Deudólar apreciado, preciada y repreciade. Se nos vienen las fiestas encima, y entiendo si esta expresión le resulta poco comprensible, ya sea porque usted no capta el concepto de “encima”, o porque en este fin de 2018, no le queda claro dónde y cuándo vendría a estar la fiesta.

Lo de “encima” no es difícil de explicar. Pero como siempre, hay varias tesis posibles. Una sería la de que “encima” de los tarifazos, la pérdida de poder adquisitivo,  la desocupación o el miedo a la misma, la recesión y la Patrix recargada que promete balas para tutti cuanti,  hay que pensar  también en los regalos de Navidad, Año Nuevo y Reyes, cosa de que los niños no pierdan la ilusión y sin que los adultos no pierdan la billetera en el intento.

Otra tesis posible es que “los de encima”, léase nuestros Gentiles Autoritarios Electos, los Nordacas (que vendrían a ser lo contrario de los sudacas que venimos a ser nosotres mismas), los Fondos Buitres, Osos, Perros, Chacales, Tiranosaurios o Turucas, y nuestros Amados Acreedores de diversa calaña, sí tienen fiestita, ya que nuestro Sumo Maurifice es capaz de hacer cualquier cosa (como él mismo lo afirmó aquel día en que nos previno de sus propias locuras) menos dejar de pagarles lo que les debemos, y o que no.

Explicado el concepto de “encima” procederemos a meternos con el de “fiesta”.

Ocurre, deudólar, que aunque usted crea que recién vamos por el fin del primer semestre, o bien, que ya pasaron 49 fines de mes desde que comenzó el año, la  cruda (no cocida, sería un lujo) realidad es que 2018 está a punto de sincerarse o indexarse. Y  va a pasar a valer, desde el 1º de enero, 2019. Así como aumenta el bondi, el taxi, la luz, el gas y la carne, también aumenta el año. Y esto ocurre siempre, cada 365 ó 366 días, más allá de su percepción temporal.

A nadie le importa su “identidad de tiempo”, deudólar. Si usted va a un registro civil y pide que lo anoten como que está en 2011, o en 1945, recibirá muy poca comprensión, y nada de contención. Ni que hablar si se siente en el futuro, en 2117, terminando de pagar la Dujovdeuda. De nada servirá que diga que usted tiene una mente de 2003 en un cuerpo de 2018. O que usted es un/a transcrónico (trans-cronos: a través del tiempo), y que el mundo fue y será una porquería en el 506 y en el 2000 también.

Así que está usted igual que yo, y yo, y yo (disculpe, he desarrollado varias personalidades a fin de hacer valer mi identidad de número, pero sin éxito civil ni social), cerca de Navidad, Año Nuevo, y todo eso que llega cuando se está yendo diciembre. Acá y en todas partes.

Y cada celebración tiene sus ritos.

Navidad, sin ir más lejos, tiene el Pan Caro (ex pan dulce), los Muy Turros (ex turrones), la Meagarroapiñas (ex garrapiñada), la Brecha-Grieta (ex reunión familiar), la Misa de Brócoli (versión vegana de la ex Misa de Gallo), el Mínimo Vittel y Toné, el saludo “Hasta la Victoria Sidra”, las excusas (ex regalos), el Hit del Verano (ex Villancicos), y las familias, disfuncionales o que creen que no lo son, festejando a viva voz que ese día, por ser feriado, está todo  cerrado (no como el resto de los días, donde cierra todo, pero sin feriado alguno).

Y encima de encima, Papa Noel. Que será un milagro navideño si logra llegar a la Argentina sin que lo deporten ni le afanen media bolsa, ni le decomisen los renos para el asadito, ni le peguen un corchazo al confundirlo con un sospechoso.

Si  consigue todo eso, probablemente entre en cada casa y deje, en un sitio espacialmente preparado a tal efecto, las nuevas boletas de luz, agua y gas, porque él tampoco llega a fin de año con un solo laburo, así que lo contrataron del correo.

O quizás, en una particular interpretación de tiene nuestro Gobinfierno de la equidad de género,  use el cupo femenino y sea entonces: Mamá Noel. Y en vez de venir del Polo y tener pinta de danés, sea una canosa francesa de la que, según nuestro Sumo Maurífice, todos los argentinos y argentinas deberíamos enamorarnos: Madame Andacantarlealagardel. Y nos traiga de regalo… deuda.

Y eso si tiene usted suerte, y su arbolito no es el rabino Bergman disfrazado.

Pero a pesar de todo y de toda, no perdamos la capacidad de desear, deudólar. ¡Feliz Navideuda y un spero (sin Pro) Año Nuevo!

@humoristarudy