Secretario general del Movimiento Evita y uno de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, Emilio Pérsico lucía contento ayer: “Movimos más de lo que yo esperaba”, dijo a PáginaI12 sobre la concentración del viernes a la tarde en Congreso. “Había tanta gente que muchas columnas ni alcanzaron a llegar a tiempo para los discursos.” Afirmó estar satisfecho por la sincronización, por la alegría de los movilizados, por el respeto entre las organizaciones y porque “evidentemente la CGT decidió seguir avanzando con los movimientos sociales”, lo cual en su opinión podría dificultar la táctica “dilatoria” del Gobierno frente a los proyectos de emergencia social.
–¿Qué dicen el Evita y la CTEP cuando escuchan que “a fin de año revienta todo”?
–Que es responsabilidad del Gobierno que no reviente. El Estado debe regar la pradera. Nosotros no buscamos que reviente, porque los que más sufren son nuestros compañeros. El capitalismo acumula gracias a las crisis. En cada crisis nacen más millonarios manoteando a miles de humildes. Se vende menos leche y más champagne. No queremos retrocesos. En mi barrio de una villa de San Fernando, donde vivía, pasó la revolución de las ventanas con Néstor y con Alicia Kirchner. Antes no había ventanas. Con el gobierno anterior estábamos muchísimo mejor. Yo mil veces le agradecí a Alicia, a Néstor. Ahora está cada vez peor, en la esquina de donde yo vivía ya murieron cinco pibes. El último, por un tiro que era para otro y recibió él. 
–¿Es tan grave la cuestión del narco en las villas?
–Es una parte de los vicios que nos mete el capitalismo. Pero en la Argentina, a diferencia de otros países de América Latina, como Brasil, la plata de la droga no termina en la propia villa sino en un country, de Nordelta o de donde sea. En la CTEP tenemos cinco centros antidroga para recuperación de pibes. Son los que marcharon con una bandera que decía “Vientos de libertad”. La política y la religión ayudan. El último centro que abrimos está en Tigre, en un terreno que nos dio el gobierno. En las villas resistimos el bombardeo del paco y la birra. La birra es una droga socialmente aceptada y genera mucha violencia. Mata. Hay que ponerle un impuesto para que sea muy cara. Y bajar la leche. 
–¿Por qué los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina no llegaron a resolver estos problemas?
–Porque no tuvimos tiempo. Aunque con los siete puntos del PBI distribuidos por Cristina entre los humildes las casitas dejaron de ser de chapa y pasaron a ser de material y con ventanas. Lo mismo en el campo. El Anses llegó hasta El Impenetrable. Los campesinos empezaron a tener una motito para llegar al pueblo. Soy agradecido pero nunca me voy a conformar con eso, porque si eso se sostiene en el tiempo termina trayendo vicio social. Las diferencias educacionales son monstruosas. Ya sabemos que los planes no deben ser para siempre, que el 80 por ciento de la sociedad no puede vivir del consumo del 20 o lo que consume un solo sector económico. Como decía Perón, “todos tienen que consumir lo que producen”. Hace falta un proceso productivo de baja intensidad, de mucha mano de obra, de poca energía, de consumo. Me acuerdo de un día en que acompañé a Néstor a inaugurar una planta de Honda con una inversión de siete millones de dólares. Iban a trabajar 58 personas. Así no llegamos nunca. Discutamos estas cosas. Atemos el mínimo no imponible al salario mínimo, vital y móvil, así podemos construir la unidad de la clase. Por eso estamos en el proceso de unidad con la CGT. Es más profundo que discutir planes. Discutimos un nuevo sujeto social. El 40 por ciento de los trabajadores que se autoinventaron el trabajo –como dice Francisco– son un nuevo componente. Ya hay una cooperativa informática. Y está la Garganta Poderosa, con una forma muy interesante de comunicar. Poetas sociales que inventan trabajo, dice Francisco de los que otros llaman free lance. Néstor me decía: “Voy a subir un poquito en la escalera y te voy a dejar un poquito más arriba, para que sigas subiendo”. No podemos empezar todos los días un escalón más abajo. En el 2001 a los compañeros había que juntarlos en pedazos. Tenemos que salir de un punto más alto. Para eso yo tengo que tener relación con este gobierno. Si no me arrastran. Con el mazo dando y en la mesa negociando. 
–¿Cuál es tu mazo en este caso?
–El mazazo de Congreso, una demostración de que estamos todos unidos. Una patria para todos. 
