Macrodevaluaciones, inestabilidad económica, concentración empresaria y crisis sociolaboral

Por qué la economía argentina es bimonetaria

El bimonetarismo emerge en el tiempo como consecuencia de sucesivas macrodevaluaciones provocadas por el poder económico concentrado para lograr utilidades máximas. Hay que tener en cuenta que máximos beneficios implican necesariamente perjuicios sociales: caída del salario, desempleo, mayor pobreza e indigencia, exclusión social.
La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos.La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos.La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos.La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos.La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos.
La macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos. 
Imagen: Lucía Grossman

La existencia del bimonetarismo se explica por la obsesión de los formadores de precios por obtener el máximo beneficio empresarial. El bimonetarismo emerge en el tiempo como consecuencia de sucesivas macrodevaluaciones provocadas por el poder económico concentrado para lograr utilidades máximas. No se trata solo de lograr enormes beneficios, sino el máximo.

Sin límites y obviando el costo, y no es sólo el costo de producción, sino al costo social, ya que máximos beneficios implican necesariamente perjuicios sociales: caída del salario, desempleo, mayor pobreza e indigencia, exclusión social.

Desde la génesis de la economía política, Adam Smith y David Ricardo concluían que salarios y beneficios empresariales, eran inversos. Si bien no visualizaron -en su época- los posteriores avances tecnológicos determinantes de incrementos de productividad, que posibilitaron situaciones de crecimiento -aunque muy dispares- de ambos ingresos. Lo anterior no ocurre -con equidad- salvo con la intervención redistributiva del Estado.

Uno de los mecanismo para reducir salarios y jubilaciones reales que, a su vez, arrastra a la baja beneficios de pymes e ingresos de clase media y, en simultáneo, aumenta beneficios empresariales concentrados al máximo, consisten en macrodevaluar, aumentando el precio de la moneda de reserva y referencia: el dólar.

Devaluación

Existe un tipo de microdevaluación (crawling peg) -controlada por el gobierno-, con el objetivo de neutralizar el atraso cambiario producto de la inflación que limita exportaciones y, a la vez, para evitar especulaciones financieras y traumas sociales.

Lo contrario es otro tipo de devaluación o macrodevaluación, producto de la exigencia que trata de imponer el poder económico concentrado a los gobiernos de turno, para profundizar la “timba” financiera y así maximizar utilidades, sin invertir.

La búsqueda del cumplimiento de este objetivo implica la existencia del bimonetarismo, ya que la devaluación se traslada a precios intencionalmente dolarizados, que se enfrentarán con ingresos que percibe la sociedad, en moneda nacional.

Una excepción sería un gobierno que fije el tipo de cambio por ley y lo atrase hasta la irracionalidad igualándolo al dólar. Es decir, bimonetarismo fijo por ley o lo que es lo mismo, bimonetarismo en equilibrio estable, mientras perdure la vigencia de la ley. Un ejemplo de eso fue la Convertibilidad y sus mentores Cavallo, Menem y De la Rúa, es decir, neoliberalismo con los resultados que se conoce y la mayoría de la sociedad sufrió.

En esa etapa no existió la presión exigente de devaluar ya que salarios y jubilaciones fueron “congeladas” a la baja. Es decir, tipo de cambio atrasado y fijo por ley implicaba dolarización de bienes y servicios “estable” y, a la vez, salarios e ingresos en pesos reales siempre a la baja, ya que se congelaban. Por ello, resultaba redundante devaluar. Se maximizaban beneficios automáticamente para el poder económico, que luego se fugaba financiado con endeudamiento.

El razonamiento más simple explica que toda macrodevaluación significa rebajar en términos de dólares los ingresos que recibe la sociedad, que en su totalidad son en pesos. Además se suma a lo anterior el traslado inmediato a precios, ya que estos últimos dependen de la decisión política del poder económico de no solo imponer los mismos, sino además de referenciarlos -sin importar costo social- en dólares.

Cadena

La secuencia de la cadena de la explotación social conducida por el poder económico concentrado representado por AEA y cuya conducción política la ejercen Héctor Magnetto y Paolo Rocca, consta de los siguientes eslabones:

* Maximizar beneficios ignorando la situación de la sociedad, aún con pandemia.

* Exigir devaluar para reducir salarios y jubilaciones e ingresos medios reales, para así maximizar beneficios empresariales y rentas del capital, derivadas de utilidades.

* Dolarizar la economía imponiendo el precio de bienes y servicios producidos y comercializados referenciados a dólar.

* Esmerilar el sistema monetario soberano del peso, y escalar a un sistema bimonetario dólar-peso, que en simultáneo que fundamenta la dependencia económica a través del endeudamiento externo posibilita alcanzar el máximo beneficio.

Como salarios, beneficios pymes y otros ingresos de clase media son en pesos, la devaluación que se traslada inmediatamente a precios genera sucesivas maximización de beneficios concentrados y cada vez mayor concentración de la riqueza.

A una devaluación le debe seguir otra y así sucesivamente. Además, repetidas devaluaciones implican probabilidades hiperinflacionarias - primero como disciplinamiento y luego como destituyente-, como ocurrió con el gobierno de Raúl Alfonsín.

Corrida

Dentro de este marco político, el poder económico (AEA) presiona al gobierno con corrida financiera sobre el dólar paralelo, intimando devaluar. El ministro Martín Guzman “en una piscina con tiburones” alegaba ante Magnetto y otros que ni el FMI exigía con tanta saña y que no se autoadjudicaran gobernar.

Además, en simultáneo instrumentaba medidas -si bien con efectos transitorios- que lograron desbaratar la intentona, bajando ostensiblemente el mercado ilegal del blue y los mercados legales del CCL y MEP.

Sacachispas va ganando el partido pero cuidado que ganar batallas no es ganar la guerra. Además importa detener la caída de reservas, exigiendo liquidación de divisas y controlando importaciones no esenciales, truchas y/o sobre y sub facturaciones.

Se alega que deberíamos seguir los ejemplos de otros países comparándonos con Brasil, Perú, Chile en relación al dólar y el bimonetarismo y no ser la excepción negativa y de comportamientos inexplicables, generalizados como “culturales”. Sin embargo, gracias a las luchas populares seguimos siendo particulares porque en ninguno de estos países y en otros no existió ni existe el peronismo, que se enfrentó desde el 17 de octubre de 1945 contra el poder económico.

Según John W. Cooke “el peronismo es el hecho maldito del país burgués”. Se le puede agregar oligárquico-financiero. Maldito por su lucha por sostener salarios, ingresos de clase media y la dignidad social y nacional, a pesar del neoliberalismo y sus antecesores, que no vacilaron en bombardear Plaza de Mayo y provocar 30.000 desaparecidos para alcanzar el máximo beneficio generador del bimonetarismo.

* Docente. Contados público. Economista. Integrante del Club Argentino Arturo Jauretche.

[email protected].

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