La verdad reclamada
Imagen: Andres Macera

Alberto Perassi tiene 70 años y un sexto grado de escuela. "No tenían derecho a desaparecer a Paula por más que pensaran que ella era cualquier cosa. Estamos en democracia", dijo en su declaración, con la contundencia que tiene la simpleza. Strumia, el principal acusado de desaparecer a su hija, lo miraba con una imperturbable cara de póker.

Desde hace semanas en Rosario transcurre uno de los juicios más buscados, un juicio que no fue esperado. Por el contrario, fue exigido hasta el cansancio. Si hay una causa que nos ha movilizado a muchxs en la región desde hace años, es la de la desaparición y femicidio de Paula. Porque desde el comienzo, hubo que combatir el estigma y el machismo que se carga contra las mujeres en ciudades como las de San Lorenzo, donde operaron todos los dispositivos para señalar a "la mala víctima", que no cumple con el guión estipulado por la sociedad para recibir justicia. Porque si a veces la única forma de que nos crean es con nuestro cuerpo destrozado, cuando nuestro cuerpo no aparece, parece que fuera insuficiente para defendernos.

Pero acá estamos, terminando las jornadas de declaraciones de testigos en el Centro de Justicia Penal, con una vigilia feminista autorganizada y permanente que acompaña a la familia de la joven desaparecida desde 2011. Al comienzo de esta semana se dará inicio a los alegatos de cierre previos a la sentencia.

Apenas 34 años tenía Paula y se calcula que transitaba un embarazo de 6 semanas cuando desapareció. Pasaron 7 años y medio de idas y vueltas donde primaron, por parte de quienes deberían responsabilizarse por su aparición, la subestimación primero y la impunidad forjada con un pacto de silencio después. Entre los y las nueve señalados, hay cuatro civiles y cinco policías. La fiscalía y la querella sostienen la misma hipótesis: Gabriel Strumia, el empresario de la zona con el que Paula sostenía una relación a escondidas, la sacó engañada de su casa el 18 de septiembre de 2011. Su macabro plan era trasladarla hasta la localidad de Timbúes para interrumpir el embarazo. Por eso, la causa judicial está caratulada como privación ilegítima de la libertad agravada y aborto sin consentimiento seguido de muerte.

Alberto y Alicia, padre y madre de Paula, quedaron desde ese momento a cargo de sus dos nietos y con un compromiso de futuro: recuperar al menos sus huesos. Porque una desaparecida en democracia nos deja al desamparo como sociedad y nos enfrenta con la vulnerabilidad del patriarcado.  "Estamos hablando de la desaparición como uno de los hechos más trágicos que puede sucederle a una familia. Impide saber la verdad y la posibilidad de elaborar un duelo", dijo en su declaración Juan Nóbile, del Equipo Argentino de Antropología Forense.

A las pocas semanas de la desaparición de Paula, su papá pidió un equipo de sonido para salir por las calles de San Lorenzo preguntando a viva voz si alguien sabía algo de su hija. Lo empezaron a tratar de viejo loco y a ella, de prostituta. Tiempo después le robaron el equipo de sonido. También sufrió amenazas de muerte, presiones de todo tipo. Pero nunca lo amedrentaron.

Que no nos confundan. Es lo que vienen expresando desde Articulación Feminista y la Multisectorial por Justicia por Paula Perassi. Detrás de la desaparición y femicidio de Paula Perassi hay desde una interrupción de un embarazo, que no fue decidido por parte de la mujer gestante, hasta la desaparición forzada de una persona con complicidad policial. Se plantaron pruebas falsas. Todo sobre un mismo cuerpo, el de Paula. Las violencias que se cometieron fueron por su condición de mujer. Y ni siquiera tenemos ese cuerpo para poder despedirla como lo merecemos.

Frente a tanta muerte y cobardía cómplice, las feministas de la región hacen lo que mejor les sale: organizarse para acompañar, poner el cuerpo, esta vez, colectivo. Ollas populares, músicas rosarinas, un gacebo, agite, talleres y decenas de banderas de organizaciones sostienen desde hace un mes la vigilia frente al edificio de Sarmiento al 2800. Salen con novedades para la familia y vuelven a entrar los abogados querellantes en cada jornada. Ellos sostienen la misma acusación que la Fiscalía, excepto en la responsabilidad de Puyol, el ex jefe policial amigo de Strumia. Durante las semanas que duraron las declaraciones, el pacto de silencio se sostuvo, no dieron ni un indicio de donde está el cuerpo de Paula. Sin embargo, las responsabilidades se delatan en cada gris del relato, en cada declaración que hace agua. Son responsables del femicidios de Paula, la sociedad lo sabe. Esperamos que tanto tiempo luchando nos dé la razón y que en un otoño de encuentro, acompañamiento y esperanza, al fin haya un poco de justicia.

*Carlos del Frade es diputado provincial por el Frente Social y Popular. Majo Gerez es referente de Mala Junta y Ni Una Menos.

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