El film de Ridley Scott que consagró a Russell Crowe

Veinte años de Gladiador, el romano que ganó el Oscar

El guión se reescribía todo el tiempo, el protagonista sufrió varias lesiones y uno de los actores principales murió en una juerga alcohólica. Pero el film de Scott ganó cinco premios de la Academia y terminó convertido en un clásico moderno.
Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados.Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados.Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados.Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados.Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados.
Joaquin "Cómodo" Phoenix y Russell "Máximo" Crowe, dos enemigos jurados. 

Los tigres amenazaron soltarse. Uno de los actores principales murió antes de terminar la filmación, tras un maratón alcohólico en un pub de Malta. El guión fue un work in progress permanente, con un escritor en un trailer sacando nuevas páginas todos los días. El protagonista soportó múltiples lesiones producidas en las escenas de lucha, sacándose tendones de lugar y fracturándose huesos. Gladiador, la película estrenada por Ridley Scott el 12 de mayo de 2000, celebra su vigésimo aniversario con la gloria de haber ganado cinco Oscars y ser hoy considerada un clásico de la era moderna. Fue rodeada de circunstancias que solo podían verse como un caos extremo. A pesar de ello, basta hablar con cualquiera de los involucrados para descubrir que todos sabían que estaban haciendo algo especial.

El director se había visto atraído por el proyecto luego de que los productores Walter Parkes y Doug Wick le mostraran una copia de Pollice Verso, una pintura realizada en 1872 por Jean-Léon Gérôme. Allí se ve a un gladiador parado con el pie en el cuello de un oponente conquistado, mirando hacia una multitud sedienta de sangre mientras espera la señal imperial del pulgar arriba o abajo. Scott, un apasionado director responsable de películas como Alien y Blade Runner, quedó instantáneamente enganchado. “La imagen me hablaba de un imperio romano en toda su gloria y maldad”, comentó el realizador en el libro Gladiator: Making of an Epic, lanzado al mismo tiempo que la película. “Lo que amo hacer –además de conseguir buenos guiones y hacer películas-, donde disfruto más, creo, es en el acto de crear mundos”.

Crowe ganó un Oscar por su beligerante performance. Desde entonces, la influencia de Gladiador se ha seguido manifestando. Su mezcla de “brutalidad, escala y panorama” fue una influencia abiertamente confesada por David Benioff y DB Weiss a la hora de hacer la adaptación televisiva de Game of Thrones. La película también significó un rescate de la reputación del género de “espadas y sandalias” que, desde los días de gloria de Ben Hur y Espartaco, se había evaporado. Gladiador tenía un aire wagneriano, acentuado por la melancólica banda de sonido de Hans Zimmer y la convicción con la que Crowe lanza líneas como “A mi señal, desencadenen el infierno”, mientras despliega en cámara una furia rabiosa. Esta era una película romana que no coqueteaba con lo kitsch.

La ambición inmersiva de Scott coincidió con lo que podía encontrarse en las presentaciones más extravagantes de Cecil B. de Mille. Los que llegaban al set se maravillaban de los extremos a los que el director y sus colaboradores habían llegado para recrear el imperio romano en 180 d. C. El actor y comediante británico Omid Djalili recuerda llegar al set en Marruecos por primera vez y quedar asombrado por lo que vio. Su principal escena tenía lugar en el medio de un mercado en la provincia romana de Zucchabar. Había extras por todos lados. Había bullicio y conmoción en cada rincón del set. “Estaba atestado. Había gente, había humo. Luego de la primera toma, Ridley Scott dijo que hiciéramos un tiempo muerto, que necesitaba un perro o un enano”, dice Djalili. Ambos fueron provistos de inmediato, simplemente para agregar atmósfera al fondo. “Eso es lo que pedía Scott. Creo que tiene que ver con su experiencia en la publicidad. Cada toma tenía que ser oro”. El comediante preguntó por qué necesitaban toda esa gente dando vueltas, y las tabernas y puestos de mercado con cientos de pomelos y naranjas, dado que la escena estaba filmada mayoritariamente en primeros planos. “La cámara nunca miente”, contestó Scott. “Tenés que ofrecer todo el paquete completo, en todo detalle”.

