Servicio Cívico: una propuesta electoralista a contramano de la historia


Una de las deudas que tiene todo régimen democrático post transición dictadura es reformular o reconfigurar las fuerzas armadas y el monopolio del ejercicio de la fuerza represiva. En Latinoamérica algunos casos han sido paradigmáticos de una transición medianamente ordenada y en otros casos un laissez-faire según se desarrollen los hechos. La transición ordenada es Argentina y fue Brasil. La transición que no fue: Chile, Guatemala y El Salvador.

En esos escenarios la sociedad civil tuvo y sigue teniendo su peso a la hora de gravitar en las acuerdos de esa transición democrática. En el caso argentino, hubo organismos de derechos humanos que pulsaron hacia los juicios por crímenes lesa humanidad. En el caso chileno, no los hubo y tampoco pinta que los habrá.

En Argentina parecía que el nivel de conquistas alcanzadas por los organismos de derechos humanos habían llegado a un punto en el cual no se retrocedería. Sin embargo, el macrismo mostró que si se podía y el campo de disputa sigue siendo la sociedad heterogénea que se balancea en el péndulo entre el orden conservador-liberal y el orden popular-reformista.

En la fase macrista de la historia argentina, la política indígena tiene su pluma en el escritorio del Ministerio de Seguridad, al mando de una señora de apellido de alta alcurnia. Bullrich, tanto uno como el otro, viene de una descendencia de genocidas, apropiadores de tierras, cortadores de cabellera, mutiladores de orejas y senos de mujeres mapuche y apropiadores de niñxs mapuche.

Los beneficiarios del genocidio mapuche perpetrado por Roca son hoy gobierno. Roca no fue solamente el perpetrador del saqueo de tierras a la nación mapuche, fue el perpetrador también del saqueo económico a la argentinidad naciente. El Pacto Roca –Runciman es el hecho político e histórico que muestra que un genocida no se sacia fácilmente. Quiere como tesoro de su victoria, además la dependencia. ¿Cuál? La dependencia económica, la más importante.

Esta mañana de gran helada en el área rural de Los Toldos, leímos en el boletin oficial - nos gusta matear y churrasquear mientras leemos las noticias nacionales - que el macrismo ofrece para la juventud hambreada de los barrios populares de la Argentina un servicio civil. Eufemisticamente lo ha llamado Servicio Cívico Voluntario en Valores bajo la RESOL-2019-598-APN-MSG. Tuve la sensación de que la helada de esta mañana no fue nada. Un gélido frío subió por mi columna. El cuerpo ancestral de las mujeres mapuche tiene señales sensoriales certeras.

Nombro el clima en mi territorio: Epu Lafken (dos ojos de agua) porque a la Ministra de (in) Seguridad le gusta venir por las plantaciones sojeras a pasear por Los Toldos y debe saber de las heladas a las que me refiero. Dicen, que suele pasearse cual señora de las pampas luciendo cinturones con ngniñim (simbolos en tejido mapuche) en su escueta cintura. Luce en su vestir, un trofeo de su batalla ganada: un cinto con guardas pampas. Esa, es parte de su conquista: cambiar el nombre a las cosas. En castellano: guardas pampas. En mapuzungun: ngnimiñ: cifrado mapuche que expresa un símbolo, un valor, un mensaje, un linaje, una pertenencia, un territorio.

La tarea de reclutamiento de esa juventud golpeada por el hambre y el frio, pero más golpeada por la incertidumbre de lo que viene y la desesperanza de su presente, se la dan a Gendarmería en ese decreto. Debe haber dentro de Gendarmería gente que quiere trabajar bien y debe ser honrada seguramente. Pero sabe, que hay un marca y una mancha que está presente y muy viva. No se fue. Es verdad, no tiraron a nadie por la ventana. Pero todos sabemos sin decirlo y sin nombrarlo, que lo tiraron en el río en un territorio mapuche.

Y la otra verdad, ratificada en una sentencia judicial muy reciente es el juicio por Rincón Bomba, de la Federación de Comunidades del Pueblo Pilagá contra el Poder Ejecutivo Nacional (Nro 21000173/2006) la cual tiene que como brazo ejecutor a la Gendarmeria del genocidio pilagá. Quiere decir que la reconfiguración de las fuerzas represivas durante los gobiernos democráticos no han tenido mucho éxito, o quiere decir que el orden conservador en Argentina elige a los pueblos originarios como objetivo de su práctica y aggiornado a hoy, elige a lxs jovenes.

Los valores que el orden conservador quisiera reproducir, no son valores que la juventud de la barriada intuye. Puede ser que el equipo de campaña macrista haya podido segmentar bien el electorado indeciso para hacer el anuncio del Ministerio de Seguridad. Pero lo que no sabe ese equipo, es que a esa barriada le sigue latiendo el corazón con el canto mapuche.

El fuego de la hermandad de los Inty Raymi, la murga indisciplinada en cada plaza, los locros de los quechuas y aymaras en cada fiesta patria, las lanzas de los qom y mocoy para pescar son prácticas y juegos de niños y jóvenes que no se borran ni se borrarán con un fetiche de campaña. La danza afro y las sayas nos recuerdan que las cadenas aún están ahí. Para romperlas. Esa no es tarea solamente de los nadie. Cuando digo los nadies, somos nosotros: pueblos originarios y afro. Esa es una tarea compartida por quienes también fueron excluídos de la mesa siendo argentinxs.


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