Leonardo Mayer está emocionado. Acaba de recibir un reconocimiento de manos de Gabriela Sabatini en la cancha central del Racket Club de Palermo, en el marco de las semifinales del Challenger de Buenos Aires. Acaba de brindar, también, la "última" rueda de prensa, según sus propias palabras. Semanas atrás, el 7 de octubre, decidió colgar la raqueta y, por eso, se dedicó a disfrutar del último sábado soleado de tenis en el que el público le propició el cariño de un estadio lleno.

La gente lo adora porque, aunque su propia esencia lo aleje del mote, es considerado un héroe del deporte nacional por haber integrado aquel cuarteto novelesco en las instancias finales de 2016, con Juan Martín Del Potro, Federico Delbonis y Guido Pella, que tocó el cielo con las manos bajo la conducción del capitán Daniel Orsanic  y que saldó la mayor deuda deportiva de la Argentina.

"La verdad es que me siento un poco más tranquilo, realmente. Ya me costaba mucho la competencia y yo siempre digo que, si no competís bien en este deporte, no podés seguir. La competencia es muy fuerte. De a poco lo pensé, lo trabajé, y cuando ya no podía más me dije: ‘Ya no voy a sufrir más, ya estoy sufriendo y no me merezco sufrir’. Ahí empecé a alejarme del tenis: ya no me entrenaba, me quedaba en mi casa, hasta que un día decidí contar que no iba a jugar más. Siempre dije que me quería ir bien con el tenis porque me dio mucho. No me quería ir mal. Por eso dije basta", confesó Mayer en un diálogo exclusivo con Página/12, en el patio aledaño a la sala de jugadores del Challenger porteño.

El Yaca y la plaqueta que recibió de manos de Gabriela Sabatini. (Alejandro Leiva)

El momento de tomar la decisión llegó después de perder en la primera ronda de la qualy de Wimbledon ante su compatriota Marco Trungelliti. "Me volví y en un momento me planteé jugar el Challenger, porque era acá, pero realmente no tenía la voluntad de entrenarme. No podía jugar sin estar en forma. No lo pensé demasiado. De a poquito uno se da cuenta de que ya no va a jugar más y de que le hace bien el retiro", expresó el correntino.

En 18 años de trayectoria profesional el Yacaré sumó un total de 376 partidos en el nivel ATP (179 triunfos) y ganó dos títulos en Hamburgo 2014 y 2017. El recorrido lo llevó a ubicarse bien alto en junio de 2015, cuando fue el 21° del mundo. La historia, sin embargo, la escriben muy pocos. Y las grandes páginas del tenis argentino giran alrededor de la Copa Davis, cuya conquista lo convirtió en una leyenda deportiva de estas latitudes. La exposición, entonces, fue mayúscula. Nadie te enseña a ganar la Davis.

A mediados de 2019, cuando oscilaba el puesto 70 del mundo, comenzó a sufrir ataques de pánico producto de la presión excesiva que sufren los tenistas en el alto profesionalismo. Los casos de Naomi Osaka y Mardy Fish fueron paradigmáticos en ese sentido. Como a la mayoría que sufre esa situación, a Mayer le costó salir y, por eso, hoy se siente más tranquilo.

"Creo que todos los deportes tienen su presión, en diferentes medidas. Me parece importante que se trabaje mucho más en ese tema. El deporte genera que crezcas muy rápido, cuando alguien de 20 años no puede manejar la carga emocional que se maneja en el tenis. Sos muy joven y no tenés herramientas para manejar eso. Por eso hay muchas complicaciones", analizó, radicado en City Bell y con la cabeza puesta en una familia conformada por su mujer Milagros y sus tres hijos -Valentino, de 4 años, y los mellizos Camilo y Pedro, de nueve meses-.

-¿Vas a seguir vinculado al deporte?

-Ahora voy a empezar a trabajar con el tenis para mostrarles mi experiencia a los jugadores más chicos. Quiero meterme, involucrarme, porque este deporte me apasiona. Es lindo ayudar a los jugadores para que tengan más herramientas para incorporarse al profesionalismo.