Crowe y Ridley Scott en el set de Gladiador.

“Uno quedaba impresionado por el tamaño de las cosas, la calidad épica que tenía todo”, coincide Derek Jacobi, quien interpretó el personaje clave del senador romano Graco. “No podías caminar en el set del Foro o el Coliseo sin soltar frases de admiración”. Jacobi y los otros actores seleccionados para encarnar a los otros senadores pasaron muchos días como espectadores en el Coliseo, “reaccionando a tigres que eran asesinados y toda esa clase de cosas”. Los tigres estaban dopados. “No estaban a su completa capacidad”, recuerda Jacobi. Aun así, hubo algún momento de pelos erizados cuando los animales se liberaron de sus grilletes y, según detalla Djalili, “todos corrieron por sus vidas”.

Según recuerda Jacobi, los actores que interpretaban a los gladiadores eran “grandes compañeros. Quiero decir, tenían los brazos del tamaño de una pierna. Eran enormes, construidos como una puta casa de ladrillos. Y le ponían empeño. Uno veía día a día cómo peleaban a muerte. Era excitante”. En medio de todo ese caos estaba Crowe. Aun hoy, el australiano tiene cicatrices de los combates, y tuvo una fractura en la cadera y una rotura de un hueso del pie, a medida que enfrentaba contendientes y peleaba con tigres. Scott le dijo recientemente al periódico Variety que Crowe casi fue herido por uno de los tigres. “Tenías dos tipos con una cadena fijada a una argolla del piso para controlarlos. Russell dijo ‘OK, libérenlos’ y cuando se lanzaron y él rodó a un lado estuvo muy, muy cerca”, recordó el director.

Gladiador tuvo tres guionistas diferentes, que más tarde compartirían una nominación al Oscar. David Franzoni trajo la idea y escribió varios borradores. Entonces, John Logan (quien recientemente trabajó para los films de James Bond Skyfall y Spectre, y junto a Martin Scorsese en El Aviador y Hugo) escribió algunos borradores más. Estos fueron los suficientemente satisfactorios para que los productores empezaran a gastar dinero en los sets. A Ridley Scott se le ofreció un acuerdo “pay or play” por el cual cobraría se hiciera la película o no. Los actores también fueron contratados.

En ese entonces Crowe no era una gran estrella. Había recibido una nominación al Oscar por interpretar al barrigón topo de la industria tabacalera en El Informante (1999), y era muy admirado por sus performances en su film australiano Romper Stomper (1992) y como el duro policía que aparecía junto a Kim Basinger en Los Angeles al desnudo. Podría haber sido un riesgo como Máximo pero, tal como explicaron los productores, tenía “la intensidad, la gravedad y la fuerza” necesarias para el rol.

Pero el australiano no era alguien fácil para trabajar. En una lectura del elenco realizada cuatro semanas antes de la fecha fijada para empezar a filmar, Crowe dejó claro que no estaba satisfecho con el guión. El escritor inglés William Nicholson, que había estado trabajando junto al productor Doug Wick en otro proyecto, fue llamado para que echara un vistazo. Hizo algunas sugerencias sobre posibles mejoras y fue contratado de inmediato. “Fui incorporado como algo así como un ‘reescritor de producción’, un rol bastante raro”, dice Nicholson. “No es algo que usualmente haga, pero Doug me caía bien y estaba en un serio problema. En mi arrogancia o confianza, pensé que sabía cómo arreglar el guión”.

