Vivo en la pampa argentina. No importa el lugar. Soy mujer sin nombre. Al verdadero, no lo conozco. Tengo 45 años. Mis padres son grandes. Los abuelos se fueron cuando era pequeña.
No parecés, me dijeron más de una vez cuando yo explicaba que era judía, y siempre me embargaba la loca o sutil percepción de que esa frase --que hoy día ya nadie repite-- pretendía ser un halago..
Con papá nunca pude sacar la sortija. Nunca. Era cuando él vivía en un departamento oscuro, de pasillo, por Zeballos o Montevideo.
“No te olvides de poner que no soy la última ni la única”, le dijo Cristina Calderón a su nieta que escribía el libro Memorias de mi abuela yagán.
Sospecho que debemos prepararnos para algo nuevo: que las ideas, los libros y las innovaciones tengan una fecha de vencimiento tan cercana que casi no valdrá la pena discutirlas, comprarlos, acepta
“Y allá voy y aquí vuelvo yo para sólo así poder volver a ir”, escribe Rodrigo Fresán en “Melvill”, su último y extraordinario libro.
La versión original de esta nota fue publicada en Página/12 el 16 de abril de 2022. Así presentaba Sandra Russo a Márquez, hoy vicepresidenta electa de Colombia.
El error fue encararlo como a una carrera de caballos y no como al esbozo de un triángulo amoroso rumbo a la frustración. En mi lógica, sólo uno se quedaría con el premio. Perdí.
Afirmar como se afirma, que Adolfo Halsten desde el presidio envió una segunda misiva a sus seguidores durante el otoño de 1922, delata la ignorancia de quienes más de 100 años después no dejan de
Los argentinos no entienden cómo un brasileño puede odiar a Lula.
Era mi primera comunión. La había soñado. Pero no con esa angustia clavándome el pecho. Como alguien que mata. El escenario era perfecto.
“Hay mil formas de decir las cosas, no es necesario explotar como un kamikaze”, sugiere Federico Moura.
Francisco vivía en un pequeño pueblo, donde se dedicaba a construir molinos para extracción de agua. A la vez, era un apasionado del estudio de las condiciones atmosféricas.
Desde Barcelona
Hijo azulejo, tucán sin jungla. Al nacer, mencionarlo no está nunca de más, fue moneda corriente confundirte con un ovillo de intuición apaciguada. Claro que en mí solo cabían certezas.
Un mínimo desajuste entre la modalidad laboral home-office, la distribución de libros para prensa y los calendarios del fútbol de ascenso en la Argentina puede provocar un malentendido como
Adolfo es un amigo de siglos anteriores. Es de los que lloran al recibirte y cuando te vas. Vive en la serranía, rodeado de montañitas, arroyos y acechanzas de pueblo.
Es una mañana preciosa, se deja ver la primavera en las calles arboladas de una ciudad alemana de anchas avenidas.
Me quedó entre los recuerdos de la niñez, yo tendría 8 o 9 años, que mi mamá, comentó, cosa que no era muy usual en ella, que estaba leyendo un libro llamado Carne de perro, y que era un lib
Un solitario lector comenta, después de leer “Adaptarse”, mi artículo publicado en Página 12 el 16 de marzo, y sugiere que yo debería profundizar más este concepto con cuyo planteo central c