CIENCIA › MERCEDES DI PASQUO, GEOLOGA

Recuerdo de especies olvidadas

Los dinosaurios no agotan el repertorio de la paleontología: hay microfósiles casi invisibles que dicen tanto como ellos sobre la evolución de la vida.

 Por Leonardo Moledo

Suerte de “alephs” de la cadena evolutiva, huellas invisibles de tiempos remotos, los fósiles microscópicos cuentan ellos también, como los dinosaurios, la biografía de la vida y su evolución. Bacterias fósiles de nombre complejo (palinomorfos), relatan para quien sepa leerlas su batalla por la existencia y narran las desapariciones de especies enteras. Mercedes Di Pasquo, doctora en Geología, escucha ese murmullo de especies olvidadas junto a su grupo de investigación de la UBA para poder oír las historias de los fósiles... 400 millones de años después.

–¿Cómo se llama este laboratorio? Casi me pierdo.

–¿En el espacio o en el tiempo?

–En los dos.

–Ah.

–Usted dirige un grupo.

–Yo soy doctora en Geología, licenciada en Geología, investigadora del Conicet y estoy a cargo de un grupo de palinoestratigrafía y paleobotánica.

–Son palabras difíciles, como abracadabra o palíndromo. Tiene toda esta página para contar en qué consisten.

–En principio, nos dedicamos a estudiar fósiles microscópicos.

–¿Son fósiles de cuándo?

–Son fósiles que arrancan desde el origen mismo de la vida, es decir del precámbrico, hace 3500 millones de años.

–¿Y qué nos dicen esos fósiles?

–Muchas cosas. Nos están indicando que la vida se inició en microformas desde el ADN, que se fueron agrupando, englobando y pasando a formas de tipo bacterias o virus y finalmente se fueron transformando en células eucariotas (que son las que tienen núcleo), y a partir de allí se derivaron todos los grupos que hoy conocemos. Todo esto está pasando entre los 3000 y los 1000 millones de años.

–O sea que ni siquiera hay células...

–Sí, sí, pero sin núcleo diferenciado, células procariotas. La célula eucariota aparece recién a los 1500 millones de años.

–¿Y cómo es que se conserva una célula de esas?

–Se preservan porque la materia orgánica tiene la posibilidad de fosilizar. Genera una especie de pared con una composición resistente a los ácidos inorgánicos, por carbonato de calcio, por sílice. Se ve que la célula fue probando y, en algún momento, encontró la veta para lograr tener una pared resistente y eso es lo que nos permite a nosotros toparnos con los fósiles. Incluso las esporas, que les permiten a las plantas reproducirse, están compuestas por esta pared resistente.

–¿Y de dónde los sacan?

–De las rocas. Por ahí tenemos unas plantas primitivas pero de un período más cercano, más o menos 400 millones de años... nada.

–Sí, verdaderamente nada.

–Pero éstas son las primeras plantas que empiezan a aparecer en la tierra. Están vinculadas con todo lo que estuvimos hablando.

–¿Las primeras plantas tienen apenas 400 millones, las primeras plantas que hacen fotosíntesis?

–En la tierra sí. Hasta ese entonces todo ocurría en el mar o vinculado con ambientes acuáticos, pero para colonizar la tierra tuvieron que desarrollar un sistema interno para sostenerse en lugar de flotar, y evitar el viento y la lluvia. Y todo eso pasa alrededor de los 400/450 millones de años, entre el silúrico y el devónico.

–¿Eso es la revolución cámbrica más o menos?

–No, eso es posterior.

–Bueno, y me había dicho que las obtenían de las rocas.

–Así es. En general de rocas de tamaño de grano fino, normalmente llamadas pelitas y de un color negro oscuro, que indica que la materia orgánica se preservó. De lo contrario, si se oxida el material, la materia orgánica se destruye. Son resistentes a los ácidos pero no a la oxidación.

–Y acá llegamos a la parte más interesante: ya rastrearon y consiguieron los fósiles, que no era tarea fácil. ¿Qué es lo que hacen ahí? ¿Van viendo los pasos de la evolución?