Nicholson esperaba hacer el trabajo rápidamente y sin crédito. “Solo estaba ayudando y divirtiéndome un poco. Leí el guión y pude ver claramente que el problema era que tenías un protagonista que era un asesino furioso lanzado a la venganza. No podías tener empatía con él, no te podía gustar”. Así buscó maneras de reforzar el "enganche emocional” con Máximo. “Por qué no mostramos desde el comienzo que este tipo, lejos de ser el soldado supremo, una máquina de luchar, es un agricultor. Un tipo que por sobre todas las cosas ama su hogar, su granja, su mujer, su hijo. Eso es lo que él quiere, no ser un general ganador de batallas. Lo que sucede es que es muy bueno en eso. No es que quiere ser un gladiador”. Nicholson construyó ese deseo del personaje por acceder a la otra vida, por reunirse con su amada esposa y su hijo. Le dio a la película un alma más allá del derramamiento de sangre y la violencia.

El guionista estuvo en el set durante la producción en Malta y Marruecos, trabajando furiosamente en un trailer, sacando escenas. “Durante toda la producción estuve reescribiendo a medida que filmaban”, dice. “Estaba ahí con una laptop, escribiendo y escribiendo escenas. Podía repasarlas con Ridley en el almuerzo y después, a la tarde, podíamos recibir una llamada de la gente de Los Angeles. Estábamos volando en nuestros pantalones todo el tiempo. El departamento de Diseño podía venir y decirme ‘¿Qué pasa con la escena en la casa de baños?’ y yo decía ‘Pero si no hay una escena en una casa de baños…’”.

Gladiador evolucionó a medida que se hacía. Cuando los realizadores se dieron cuenta de que Joaquin Phoenix estaba dando una performance extraordinaria como el siempre retorcido Cómodo, ajustaron el guión para que tuviera más presencia. Más tarde Phoenix comparó a su personaje con “un pibe problemático… vulnerable y triste en un momento, y al siguiente embarcado en un berrinche”.

Oliver Reed: ángel y demonio.

Uno de los grandes problemas llegó con la muerte de Oliver Reed, entonces de 61 años, antes de que terminara la filmación. Reed era Próximo, el entrenador de gladiadores que tomaba a Máximo. Todos conocían las historias sobre él, un notorio desencadenador de infiernos que resultaba angelical cuando estaba sobrio pero se convertía en un demonio al emborracharse. Sus colaboradores, de todos modos, dan testimonio de lo bien que se portó en el set. Les caía bien a todos… a todos, menos a Crowe.

El clima amistoso se frizaba toda vez que Reed estaba en presencia de Crowe. “Me dijo algo así como que no se llevaba bien con él”, recuerda Djalili. “Le pregunté por qué, y me dijo que le recordaba demasiado bien a él mismo cuando era más joven. ‘Es como yo, un bebedor, un salvaje que no se banca ninguna mierda. No puedo estar cerca de esa gente, ¿vos sí?’. Siempre mostraba buen humor sobre el asunto, pero sé que una vez que terminaban una escena no se hablaban. Si había tres sillas, yo me sentaba cerca de Reed y Russell Crowe se sentaba bien lejos”. Reed y Crowe podían tener un intenso disgusto mutuo, pero sus escenas juntos son intensas y conmovedoras. Ambos son excepcionales. El Próximo de Reed es duro y calculador pero siempre puede sentirse una subyacente decencia. Crowe es implacable pero con cierto fatalismo, un aire introspectivo que lo hace más que un simple asesino.

Djalili interpreta a un tratante de esclavos al que Próximo estruja las pelotas luego de comprarle “unas jirafas mariconas”. Antes de conocerlo le tenía terror a Reed, y el equipo le jugó una broma: persuadieron a Reed de agarrar a Djalili de los genitales en vez de pegarle en la cara, como señalaba el guión. “Yo estaba muy intimidado. Creo que quisieron hacerme sentir parte del equipo”, recuerda el comediante. “Reed era una de las personas más emocionalmente empáticas con las que haya trabajado. Era muy amado. Cada vez que nos cruzábamos en el set, siempre tenía algo que decirle al equipo. Conocía todos sus nombres. Era extremadamente amable”.