–¿Incluso sin paro?
–Seamos honestos. Los compañeros docentes hicieron muchos paros, cada vez son menos y no consiguieron todo lo que buscaban. El buen dirigente sindical es el que logra avanzar. El buen diputado opositor es el que construye mayorías para sacar leyes a favor de los intereses populares. ¿O el buen sindicalista es el que no se sienta en ninguna mesa? Y los políticos están en deuda. Las leyes de triunfo las hicimos de afuera del Congreso para adentro. La ley de emergencia laboral primero y ahora la de emergencia social. Al principio no iban a las reuniones. ¿Así que el que habla y negocia es traidor? Conseguimos un bono de 400 pesos para todos. Conseguimos que ningún plan sea menos de la mitad del salario mínimo, vital y móvil. Aumento cinco veces el bono del desempleo. E institucionalizamos nuestro diálogo. Al conflicto no hay que tenerle miedo, hay que desarrollarlo y tratar de meterlo dentro de Estado para darle solución positiva y si no es positiva, que sea intermedia, pero nunca negativa, porque a la tercera vez los compañeros no te acompañan.
–El proyecto de emergencia social fue criticado por los sectores conservadores. Dicen que no se puede financiar. 
–¿Tengo cara de Presidente del Banco Central yo? Nosotros reclamamos. El que gobierna elige las prioridades. Si aumentaron en negociaciones con los gobernadores –y aclaro que no estoy en desacuerdo– 86 mil millones de dólares y les perdonaron a las economías regionales el cinco por ciento, ya con eso sobra. Y eso que la disminución de retenciones no fue a los productores. Por eso la Federación Agraria fue al Congreso. Incluso tengo claro nuestro papel en la emergencia social. La ley es responsabilidad de los legisladores. Es su deber resolver el tema. Por eso los diputados, mientras el Senado votó la emergencia, ya estaban armando un proyecto de ley para cambiar el sistema impositivo. Son iniciativas complementarias. Otro pase nuestro para ellos. Ahora, que construyan las mayorías. Me pone contento que la CGT esté organizando un encuentro en Parque Norte para discutir un programa en el que ya está trabajando la Corriente Federal. También tenemos un compromiso de organizar charlas y debates en las regionales con el tema de la deuda externa. Vamos incorporándole a la pelea elementos de un proyecto global.
–¿Y los dirigentes políticos?
–No hay que preocuparse. Si ven que algo avanza después se vuelven locos por representar ese proyecto. El progresismo no alcanza. No basta con que la burguesía les diga a los trabajadores cómo se solucionan los problemas. La base del proceso revolucionario es darles poder a los trabajadores para que soluciones sus problemas. A mí me enamoró lo que una vez le escuché a Cristina en un acto en San Martín: “Yo no vengo a traerles nada, vengo a devolverles un poco de lo que el Estado les robó”. 
–Los chicos de las movilizaciones, ¿son peronistas? 
–Los chicos van encontrando cosas nuevas. La pelea de las mujeres, por ejemplo. Cuando votó el matrimonio igualitario, Néstor dijo: “Hemos puesto el peronismo en el lugar de donde nunca se tendría que haber ido” Yo creo en eso. Creo en discutir cómo fundamos escuelas de doble de turno, porque en estos años las únicas escuelas de doble turno que hay en los barrios son las que hicimos nosotros. Son buenísimos nuestros bachilleratos populares. Dos maestros por grado. Un magisterio propio, con más egresados que los otros. Hoy tenemos que construir un nuevo bloque social, eso también tiene que empezar a ser parte de la discusión de la política, ¿cuál es ese nuevo bloque social? ¿Cuál es la burguesía nacional que queremos? ¿Cuál es el empresariado que queremos? ¿Cuán es la clase de trabajadora que queremos? ¿Cuál es la situación de la clase trabajadora? ¿Cuáles son los conflictos de esa clase trabajadora donde están juntos la leche, la crema y el agua? Eso es lo que tenemos por delante.
–¿Por qué el Movimiento Evita y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, la CTEP, no quieren manejar planes sociales ni cooperativas?
