Prestigio y confianza

Fernando Haddad, 55 años, exalcalde de San Pablo, exministro de Educación,  abogado, con maestría en economía y doctorado en filosofía, profesor de ciencias políticas, está casado desde hace más de veinte años con Ana Estela Haddad, una profesora de odontología tiene dos hijos. Proveniente de una familia de comerciantes libaneses, Haddad cuenta que solía llevar en la cartera una fotografía de su abuelo Habib Al-Haddad, un antiguo líder religioso y cuyas historias le estimularon en su formación. Con un amplio currículum académico, Haddad fue ministro de Educación entre 2005 y 2012, cargo con el que reforzó su prestigio dentro de la izquierda y le permitió estrechar su confianza con Lula. Fue precisamente el expresidente quien insistió en postular a Haddad como alcalde de Sao Paulo en las elecciones de 2012, en las que venció en segunda vuelta, y le volvió a brindar su apoyo en 2016, cuando aún estaba en libertad y en plena actividad política. Entonces, Haddad aspiró a la reelección, pero perdió en primera vuelta ante el socialdemócrata Joao Doria, un multimillonario empresario novato en la política. De sus años como alcalde, Haddad fue denunciado recientemente, en plena campaña electoral, por corrupción en base a la confesión realizada por el empresario Ricardo Pessoa, expresidente de la constructora UTC Ingeniería. Según la acusación, UTC habría pagado una deuda de 2,6 millones de reales (alrededor de 626.500 dólares) de la campaña de Haddad en 2012 a cambio de ser favorecido con contratos públicos. El extitular de Educación ha atribuido la denuncia a una persecución política busca impedir el regreso del Partido de los Trabajadores al poder, un discurso que ha sido repetido en numerosas ocasiones por su mentor, Lula, al que visita semanalmente en la cárcel. Para ello, Haddad ha tenido que renovar su cartera de abogado con el fin de integrar el equipo de defensa de Lula y poder así reunirse con el líder del PT en la cárcel de Curitiba, donde cumple una pena de 12 años de prisión. Entre rejas, Lula trazó en los últimos meses la estrategia del PT y definió la hoja de ruta de su pupilo, quien sigue en pleno proceso de metamorfosis para poder personificar el proyecto del exmandatario en las elecciones del 7 de octubre.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