Jacobi, que ya había trabajado antes con Reed, coincide conque el viejo demonio podía ser encantador y muy agraciado. “Era una extraordinaria criatura. Cuando estaba sobrio era el más gentil, suave, amable caballero que podías cruzarte… cuando estaba borracho era una persona completamente diferente. Podía ser peligroso. Recuerdo una vez en Malta que vaciaron el bar porque Ollie estaba allí, en uno de sus raptos de mal humor ebrio; solo nos dejaron pasar a mí y a John Shrapnel, porque éramos suficientemente amigos como para calmarlo”.

El fin de semana que murió, Reed había estado de juerga. La historia es que fue abordado por unos marineros en The Pub, un bar en Valletta. Había ido por un simple trago y terminó hablando con los marineros en una prolongada competencia de bebida: terminó con un ataque cardíaco. “En la mañana del domingo cayó muerto en el piso del pub. Probablemente se tomó un par de pintas y dijo ‘no me siento bien’, se dejó caer al piso y murió inmediatamente”, comentó Scott.

Para entonces, Nicholson se había ido a casa. “Apenas había aterrizado cuando sonó el teléfono y me dijeron ‘murió Oliver Reed, volvé’”. Todavía no habían filmado la escena final de Reed, un momento de redención en el que él debía bajar a la arena tras la muerte de Crowe, plantar una espada de madera en la arena y decir ‘al fin libre’, o unas palabras similares. Nicholson volvió a Malta. El guión fue nuevamente ajustado con Juba (Djimon Hounsou), el compañero gladiador de Máximo, yendo al Coliseo al final del film. Nicholson escribió un nuevo final para Reed que fue realizado con tomas descartadas, un doble de cuerpo y CGI.

Con sus 12 nominaciones al Oscar y cinco estatuillas ganadas - incluyendo la de Mejor Película-, el film resultante fue todo un triunfo, tal como todos parecían saber que iba a ser. En el mundo recaudó más de 460 millones de dólares. Extrañamente, algunos periodistas la criticaron. The New York Times se quejó del estilo “lustroso e inhumano”, mientras que Roger Ebert, abordándola desde otro ángulo, la llamó “barrosa, confusa e indistinta”. De todos modos, la mayoría de las reseñas fue elogiosa, y la reputación de la película creció a través de los años.

Gladiador muestra a un Ridley Scott a toda marcha. El director inglés presionó a sus colaboradores, desde los guionistas a los técnicos y estrellas, para que trabajaran al pico de sus habilidades. No puede sino maravillar su virtuoso manejo de las grandes escenas de acción. La batalla de apertura está intrincadamente filmada y editada y es tan visceral y violenta como películas contemporáneas de guerra como Apocalypse Now o Pelotón. Al mismo tiempo que llenaba la pantalla de sangre y estruendo, Scott le dio a sus actores la oportunidad de brillar. Sin miedo a la improvisación, siempre les permitía una toma en la que hicieran lo que quisieran. Confiaba en ellos, dejaba los ensayos reducidos a la mínima expresión y evitaba las largas explicaciones sobre la psicología o la motivación de los personajes. Como explicaría luego, el hecho de haberlos elegido significaba que tenía plena confianza en ellos.

 

“Cuando estuviste en una película como esa, te afecta”, dice Djalili. “Podés ver los niveles de excelencia que estaban buscando afanosamente. Cada departamento de esa película peleó por ese nivel de excelencia. Al recordar una filmación tan llena de eventos, Crowe le dijo recientemente a Variety que cada vez que ve a Scott le gusta lanzarle: “Un día de estos deberíamos realmente hacer una película en la que sepamos qué vamos a hacer antes de empezar”. Hoy existe el plan de una secuela, que transcurriría 25 años después de los hechos de Gladiador. No parece una idea muy promisoria. Pero la original tampoco lo parecía, y hay que ver cómo terminó.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

 

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