Terciopelo azul
Se pensó a sí misma como una estrella pop casi perfecta: prolífica y llena de ganas de contar como una rapper, melancólica, culta y bohemia como una cantante folk y obsesiva de la imagen, una diva de los videos en la era YouTube. Lana Del Rey nació como Lizzy Grant en Nueva York pero hace rato que es indistinguible de su alter ego. Mejor así: la evolución
de sus canciones atmosféricas, extrañas, que suenan conocidas y no se parecen a nada, es impactante. Acaba de editar Lust For Life, su disco más alegre, la cumbre de su glamour neohippie con toques de Hollywood, mujeres de Fitzgerald y aires de vagabunda stripper. Con artistas invitados como Stevie Nicks, The Weeknd y Sean Lennon, sale de sus obsesiones para conectarse con el mundo y sus pares, y el resultado es brillante.