El caso Goya
Cuando se daba por perdido, el casco histórico de la ciudad correntina fue protegido por un intendente lúcido y por un nuevo, y útil, concepto de patrimonio de la Comisión Nacional de Monumentos.

La ciudad de Goya es una de las joyitas de nuestro país, dueña de un casco histórico de gran coherencia y buena arquitectura, una rareza en esta Argentina demoledora. Defendamos Goya, la ONG creada hace unos años para defender este tesoro, se quedó afónica denunciando demoliciones arteras y negocios de cabotaje para hacer edificios en altura en medio del contexto histórico. Cuando se intentó frenar el tema por ley nacional, los diputados y senadores correntinos se pusieron “federales”, ofendidos porque “los porteños” se metían a cuidar lo que a ellos no les interesaba cuidar, argumento por lo menos... absurdo. Todo parecía perdido y Goya parecía encaminada ser otro pueblo anodino, arruinado, atrapado en esa tontera de que si no se demuele todo lo que vale la pena ver la economía se arruina.

Pero como ocurre tantas veces entre nosotros, todo cambió de golpe. El intendente de Goya Gerardo Bassi acaba de impulsar con mano firme una ley que protege el Casco Histórico de su ciudad. Y casi al mismo tiempo, la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos que preside Teresa de Anchorena creó y sancionó una figura nueva, la de Area Urbana Histórica, para la ciudad correntina. Además, oficialmente el casco histórico goyense está incluido en el proyecto de recuperación y puesta en valor de pueblos históricos que acaba de crear la Comisión y arrancó con Camarones. Esta buena noticia merece analizarse, además de festejarse.

Primero hay que elogiar al intendente Bassi, que está por dejar el puesto y evidentemente piensa en lo que dirá la historia de su gestión. Goya estaba bajo ataque de un especulador de cabotaje pero muy conectado, que andaba demoliendo a escondidas –de adentro para afuera– y proyectando edificios mediocres en medio de lo mejor del casco histórico. El argumento era el de siempre, el de los vampiros: la gente quiere vivir en ese barrio y por eso hay que construir, aunque construir arruine el barrio. También, al no estar valorizado como corresponde, se rompían edificios invaluables y bellos para hacerle vidrieras a locales de celulares. Un crimen. 

Bassi atendió a los reclamos de sus gobernados y a los consejos que le llegaron de propios y ajenos, de argentinos y de muchos extranjeros. Goya tiene puntos de interés como el teatro más viejo que le queda a este país, transformado en un shoppingcito espeluznante, que movilizaron a muchos. Y tiene un pasado francés e italiano que tocó a ONGs europeas. También está el hecho fácilmente comprobable de que localidades como San Antonio de Areco o Victoria, en Entre Ríos, se ganan la vida con sus patrimonio de un modo que les hubiera sido imposible si demolían todo y lo reemplazaban por algo “moderno”. Un casco histórico bien llevado atrae turistas, inversiones, sedes empresariales, mecenazgo, créditos internacionales y tantas cosas que ayudan. Basta ver, por ejemplo, la cantidad de hoteles que tiene Areco y sus restaurantes: esta inversión creció un 400 por ciento en una década, algo sólo explicable por el turismo y las convenciones en un lugar considerado atractivo.

Según contó Defendamos Goya, una fuente cercana a Bassi les confió que el intendente “está convencido de que el turismo cultural puede significar un gran aporte económico para nuestra ciudad y cree que debemos apoyar las ideas nuevas”. En la municipalidad ya empezaron a registrar el rezongo de los especuladores, que como siempre amenazaron con la ruina y la recesión. Por suerte, las mismas fuentes dijeron que eso es “una visión retrógrada y una gran mentira: que la protección de un centro histórico puede dejar a gente sin empleo, cuando todos sabemos que orientar y regular el crecimiento urbano, al contrario, lo potencia multiplicando las oportunidades”. Pero “la decisión está tomada” y se va a avanzar en la protección.

El otro elemento notable de este proceso es el drástico pero discreto cambio de eje que está haciendo la Comisión Nacional. Esta entidad nació en 1940 con un criterio muy de la época, el de salvar elementos hispánicos, edificios asociados a próceres y piezas notables. Luego evolucionó hacia criterios más amplios, aunque con rarezas como la enorme cantidad de monumentos fúnebres declarados monumento. Pero recién ahora está aplicando nociones realmente modernas de patrimonio, pensando en creaciones colectivas no asociadas a un prócer o prohombre, y en ámbitos mayores que un edificio o pieza individual. En un punto, se entiende que el patrimonio histórico es lo nuestro, lo que nosotros creamos y tenemos, no una abstracción. Y también se entiende que se trata de un ámbito de vida. De ahí surgen entidades nuevas como un Area Urbana Histórica. 

Por eso es de gran potencia el proyecto de proteger y destacar pueblos históricos, que pierden población por falta de actividad económica. La Comisión está articulando financiamientos públicos para proyectos de restauración puntuales y espera incluir el temario en la futura Ley de Mecenazgo nacional. La movida incluye explícitamente la creación de un recorrido de pueblos históricos, y de cascos históricos, con el ministerio de Turismo. Como resumió Anchorena, se pone en valor la identidad, se crea trabajo y se dinamiza la economía. 

Segundo encuentro

Es nuestra Buenos Aires invita a su segundo encuentro, que se realiza hoy a las tres de la tarde en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Santiago del Estero 1029. El primer encuentro fue constitutivo y reunió a decenas de ONGs y grupos de vecinos para trabajar juntos. La definición del grupo es que “hemos perdido la ciudad en manos del capital financiero, de las desarrolladoras inmobiliarias, de los terratenientes urbanos, de las grandes constructoras, de una clase política que gobierno para ellos y de corporaciones técnicas que los asesoran. Estos gobiernan la ciudad concibiéndola sólo como un espacio para hacer negocios y obtener fácil rentabilidad”. Ante este panorama, definido con exactitud, hay que juntarse. Con lo que nuevamente está abierta la convocatoria a grupos y personas que quieran reunirse, participar y activarse. 

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