calentamiento global
La vida y el territorio
Fueron las mujeres indígenas que marcharon sobre Brasilia el 19 de agosto las primeras en alertar sobre los incendios en la amazonia y la agresión permanente de los agronegocios sobre sus formas de vida. Los vínculos entre las luchas ambientalistas y antipatriarcales.
Marcha de Mujeres Indígenas en BrasilMarcha de Mujeres Indígenas en BrasilMarcha de Mujeres Indígenas en BrasilMarcha de Mujeres Indígenas en BrasilMarcha de Mujeres Indígenas en Brasil
Marcha de Mujeres Indígenas en Brasil 
Imagen: EFE

La imagen recorrió el mundo: son las mujeres indígenas que avanzan por las calles de Brasilia, en férrea defensa de sus tierras, del derecho a sobrevivir. Marcharon el 19 de agosto más de 130 comunidades en contra de la masacre ambiental que está sucediendo hace más de 16 días en el Amazonas, donde la deforestación producida por los productores ganaderos apoyados por Jair Bolsonaro está quemando el 20% del oxígeno del planeta y donde hay más de 82.285 focos de incendio según el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) con una extensión que abarca no sólo a territorios brasileños sino también bolivianos. 

“Estamos reivindicando el derecho a la vida, y este derecho se traduce en defender nuestro territorio. El territorio para los pueblos indígenas es muy importante, es donde nosotros damos continuidad y seguimiento al derecho de vivir. Nosotros nos alimentamos de la tierra, de la caza, de los peces. En cuanto nosotras defendemos el territorio, defendemos también nuestros cuerpos”, dijo Puyr, del pueblo Tembé, provenientes del Alto Río Guamá, norte de Amazonas.

“El número de incendios en Brasil es el más alto de los últimos 7 años. La causa es netamente humana. Bajo el nuevo gobierno de Bolsonaro hay más medidas tendientes a favorecer a la explotación de Amazonia que a preservarla. Por eso organizaciones ambientalistas hablan de una combinación de factores que tienen que ver con intereses de agricultores y productores de usar esas tierras para cría de ganado” explica Tais Gadea Lara, periodista del medio Redacción, especializada en sustentabilidad.

“Todo lo que está quemándose ya está perdido. Mandan aviones hidrantes y el agua antes de llegar al piso se evapora y es muy difícil apagar el fuego. Estamos condenades a las políticas de países que responden al capitalismo y tienen negociados con la industria ganadera. Esto no pasa sólo en Brasil. En Argentina el 80% de la soja que se cosecha está destinada a alimentar el ganado, y también se queman tierras. Tiene una directa relación la industria ganadera con lo que está pasando y es importante entender eso”, denuncia Malena Blanco, referente de la ONG Voicot.

“Hay, por un lado, una dimensión que tiene que ver con la ausencia de control de los incendios vinculados al desmonte, que está ligado a todo el sistema de producción de carne para el consumo humano. En este sistema de producción está involucrada la plantación a gran escala de soja, destinada mayormente al consumo de ganado. Se trata del circuito de la agroganadería, donde la monoproducción vegetal y animal tienen por objetivo principal garantizar la elaboración de carne para el consumo humano en el contexto de una commoditización de los alimentos” explica la Colectiva Materia, constituida por investigadoras del Conicet que se dedican al pensamiento materialista posthumano.

La Colectiva aclara que hacer un reduccionismo de la problemática al mero consumo de la carne, es despolitizar el problema: “Necesitamos pensar globalmente, donde el veganismo es un aspecto entre otros que deben considerarse, pero no ya en términos morales sino políticos, en el sentido de una modificación radical de los modos de consumo y producción. Si una dice “hay que dejar de comer carne para que no se queme el Amazonas” como mínimo está operando una reducción tranquilizadora respecto de un problema que abarca no sólo la cuestión de la carne sino los modelos extractivos en general. Creemos que se trata de pensar conjuntamente la serie de prácticas y de modelos de producción que han llevado a la situación actual y de la cual no todos los agentes humanos son igualmente responsables”.

Joenia Wapichana es la primera diputada indígena de Brasil. Comenzó su mandato en 2018 y desde ese entonces y mucho antes denuncia continuamente los discursos racistas y misóginos del presidente. También lo hace Alessandra Korap, líder de la comunidad Munduruku. “Ese hombre no representa nada para nosotros. Todo lo que dice es destrucción. El habla de odio. Siempre habla de acabar con nosotros.”, dice. Edilena Krikati, mujer indígena que vive en el Amazonas, denuncia también otra consecuencia: “Los no indígenas que habían salido de nuestras tierras empezaron a regresar ahora con Bolsonaro. Tenemos muchos conflictos, muchos problemas con eso, porque en un lugar que usábamos para cazar y pescar ya no podemos entrar”.

