CARTAS DE LECTORES

Nunca es tarde

Estoy orgullosa de mi papá. Tiene 73 años y terminó su secundario el lunes pasado. Seguramente hay papás con títulos más importantes: ingenieros, abogados, médicos o investigadores. Pero Antonio, o mejor dicho, Toto, como lo conocen todos, es admirable por su fuerza de voluntad, su capacidad de trabajo, su simpatía, optimismo, buena onda, y por hacer el bien. Siempre le puso buena cara a la adversidad y llevó su familia adelante. Nunca duda cuando tiene que ayudar a alguien. Les puso el cuerpo y el alma a las crisis económicas y políticas de este país. Y ahora coronó sus 73 años con la obtención de su título secundario, cuando ya es abuelo. Es un ejemplo para todos los que piensan bajar los brazos, para los que piensan que no se puede, para los que piensan que hace falta dinero para estudiar. Toto es empleado y vive en el viejo barrio de Nueva Pompeya. Recuerdo que durante varios momentos de su vida quiso terminar la escuela, y siempre algo se lo impedía. Todavía conserva las carpetas que yo le garabateaba cuando era chica, y él intentaba aprender.

Muchas gracias a los profesores y mentores del programa Adultos 2000 y del Fines que le permitieron a mi papá cumplir su sueño. Ahora está pensando en qué facultad se va a anotar.

Analía V. Aprea

DNI Nº 23.100.977

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