Día internacional contra la homofobia
El cambio cotidiano

En Argentina, “hay estigmatizaciones y discriminaciones muy fuertes” contra el colectivo LGBT, advierte Vanesa Vazquez Laba, doctora en Ciencias Sociales y coordinadora general del Programa contra la Violencia de Género en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). A las mujeres trans “las golpean, se sacan la bronca con ellas y claramente las situaciones más extremas, los crímenes de odio” las tienen por víctimas, subraya la especialista, en ocasión de la conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia –instaurado en 1990, cuando la OMS eliminó la homosexualidad de la lista de patologías mentales–. “Es muchísimo lo que hay que trabajar para hacer un cambio sustancial a nivel cultural, las instituciones educativas tenemos una responsabilidad muy grande. Debemos visibilizar y trabajar para erradicar la violencia que sufre el colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis e Intersex”, evalúa Vazquez Laba. 

–¿Qué falta para lograr un verdadero escenario de igualdad?

–Las personas trans, travestis y transexuales se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad socioeconómica. Tienen menos posibilidades de acceso al trabajo, a los servicios de salud y de educación. Al no poder acceder a trabajos bien remunerados y no precarizados, muchas veces, sin elegirlo, se prostituyen. Sus vidas muchas veces están marcadas por la exclusión de sus casas a edades muy tempranas,  lo que ya marca un piso de desigualdad enorme. Sus trayectorias marcadas por discriminaciones y exclusiones dejan huellas en sus cuerpos. Desde el Estado habría que garantizarles acceso a la educación, la salud y, por supuesto, el trabajo. Por eso en este momento se está necesitando garantizar un cupo laboral trans, para que las travestis y chicas y chicos trans puedan acceder a un puesto de trabajo formal. Y desde las Universidades debemos garantizar el acceso a la educación superior.

–¿Qué trabajos han hecho en la Unsam en este sentido?

–Por ejemplo, dictamos una Diplomatura en Salud Sexual y Reproductiva con enfoque en Género y Derechos Humanos para formar a efectores de salud, estudiantes de grado y posgrado interesados en la normativa de derechos sexuales y contra la violencia de género, gestión de políticas públicas en materia de salud y los conceptos de las teorías de género y derechos humanos para mejorar la atención. Hay una formación basada en los prejuicios de género, como, por ejemplo, dar por sentado que todo paciente que atienden es heterosexual. Entonces la idea es que los/as efectores de salud accedan a cierto conocimiento conceptual para revisar sus prácticas: hacer preguntas más amplias, indagar sobre deseos de las personas, respetar el conocimiento corporal, respetar el derecho a decidir sobre lo que cada uno quiere y desea. Hay que modificar una concepción muy instaurada en el sistema de salud sobre las personas, como que son todas heterosexuales y que sus prácticas sexuales tienen el objetivo último de la reproducción.

–¿Y en relación a otros campos, por ejemplo, en el ámbito universitario?

–En la Universidad tenemos una materia optativa de grado que se ofrece para todas las licenciaturas, una consejería que da información sobre salud sexual y atiende situaciones de discriminación y violencia de género dentro de la universidad, y campañas de sensibilización para transformar la cultura androcéntrica. También formamos parte de la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y contra las Violencias, integrada por docentes, investigadoras y autoridades de más de 40 universidades, facultades e institutos. Creamos protocolos de actuación para situaciones de discriminación y violencia de género, por ejemplo, que actúan en caso de que personas trans que sufran algún tipo de discriminación o violencia dentro de las universidades. Consideramos que es la manera de generar las condiciones básicas y fundamentales para que cualquier persona, sin distinción de sexo/género, pueda estudiar en un ambiente libre de violencia. El desafío es concebirlo como una política institucional dentro de las universidades pero para ello necesitamos también el apoyo del Estado Nacional, para que acompañe procesos de esta magnitud.

* Agencia CTyS-Unlam.

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