Ciberbulling, ciber acoso, transtornos de ansiedad, skínhanger (hambre de piel), desórdenes en el sueño y problemas mentales, síndrome de la contractura de cuello, posibles tumores cerebrales, nomofobia, depresión WhatsApp, adicción a las redes sociales, sobrepeso en niños y adolescentes, adicción comportamental, síndrome del túnel carpiano, whatsappitis, y afectaciones crónicas en los ojos; éstas son algunas de las enfermedades que la medicina ya caracterizó como consecuencias del mal uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Y lo peor es que existen muchas más pero aún no se sabe a ciencia cierta sus consecuencias médicas porque su uso es muy reciente.

Hoy en día, los medios de comunicación digitales atraviesan todas las relaciones humanas y la pandemia profundizó esta dependencia. A nivel pedagógico se llegó al grado de que si hace diez años el celular estaba prohibido en las aulas argentinas, ahora es una herramienta de uso casi obligatorio al menos en el nivel secundario, y es imposible para un profesor imponer que lo apaguen en la hora de clase.

¿Pero por qué este avance tecnológico impensado hace dos décadas hoy pareciera que nos trae más enfermedades que soluciones? Porque los medios de comunicación están en unas pocas manos y construyen esas tecnologías con mecanismos que estimulan los comportamientos adictivos de las personas.

De las diez personas más ricas del planeta, siete construyeron su fortunas en empresas relacionadas con las telecomunicaciones. Por mencionar a los más famosos: Jeff Bezos, dueño de Amazon; Bill Gates (Microsoft, IBM); y Mark Zuckerberg (Facebook, Whatsapp, Instagram). El poder hiper concentrado de estos monopolios que provocan innumerables enfermedades nos obliga a pensar políticas comunicacionales urgentes; ya no solo para garantizar la pluralidad de voces y promover la participación democrática, o para proteger la intimidad individual de las personas, sino antes para proteger a los consumidores y sobre todo a la niñez de prácticas cada vez más nocivas para su salud social e individual.

Sabemos que los intereses de quienes no quieren que se apruebe ninguna política de control sobre estos monopolios son tan poderosos como indescriptibles en estas líneas. Pero por poner un ejemplo: la ley sobre el aborto en Argentina (IVE) se aprobó luego de tanta lucha y tantos años, con la estrategia de pensarla como una necesidad para resolver un problema de salud pública y no solo en términos morales. Entonces, ahora debemos ponernos a pensar la ley de medios desde la misma mirada, como una necesidad para solucionar un problema de salud nacional, que atenta con tantos estímulos nocivos provocando cada vez más patologías sobre todo en la niñez y la adolescencia.

Para este objetivo primero debemos poner en valor la ciencia de la comunicación como una verdadera disciplina social, y no como en aquella frase donde se caracteriza a “la Comunicación como un océano de 20 centímetros de profundidad que debe ser atravesada por la sociología”. La ciencia de la comunicación es en la actualidad una de las herramientas más importantes para pensar el mundo actual, al que muchos dejaron de llamar moderno o postmoderno, y ahora caracterizan como la sociedad de la información. Es acá donde el carácter interdisciplinario de la comunicación tiene el plus de poder integrar la sociología, historia, informática, psicología social, y los diversos paradigmas necesarios.

Ahora bien, en la sociedad de la información que actualmente vivimos: ¿cuántas carreras universitarias tienen materias con eje en la comunicación? ¿cuántos centros de formación docente tienen asignaturas con base en esta temática? En la curricula de las escuelas primarias casi no existe este contenido; son muy pocos los colegios secundarios públicos los que tienen esta materia y solo si pertenecen a la orientación en comunicación. Suelen existir materias relacionadas con las TIC donde lxs niñxs aprenden a usar programas y aplicaciones, pero lo fundamental no es saber usarlas de manera reproductiva sino analizarlas desde una mirada crítica para poder hacer un uso constructivo. Necesitamos un sistema pedagógico académico que se tome en serio la ciencia de la comunicación, donde lxs docentes puedan aprender la importancia de esta actividad humana en el mundo de hoy, y puedan “enseñar” a lxs estudiantes a vincularse con prácticas sanas, críticas, constructivas y creativas.

* Periodista. Licenciado en Periodismo UNLP. [email protected]