzobispo Carlos Sánchez utilizó la ceremonia religiosa de acción de gracias (Te deum) para afirmar que “el aborto es la muerte de un inocente”. Y en La Plata, el nuevo arzobispo Víctor Manuel Fernández –hombre muy cercano al papa Francisco– no solo respaldó “la defensa de la vida” sino que, en tono más político, se atrevió a sugerir que Mauricio Macri debería vetar la ley si esta es aprobada en el Congreso. Ayer mismo Marcos Peña se encargó de negar esa eventualidad.

Queda claro que ante la posibilidad inminente de que la despenalización del aborto sea ley, la jerarquía católica ha decidido jugar todas las cartas que tiene en sus manos y ejercer presión en todos los frentes. Es, sin duda, un cambio de estrategia que se aparta, por lo menos en lo que se  ve y se escucha públicamente, de la apertura al diálogo y respeto a las diferentes posiciones que se propuso en primera instancia.