Un solitario lector comenta, después de leer “Adaptarse”, mi artículo publicado en Página 12 el 16 de marzo, y sugiere que yo debería profundizar más este concepto con cuyo planteo central c
Eduardo y Jimena mastican. Sus bocas se abren y se cierran a un ritmo monótono, vacío, mecánico. Están sentados arriba del auto, con las ventanillas levantadas, frente al muelle.
A Pablo Ohde
Las elecciones en la Argentina, como pasa en la mayoría de los países del mundo, tienen una particularidad: múltiples veces gana un/a candidato/a que no alcanza a tener la mayoría de los votos.
Mi padre no pudo estar presente en el hospital el día de mi nacimiento, su participación activa en los saqueos no se lo permitió.
Contento de que por fin hayan dispuesto la vacuna antigripal para beneficio de los benditos ciudadanos, el Puma Flores escribe la dirección como los medios de difusión lo han indicado:
No me dieron ganas de verte esta semana. No me he sentido bien. Silvana estuvo con el virus, muy molesta. Y ahora me lo pasó a mí. Mirá, me saco los lentes para que veas cómo tengo el ojo.
Desde Barcelona
Eduardo Luis Duhalde entendía que la ética es la base de la democracia. Sin un núcleo de principios, la democracia se desvanece.
Cada 2 de abril una ráfaga del viento de otoño sacude los recuerdos de los días vividos en 1982 y se instala en tiempo presente.
Hace unos días visité museos de arte, y más allá de las cosas buenas que encontré, se me dio por pensar lo difícil que es ser revolucionario hoy.
El 24 de marzo dejó una moneda en el aire.
I Para que las cosas existan, las palabras toman formas muy extrañas.
Cada quien es un universo y cualquier momento en ese universo, puede ser un instante de eternidad, repetía Benjamin Lowenstein, en su pequeño local de la galería Maipú, situado entre comercios de c
Ya no podrán hacernos el mismo chiste malo: “De tanto que lo recuerdan, un día la pelota no va a entrar por el ángulo, se va a ir afuera”.
Hay muchas historias adentro de la historia de Malvinas y aparecen guardadas en las cartas: las cartas de los soldados a sus padres, a sus hijos, a sus novias, a sus amigos, contando cómo es
La oscuridad rebota en los ocho rincones, se agota en su eco. La luz no la puede, allá afuera se la están comiendo. El piso transpira orines.
Suponga que en una caja hay huevos de plástico. Están pintados de dos colores diferentes: rojo y azul. Algunos de ellos contienen perlas. Otros están vacíos.
Flavia corta los tomates en rodajas finas. Me habla. Yo muevo la cabeza. Afirmo. No escucho pero afirmo. Faltan dos minutos para las doce.
Sueña Ernesto, con la mirada perdida en lo que pasa, y en lo que no pasa, detrás de los ventanales del bar, en esas calles tan porteñas, tan comuna cuatro y su huella, ah, como diría el pibe Trueno