Estoy sentado en la parada de colectivos. Acabo de salir del trabajo; son las seis y cuarto de la tarde. El colectivo pasa a las seis y veinticinco. Enciendo un cigarrillo.
El gobierno Macri expresa –desde la derecha– esa construcción que Gramsci llamó bloque histórico, que se asume también como bloque hegemónico.
La revistita, impresa en fotocopia, denominada Aguijón...
Al Flaco Rolín lo llamaban El Pueta Lugurúa, aunque Lugurúa no era su apellido y nadie supo jamás quién se lo puso.
Uno. Cuenta la tradición (una de ellas), que Lucifer, al rebelarse contra Dios, tuvo una oportunidad de vencer.
Hitler ganó las elecciones a comienzos de 1933, por escaso margen; fue, sorpresivamente –para muchos era una especie de cómico siniestro–, primera minoría de modo tal que, invocando, sin decirlo, e
Necesito un café. Debo mantenerme en pie; de poseer las raíces del árbol de la pintura de la Khalo, no me caería.
En una sobremesa con amigos, a la hora del divague, pregunté a uno de ellos cuál es el gran cambio tecnológico que viene.
Hay un viejo concepto del lenguaje cinematográfico (¿algo puede sonar más anacrónico que “lenguaje cinematográfico” en plena era digital?) que sin embargo sirve para pensar la manera en que se plan
Algo de este cuerpo ya no me sirve. Ese sueño se repite y me enrosco como un caracol y mi cuerpo informe, baboseado se basta a sí mismo.
Desde Barcelona
Doce años años sobre mocasines y pantalón de botamanga ancha, no es una elección compatible para un recital de Los Redondos. Rosario. En el '85 presentaban Bang! Bang!!
El 10 de julio de 1941, en un impronunciable pueblo de la Polonia ocupada, Jedwabne, a 190 km de Varsovia, se produjo uno de los hechos más crueles e increíbles que registra la Segunda Guerra Mundi
"Mario Levrero descosía los cocodrilos de las remeras que le regalaban sus amigos". De eso me acordé cuando salí de visitar a Carla que se había operado las gomas.
Volví treinta años después, llevando de la mano a mi hijo de ocho. Había dejado el club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) en 1974, cuando fui detenido mientras hacía la colimba.
Enviado especial a Disney.
Los cuerpos yacen desparramados a lo largo de la playa.
Uno Descienda en otra parte. Despierte y crea que no hay en su vida nada más que la historia de su vida. Basta, basta, basta, no piense más en Moloch.
Vimos las escenas en la plaza del Congreso artillada, con hombres acorazados y máquinas lanzagranadas, sórdidos motociclos con raras escopetas emergiendo del humo irrespirable.
Estoy recostado en el sillón, casi dormido, cuando llaman a la puerta. Me levanto de un salto y me agarro de donde puedo. Vértigo, eso es lo que siento. El dolor vuelve.