-¿Fuiste feliz jugando al tenis?

-Sí, sí. Es como todo, hay momentos malos, pero fui muy feliz. Por eso me retiro como amigo del tenis, bien con el tenis, porque me ayudó y me dio mucho. Me retiro de esta manera y, para mí, es la mejor forma de hacerlo.

-¿Qué es lo que más vas a extrañar?

-Bueno… seguramente el aplauso de la gente y el reconocimiento en cada partido que uno gana. Eso es algo que no se vive en ninguna parte y es lo que más voy a extrañar.


Brasil, la génesis de la proeza

Acaso la estirpe copera de Leonardo Mayer haya surgido en la serie en Tecnópolis ante Brasil, en marzo de 2015, por la primera ronda del Grupo Mundial. La tensión era incontenible. Aquella eliminatoria no sólo marcaba el debut de Orsanic en la silla sino que sellaba el inicio de una nueva forma de conducción en la Asociación Argentina de Tenis, de la mano del director ejecutivo Diego Gutiérrez y del vicepresidente tercero Daniel Fidalgo, y con el regreso de Juan Martín Del Potro como parte del equipo mientras rehabilitaba su muñeca izquierda.

Con la serie 1-2 abajo, y mucho más que un resultado deportivo en juego, el correntino derrotó a Joao Souza por 7-6 (4), 7-6 (5), 5-7, 5-7 y 15-13 en el cuarto punto, en el que se convirtiera en el partido de singles más largo de la historia de la Copa (seis horas y 42 minutos), un suceso que cambiaría las reglas del certamen por equipos: nunca más hubo quinto set largo por la integridad de los jugadores. El lunes Delbonis completó la faena.

"Fue muy lindo mi ciclo en Copa Davis. Fue espectacular. También me trajo un montón de problemas y lesiones por el partido con Souza, que fue interminable. Pero me sentía muy cómodo porque me gustaban la adrenalina, la presión y todo lo que se vivía dos semanas antes. Por eso creo que rendía y podía jugar mejor que en el circuito. Era difícil y yo siempre salía adelante. Me generaba como un compromiso muy grande", destacó.

Mayer dice que se retira amigo del tenis. (Alejandro Leiva)

Glasgow, un enroque para la historia

La campaña de 2015, en la que Argentina llegó a las semifinales, fortaleció las patas deportivas y dirigencial de un proyecto que, al año siguiente, lograría el gran objetivo. Con Mayer como actor protagónico. Clave en Gdansk, en el triunfo ante Polonia, y ausente por una lesión en el hombro ante Italia en Pésaro, su gran papel llegaría en las semifinales contra el campeón vigente Gran Bretaña, en Glasgow y con los hermanos Murray del otro lado.

Del Potro, 64° de ATP y sin plenitud física, decidió con el cuerpo técnico jugar como singlista dos contra Andy Murray el primer día para estar más fresco. El tandilense se impuso en una batalla de más de cinco horas y Pella puso el 2-0 ante Kyle Edmund. Mayer reapareció en el doble con Delpo, partido que perdió ante la dupla Murray antes de que Pella sucumbiera frente a Andy. 2-2. Quinto punto.

Del Potro estaba fundido. Los británicos no lo sabían. Argentina pretendía que el partido por la final lo jugara Daniel Evans y no Edmund. Una jugada maestra de Sebastián Gutiérrez, asistente técnico de la dupla conductora de Orsanic y Mariano Hood, engañó a los locales: le propuso a Del Potro pelotear en una cancha auxiliar, bien al estilo Interclubes, para que los británicos creyeran que jugaría. Y así fue: Gran Bretaña eligió a Evans y se sorprendió ante la presencia de Mayer, que se impuso en cuatro sets y llevó al equipo a una final que, con el triunfo ante Croacia en Zagreb, sellaría la gloria eterna.

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