La organización de mujeres que marchó en Brasilia tuvo correlación con las movilizaciones que convocó el colectivo Ni Una Menos y cómo se manifestó el movimiento de mujeres, lesbianas, trans y travestis en contra de la deforestación y del gobierno de Jair Bolsonaro el viernes en la embajada de Brasil. Si el feminismo, como corriente de acción y pensamiento, es antisistema, antipatriarcal y lucha por la igualdad, las reivindicaciones por la biodiversidad no podían quedar afuera. Para Malena Blanco, el feminismo tiene que adoptar de forma urgente la lucha por la ecología y la preservación de la tierra:

"Es urgente que todos los movimientos adoptemos los demás movimientos, el objetivo para todos es lo mismo: estamos en contra de la opresión a los más débiles, el sexismo es discriminación por sexo, el racismo es discriminación por raza y el especismo es discriminación por especie. Los tres nadan por el mismo mar de violencia y opresión. El enemigo para todos es el mismo y deberíamos estar en contra de la opresión y de la violencia. La acción de cada uno es fundamental y deberíamos tener una postura activa frente a esta gran masacre."

También para la Colectiva Materia es importante tejer redes de alianzas y contención entre los feminismos:

"Dado que el feminismo tiene en algunas de sus corrientes una relación explícita con ciertos ambientalismos, también deberíamos preguntarnos desde qué lógicas pensamos esa relación, qué tipo de alianzas se pueden tejer. Los feminismos pueden tener en común con los distintos modos de defensa de la diversidad de las existencias el hecho de que en un caso y en otro nos encontramos ante cuerpos que el sistema de producción patriarcal pone a disposición como recurso. Esto parecen saberlo muy bien las que fueron parte de la Primera Marcha de Mujeres Indígenas en Brasil: que el capitalismo extractivista es igualmente responsable de la violencia machista, racista, especista y biocentrista. Porque se trata de un mismo tipo de violencia que transforma en materia inerte y saqueable cuerpos y territorios por igual".

Si el feminismo toma las reivindicaciones por el cuidado de la Madre Tierra y la biodiversidad, son lxs jóvenes quienes están a la vanguardia de la lucha. Jóvenes que se interesan por la política, el feminismo y el medioambiente decidieron poner freno a los discursos políticos agotados cuyas consecuencias las pagarán ellxs en el futuro. Las movilizaciones que se vienen dando en el mundo llamadas Viernes para el Futuro (Fridays for Future) comenzaron así, gestadas por una adolescente llamada Greta Thunberg.

Juzgada por su edad, Thunberg tiene muy en claro su objetivo. Habló en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2018 donde denunció la falta de acción e los gobiernos: “Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos. Hasta que no comiencen a centrarse en lo que debe hacerse en lugar de lo que es políticamente posible, no habrá esperanza. No podemos resolver una crisis sin tratarla como una crisis”, sentenció.

El pasado 15 de marzo la marcha por el Cambio Climático convocó a más de 1,5 millones de jóvenes alrededor del mundo. La acción de Greta coincide con otrxs jóvenes que van al frente, como Karan Jerath, quien patentó un invento que ofrece una solución para limpiar derrames de petróleo en los océanos y Brian Bosire, keniata, quien a la edad de 19 años creó su proyecto HydroIQ que se basa en analizar los suelos y buscar alternativas para terminar con la deforestación y la contaminación del agua.

En las marchas enfrente al Congreso son ellxs, lxs adolescents que van con pancartas para alertar sobre un problema mundial que aún mantiene a todxs inactivos. Esa misma juventud que se puso el pañuelo verde como bandera y pelea por la Educación Sexual Integral también enlaza con naturalidad lxs feminismos y acciones ambientales. “Son políticas sus formas de vincularse en el plano amoroso, su conducta sexual, su manera de respetar la diversidad, su forma de cuidar al planeta, la manera en que se comportan con sus amigos o sus familias, la manera en que actúan en el trabajo” así los define la encuesta que la consultora Ipsos realizó entre jóvenes de 16 y 24 años, para lxs jóvenes argentinxs es tres veces más importante que cualquier otro segmento etario que el próximo gobierno se ocupe del medio ambiente y de soluciones contra el cambio climático.

“Siempre hablo con gente que tenemos que hacer mucho para continuar esta lucha. Nuestra lucha es muy grande y tenemos que continuar por nuestros parientes, por otros seres y personas, ser más y decir: “vamos a caminar juntos, porque nos fortalece la unión de todos”, dice Alessandra Kopap, con la mirada en alto.

Alessandra y Greta Thunberg participarán en las dos grandes marchas mundiales contra el cambio climático organizadas para los próximos 20 y 27 de septiembre. Greta también acudirá a la Asamblea de Acción Climática de la ONU en Nueva York.

Así, la lucha de las mujeres indígenas de Brasil es la lucha de todxs no solamente por un mundo sustentable, sino por un mundo donde el opresor se amedrente ante la resistencia colectiva. 

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