–Porque queremos ser una organización gremial. Si no te transformás en una organización patronal. Si vos manejas la cooperativa terminas siendo una patronal cubriéndote detrás de la figura de una cooperativa. Lo único que hacemos centralizado es la formación en cooperativismo, en asociativismo y en administración. Y controlamos mejor que el Estado que las cosas se hagan bien. Que donde decimos que haya un merendero, haya un merendero. Que donde decimos que haya un comedor, haya un comedor. Una cooperativa donde corresponda. En el último congreso del Evita hablé de un pibe de Florencio Varela que empezó con nosotros a los 14 años yendo a los piquetes. Cada vez que pasábamos el Puente Pueyrredón se volvía con dos o tres pares más. Un pibe difícil. Bueno, hoy es el administrador de la cooperativa que está administrando la construcción de viviendas en Varela. Hasta el Gobierno lo felicita. Este mismo Gobierno que le pone los drones para controlar que haya los siete ladrillos que están pautados. Ese cambio te llena de orgullo. Es empoderar a un compañero. Hoy tiene 30 y pico. Sacarlo del infierno fue un trabajo constante. Trabajo y control. Y formación. 
–¿En qué consiste la formación?
–Abarca hasta dar el know how administrativo. Que la buena experiencia pueda replicarse. Tenés que tener un jefe de personal, el registro de asistencia que va derecho a la computadora, cámaras que te permiten ver el avance de obra desde un celular... Hacen falta técnicos, arquitectos con experiencia en lo popular y el manejo de gente, un pibe del barrio que se haya recibido de maestro mayor de obra...  
–Hoy, ¿cómo funciona la CTEP? 
–Por ramas: campesinos, los recicladores urbanos llamados “cartoneros”, los de la pequeña obra pública y los vendedores ambulantes, todos coordinados políticamente. El secretario de Formación es Juan Grabois. Nuestra maestría en economía popular termina con un curso donde vive Juan, en San Martín de los Andes. Los compañeros van y vienen en grupos de 25. El Chino Navarro decía que las organizaciones sociales al principio, en los ‘90 y algunas veces con Néstor, parecían el éxodo jujeño: Belgrano, estudiante de filosofía, adelante, y atrás todos. Hoy nuestras columnas, y eso se vio bien en el acto del Congreso, son gente que va cantando, bailando, participando, discutiendo. Eso se logra dándole independencia al compañero. Y se discute cada marcha en cada lugar. 
–¿Cómo es el circuito de los pagos? 
–Por ejemplo vivienda. El Gobierno Nacional hace un acuerdo con la provincia, el instituto de la provincia firma con una cooperativa, esa cooperativa se organiza en grupos de 30 y esos 30 lo cobran. Si se trata del Argentina Trabaja, la tarjeta es del Estado. Siempre están bancarizados y tratando que todos sean siempre efectores sociales de nuestra obra social. El gobierno de la provincia contrata esa cooperativa como podría contratar a una empresa privada. Por eso no son planes. Cuando llegó Cristina en 2007 el Movimiento Evita tenía 25 mil planes. Cuando se fue, 66. El plan termina generando una situación viciosa. Lo ha dicho mucho Francisco: en la política, el organizador social es el trabajo. Es el que garantiza la mesa donde se come. La propia Cristina dijo en un acto que el 47 por ciento de los hogares argentinos recibía más dinero del Anses que de sus propios trabajos. Y ni hablemos si sumabas los ministerios. Está muy bien para la emergencia, y lo digo con enorme agradecimiento a Cristina, porque en ningún otro país de América Latina se destinó un porcentaje tan grande del PBI, del siete por ciento, para los sectores populares. Pero no está bien que el Estado en manos de las corporaciones te robe el trabajo, después la comida, después el estudio y después la política. Los planes sociales me hacen acordar a esas películas de África que te muestran cómo el neoliberalismo destruía todo y después los helicópteros yanquis tiraban comida para que abajo se mataran por ella. No es bueno vivir esperando el helicóptero que desde Estado tire planes sociales a la villa. La sociedad se hace más violenta. 
–¿Por qué hay más violencia?
–Estamos haciendo un censo en todas las villas para determinar exactamente cuántos compañeros y hace cuántas generaciones no conocen el trabajo constante. Si laburás cinco días y después no laburás 15, ¿en qué gastás la guita? ¿Siempre la ponés en tu casa? Hoy la mayoría de las familias nuestras están llevadas adelante por las compañeras. Están explotadas por ser mujeres, por ser trabajadoras y porque el chabón las dejó solas y se tienen que hacer cargo de todo. Por eso, volver a tener comedores ahora es una derrota. El Evita tiene 600. O en las escuelas los chicos se guardan el marroco, el cacho de pan, para llevárselo a un hermanito. 

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