–Exacto. Trabajamos sobre los pasos de la evolución y sobre la estratigrafía, que son dos cosas paralelas. La evolución tiene que ver con el tiempo y la estratigrafía se encarga de decirnos en qué tiempo nos encontramos, en qué momento de la historia estamos. La evolución va dando las pautas de cómo fue cambiando lo que sea que uno estudie o lo que sea de la vida a través del tiempo.

–Una cosa que siempre me impresionó es qué le pasa a la gente que está trabajando en estas cosas tan antiguas, que se maneja con escalas de millones de años y que vive su tiempo normal, el tiempo de todos los días. Algo parecido a lo que les puede pasar a los astrónomos con las galaxias a cientos de millones de años luz, o incluso a los historiadores cuando desentierran... en fin, ¿qué le pasa a usted con eso?

–Bueno, debo tener algo de eso porque en realidad yo quería ser astrónoma y cuando hubo que elegir la carrera lo que me pasó es que, como no existe esa carrera en la UBA, tenía que ir a vivir a La Plata o tenía que viajar todos los días, lo cual era imposible. Entonces alguien ahí en La Plata nos dijo “ustedes tienen la carrera de geología en Buenos Aires, y de última puede hacer geología planetaria y se vincula con los planetas”. Y bueno, aquí estoy. Debatiéndome entre los dos tiempos.

–Claro. Usted llega, viene en colectivo, o en coche, escucha los bocinazos, cruza acá la puerta y está 400 millones de años atrás...

–Es así. Pero se equivoca en una cosa: mi trabajo no lo hago solamente acá, sino que estoy todo el día con cosas en la cabeza, a veces voy escribiendo en el auto... me parece que es algo que no se puede cortar. Esto es una tarea que no es como la de un oficinista, llega la hora de terminar, uno cierra el cajón y se va hasta mañana.

–Porque los científicos de la revolución científica, Newton, incluso el siglo XIX, trabajaban con el mundo medio, con el mundo de todos los días, con la mecánica, incluso los planetas. El siglo XX ya es un mundo de grandes períodos de tiempo, de grandes períodos: el espacio científico va más allá de la célula, del mecanismo interior de la célula, es el mundo de lo invisible. ¿Usted siente que vive un poquitito en eso, en el mundo de algo que no se ve, de algo muy muy antiguo?

–Yo siento que en realidad esta ciencia tiene dos desventajas: primero que trabaja con organismos microscópicos y es, por lo tanto, muy difícil de mostrar y explicar a los demás. No es, a simple vista, tan atractiva como los dinosaurios.

–¿Y segundo?

–Que nadie entienda para qué sirve lo que hago. Pero por el otro lado pienso que el estudio de estas cosas es complementario. Yo no puedo estudiar solamente los dinosaurios si no sé qué plantas los acompañaron y de alguna manera los palinomorfos nos cuentan esas cosas. Y hay otra gran desventaja común a toda la paleontología.

–¿A ver?

–Nosotros estudiamos algo que ya no existe y que probablemente nadie crea necesario conocer que existió frente a la preocupación por resolver el problema de las sequías, de las plantaciones, de la alimentación, de la genética, del ser humano, del cinismo y la microbiología.

–¿Y entonces?

–Entonces, para consolarme, pienso que todo esto está vinculado con el tema del petróleo, ya que los palinomorfos son, en realidad, los que han dado origen al petróleo. Las acumulaciones de todos estos pequeños microfósiles de algas de materia orgánica son los que han dado origen al petróleo y de hecho se estudian para encontrar yacimientos de petróleo.

–Entonces hay una aplicación directa.

–Los petroleros tampoco tienen demasiada conciencia de la importancia de los palinomorfos.

–Si quiere que la consuele, puedo decirle que sin dinosaurios se puede vivir, pero sin petróleo no.

–Eso es verdad, sí.

Informe: Nicolás Olszevicki.

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