Opinión
U2 y el árbol cansado

A veces el ejercicio del periodismo lleva a reflexiones que pueden parecer algo extrañas. Está terminando el segundo show en La Plata, el escenario explota con la energía rockera y las imágenes psicodélicas de “Beautiful Day”, “Elevation” y “Vertigo”, el público salta y canta, la velada va cerrándose por todo lo alto, el final será nada menos que con “One” y aquel primer hitazo de “I Will Follow”... y aún así uno no deja de sentir cierta incomodidad. Una insatisfacción que, con el correr de las horas, con los primeros comentarios entre amigos (“Che, ¿qué tal el show?”), se autoexplica, se instala y cimenta. ¿Se puede salir de un concierto para 52 mil felices asistentes con la sensación de que hubo algo que no funcionó? ¿Será un problema personal, el producto de tantas y tantas noches asistiendo al viejo y querido rito del rock and roll?

Pero no, no es eso. Uno ha visto en video el ZOO TV y el Zooropa Tour; estuvo presente en el Pop Mart, en el Vertigo, en el 360° con su imponente The Claw; se resignó a ver solo en DVD el Innocence + Experience, quizás su puesta artísticamente más lograda. Y por primera vez en el largo historial, sintió que el grupo estaba solo cumpliendo, formalizando un trámite, haciendo su laburo y nada más. Por primerísima vez tuvo la sensación de estar ante una banda cansada.

Es curioso, claro que sí. Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton subrayan siempre el encanto de tocar juntos, mostrándose en proximidad física aun en los contextos más elefantiásicos de sus puestas. No es casual que, antes de que se encienda el Joshua Tree en la pantalla, el grupo arranque en el pequeño escenario de allá adelante, apenas bajo unas luces y con títulos de muy vieja data. La base es una pared de sonido y Dave Evans sigue siendo un guitarrista genialmente único, Bono mantiene la voz y la expresividad y el carisma de frontman. La gigantesca pantalla pone en escena toda una road movie para el material de un disco perfecto, canciones impresas en el inconsciente colectivo, banda de sonido de la vida de muchos. Pero no hay caso, la formidable lectura de “Bullet the Blue Sky” es el pico máximo de tensión de una noche en la que suenan otros grandes clásicos y uno no logra contagiarse de la garra, la pasión que deberían transmitir. Las comparaciones son odiosas, pero es inevitable recordar los shows de los Stones, con tantas más razones para estacionarse en la burocracia performática, y que sin embargo salen a comerse el escenario y hasta convierten los manazos y desprolijidades en otra forma de disfrute. Ni hablar de la comparación entre el material histórico de los irlandeses y un nuevo single con tan poca gracia como “You’re the Best Thing About Me”. El árbol, el bosque y esas cosas.

Todo estuvo bien en las noches de La Plata, pero con ciertas bandas se pretende algo más que un “todo bien”. La perspectiva de una recreación en vivo de The Joshua Tree producía una expectativa que no quedó del todo cubierta. Y entonces surge el deseo de que en 2021 haya una gira aniversario de Achtung Baby –ese otro coloso en la historia del cuarteto–, poder tener una revancha, reencontrarse con esa banda capaz de seducir, arrasar, mover y conmover más allá de la perfección de la puesta y las canciones inoxidables. Porque, como las calles platenses y las de la canción, hay cosas que no tienen nombre. Pero son necesarias para salir de un estadio con algo más que el recuerdo de un show correcto.