CIENCIA › DIáLOGO CON ANDRéS FOLGUERA, DOCTOR EN GEOLOGíA, LABORATORIO DE TECTóNICA ANDINA

El interior caliente de la Tierra

La Cordillera de los Andes se mueve de modo constante por la interacción de las placas tectónicas y sube de dos a cuatro milímetros por año, aunque en algunos casos, como en el terremoto de Caucete, se produjo un levantamiento de alrededor de un metro.

 Por Leonardo Moledo

–Usted estudia la Cordillera de los Andes.

–Más específicamente, el levantamiento de un sector de la cordillera. El grupo está armado por Víctor Ramos; yo fui una incorporación de los últimos 15 años. Víctor viene trabajando sistemáticamente hace mucho en este tema, por qué se levantó en algunos sectores, por qué en otros no, qué diferencias y parecidos hay...

–¿Se está levantando la cordillera?

–Hay sectores que sí, sectores que no y sectores que se están cayendo. San Juan y el norte de Mendoza son lugares donde activamente se levanta la Cordillera.

–¿Cuánto?

–Unos pocos milímetros por año. 2 a 4 milímetros.

–Lo cual en mil años...

–No es poco. Pero, además, no se levanta de forma continua. El terremoto de Caucete, por ejemplo, produjo un levantamiento de la Sierra de Pie de Palo de alrededor de un metro. Y a veces cuando se activa una falla uno puede ver desniveles producidos en el terreno desde 20 a 70 centímetros. Es decir que si bien hay un movimiento del orden de los milímetros, cada tanto la cordillera pega un salto.

–¿Y por qué se levanta?

–Esa pregunta no tiene una respuesta simple y es motivo de muchas discusiones. En principio, las montañas “activas” están en sectores donde dos placas, dos sectores de la superficie terrestre, que tienen un movimiento independiente una de la otra, convergen, chocan. Hay muchos lugares donde las placas no se molestan entre sí: se aleja un segmento respecto de otro o se desplazan lateralmente frotándose apenas, pero hay lugares donde las placas chocan. Es la placa del Pacífico que se mete por debajo de la placa sudamericana. Eso pasa en todo el Pacífico; sin embargo, hay lugares donde el levantamiento de montañas es muy activo y otros no.

–¿Por qué?

–En principio hay una relación con el ángulo en el cual la placa pacífica penetra. En los lugares donde penetra de forma horizontal, como San Juan y el norte de Mendoza, son lugares asociados a montañas muy altas, como el Aconcagua. Los sectores donde no penetra de manera horizontal no son lugares que produzcan deformaciones en la placa sudamericana y por lo tanto levantamiento de montañas.

–¿A qué se refiere con “penetración horizontal”?

–Inicialmente penetra con un ángulo de 30 grados hasta la mitad de Chile, aproximadamente. Ahí se ubica horizontal la placa respecto de la placa sudamericana por lo menos 400 kilómetros y después vuelve a caer a 30 grados a la altura de Córdoba.

–¿Y cuándo se disuelve?

–Jamás. Antes se pensaba que las placas se podían llegar a disolver, a derretir o a asimilar. Ahora se sabe que eso no pasa.

–¿Y qué pasa?

–Los fondos oceánicos caen, a veces tienen un período de estancamiento a una profundidad de 600 kilómetros...

–Espere. La placa llega a 30 grados en Córdoba y después se hunde en el manto.

–Sí, pero no se disuelve. Cae. La gran mayoría de los fondos oceánicos que se subducen cae y se acumula en lo que se denominan “cementerios de fondos oceánicos” como a tres mil kilómetros de profundidad, en el contacto entre el manto inferior y el núcleo. No penetran en el núcleo. Ese es un descubrimiento muy importante de los últimos años. Antes se pensaba que los fondos oceánicos podían asimilarse en materiales más calientes del manto terrestre.

–Lo que yo tenía entendido es que en las dorsales oceánicas había manto que se transfor maba en placa.

–Eso es verdad. Pero cuando el fondo oceánico se hace viejo, llega a una zona de subducción y cae por debajo de un continente, cae hasta profundidades de tres mil kilómetros, sin asimilarse con el manto. Al borde del núcleo hay cementerios de viejos fondos oceánicos.

