El holograma Bolsonaro

Atilio entra al bar con pasos grandes y recorre las mesas, las esquiva, hace una especie de vuelta olímpica por todo el bar. Se frena, levanta sus puños y grita: “¡¡¡Bolsonarooo, y dale Bolsonaro, y dale Bolsanaaa!!!”. El gesto recuerda el desahogo de Diego Maradona luego de marcar el cuarto gol ante Grecia en el Mundial 1994. Aunque sería un error considerarlo un homenaje. No grita frente a una cámara de televisión, sino a la cara de Ernesto, que se mantiene tieso en su silla, impertérrito, pese a las gotas de saliva que se pegan en su cara.

En la radio, el Bebe Sanzo anuncia un tema de El Mató a un Policía Motorizado. “Todos se escondieron ya, bajo la noche eterna, sé que el cosmos cuida, a todos por igual”, se escucha con mucha interferencia. Desde la barra, el Gallego trapea el mostrador y se escupe las manos. Un joven pasa en bici por la vereda y grita con tono de niño: “¡Viva Pichetto!”. Lleva una mochila térmica de color naranja en la espalda y un disfraz de Cristiano Rattazzi.

–Pendejo burócrata –comenta el Gallego, entre dientes, al  tiempo que atrapa un cascarudo con un rápido movimiento de la sanguchera de vidrio.

Atilio se rasca fuerte la oreja, saca cera y la dispara con los dedos al aire. Gira el cuello para un lado y para el otro, con fuertes crujidos cervicales. Se refriega los ojos y hace sonar todos y cada uno de los dedos de sus manos. “Hasta Ronaldinho está con Bolsonaro”, dice.

Ernesto saca del bolsillo de la camisa una especie de tuca de cigarrillo de tabaco armado con papel con la cara de Bob Marley y lo prende con un encendedor de la campaña de Ruckauf Gobernador 1999, pero no funciona. En otro bolsillo, el del pantalón, busca una cajita de fósforos con el dibujo de una tonina aplaudidora con una inscripción de colores ya apagados. Recuerdo de San Clemente.

Atilio señala el televisor: “Mirá  lo que están diciendo, groso a nivel mal, impresionante”. La tele dispara un videograph: “URGENTE, YA, PRESTA ATENCION”. Desde la Casa Rosada, un jefe de gabinete, vestido de Marcelo Tinelli, anuncia la visita del holograma de Jair Messias Bolsonaro a la Argentina. Ante la pregunta de un periodista vestido con campera amarilla de diputado salteño, contesta que el holograma se presentará el próximo miércoles con un discurso público virtual, obviamente, en el Luna Park. Dos funciones: a las 18.00 y a las 18.07. Y el domingo siguiente en el Estadio Único de La Plata.

La flamante brigada bolsonarista argentina anuncia que hará una caravana de rodillas desde la Catedral de Buenos Aires hasta la Plata pidiendo la reforma de la Constitución para poder incluir la figura del holograma como presidente.

–Ahora sí, Gallego, repartí los maníes que tenés en los bolsillos. ¡Por fin viene! ¡Cuánto tiempo esperando! El coso este sí que la tiene clara –se excita Atilio. 

El Gallego sigue en su lucha dispar contra el cascarudo. No entiende cómo se le escapó de la sanguchera. Mira su mano y repite el gesto de captura al grito de “buena suerte y más que suerte, sin alarmas”.

El Bebe Sanzo cambia la música y pega un giro radial. Ahora suenan Alejandro Lerner y Sandra Mihanovich. “Amarte así. Es vivir un sueño eterno junto a ti. Es confiarle al universo. Este milagro de sentir”, cantan.

Ernesto mueve la cabeza de un lado hacia otro. Pita el cigarrillo y mirando hacia el piso dice, con voz de Ulises Dumont en una película argentina de los ochenta: “¿En qué mierda nos estamos convirtiendo?”. 

Atilio se saca el buzo, se arrodilla en el medio del bar y se besa una remera del Palmeiras autografiada por el futbolista bolsonarista Felipe Melo, que suena como posible nuevo ministro de Deportes y Portación de Armas Blancas en el gabinete de Jair.

Desde la tele, comentan que las principales figuras del gobierno y la farándula argentina ya agotaron las primeras filas del Luna Park para presenciar el relato del holograma del “Messias” nacido en Campiñas, estado de San Pablo, el 21 de marzo de 1955. Dicen que para el cierre en La Plata prometen un show de gases lacrimógenos importados, balas rasantes y trazadoras;  y una canción dedicada a Patricia Bullrich o a Alfredo Olmedo o a Alfredo Coto.

–Jajajajaja, qué geniales son estos tipos. Les salen todas. Lo único que les falta es que llueva litio –masculla Ernesto y clava la mirada en el techo. Cree, o quiere, ver el rostro de Camilo Cienfuegos en una mancha que combina humedad, grasa, telarañas y pintura descascarada.

La transmisión se interrumpe. Un nuevo videograph en la TV: “MINUTO”. La pareja de conductores anuncia que el gobierno de Mauricio Macri pide minuto. Como en el básquetbol. A partir de ese momento todos los habitantes del territorio argentino deben quedarse quietos en el lugar sin respirar para que los parques eólicos puedan funcionar a todo vapor y así poder recolectar más aire en pos de generar más energías renovables.

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