–¿Cómo puede ser que a esas temperaturas no se funda?

–Es que se transforma, se transforma mineralógicamente. Los materiales, los minerales superficiales, van transformándose en minerales estables a nuevas condiciones de presión y temperatura. La olivina, que es el mineral característico del fondo oceánico, se transforma en espinelo, que es un nuevo silcato magnesiano que se reempaqueta a los cuatrocientos kilómetros, a los 660 se vuelve a reempaquetar en otra forma (la peropsquita) y a los 2900 kilómetros se vuelve a reempaquetar en la posperopsquita.

–O sea que alrededor del núcleo, una bola de hierro incandescente, se acumulan viejos fondos oceánicos. ¿Desde cuándo?

–Desde que empezó la tectónica de placas, hace 3800 millones de años.

–Esa acumulación en tanto tiempo debe producir toda una franja.

–Y así es: el núcleo está empapelado por viejos fondos oceánicos.

–Debe ser muy molesto.

–Para el núcleo, sí. Y como concepto, también.

–Hay algo que no me queda claro. Si las placas no se disuelven en el manto, pero el manto sí en las placas, el manto está perdiendo material. ¿Cómo se reemplaza?

–Por el proceso que usted describió. Los fondos oceánicos se expanden en el medio de algunos océanos y sale material fundido.

–Pero ese material que sale se hunde y no se vuelve a disolver. Hay una pérdida de material.

–Lo que pasa es que el manto tiene un movimiento convectivo. Si nosotros tomamos material del manto, otro material del manto inferior toma el lugar.

–Pero así, tarde o temprano, todos los fondos oceánicos van a terminar empapelando el núcleo.

–Claro. De hecho, no hay fondos oceánicos más viejos de 200 millones de años: cuando llegan a esa edad, más o menos, adquieren una densidad tan alta que se caen adentro de la Tierra. Y la Tierra tiene 4570 millones de años. O sea que todos los fondos oceánicos que hubo entre los 380 millones de años que hace que empezó la tectónica de placas y los 200 milllones que tienen los fondos oceánicos más viejos se perdieron por este mecanismo que le estoy contando. Pero a veces esos fondos oceánicos que empapelan el núcleo ascienden.

–¿Por qué?

–Porque hay elementos radiactivos que generan calor y a veces desestabilizan esos cementerios de sedimentos y generan plumas –material ascendente–. Muchas plumas están generadas por materiales oceánicos acumulados a 2900 kilómetros de profundidad. Ese medio de empapelamiento de fondos oceánicos antiguos sobre el núcleo se denomina “medio de segunda” o “capa de segunda”.

–¿Y cómo se llega a saber todo esto?

–Eso es clave. Se sabe porque las tomografías, que son las velocidades con las cuales transitan las ondas sísmicas producidas por terremotos, muestran perfectamente el cuadro de temperaturas dentro del fondo de la Tierra. Las ondas sísmicas, igual que una ecografía, transitan más lentamente en medios menos rígidos y más rápidamente en medios rígidos. Los medios menos rígidos son medios calientes y los más rígidos, medios fríos. Los fondos oceánicos que se hunden bajo Sudamérica muestran alta velocidad relativa de las ondas sísmicas. Se pueden pintar esos medios (generalmente se los pinta de color azul para ejemplificar medios altamente rígidos) y se ve perfectamente el destino de los fondos oceánicos en el interior de la Tierra.

–O sea que la idea de cómo era la mecánica de placas cambió un poco últimamente.

–Ese es el punto clave. El paradigma último de las ciencias de la Tierra es la tectónica de placas. Este paradigma tiene una característica fundamental y rara: desde que nació, no hace otra cosa que derrumbarse. Eso es redefinido porque hay innovaciones tecnológicas muy profundas: la tectónica de placas hoy tiene poco que ver con la tectónica tal como fue definida a finales de la década del ’60. Persiste una idea general, pero cambiaron muchas cosas: las 14 placas no son completamente rígidas, la forma en que interactúan es mucho más compleja de lo que se pensaba, los fondos oceánicos no se asimilan... Hoy en día, incluso, hay subteorías dentro de la tectónica de placas que vinculan el clima con el levantamiento de montañas, cosa que inicialmente no se concebía.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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