CIENCIA

Dos biólogas con la impronta de un maestro

Alicia Massarini inició Biología en la Universidad de Buenos Aires porque le interesaba conocer de qué manera el conocimiento científico podía intervenir en el campo social. En efecto, desde bien temprano, problemáticas como la enfermedad de Chagas desvelaban sus sentidos en interminables noches sin dormir pero colmadas de sueños. Todo marchaba de maravillas hasta que debió exiliarse a México: la Dictadura la empujaba fuera de las fronteras nacionales y, en efecto, continuó su formación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Allí, adquirió experiencias muy valiosas que combinaban teoría y práctica, un dúo dinámico cuyas raíces cimentarían un enfoque que vincula ciencia y sociedad. Tiempo más tarde regresó a Argentina, obtuvo una beca de Conicet, realizó un doctorado en Biología en la UBA e investigó en el prestigioso equipo de Osvaldo Reig hasta principios de 2000.

El camino de Adriana Schnek fue menos directo. De adolescente reunía un cúmulo de curiosidades y se destacaba por una inclinación artística muy potente que la invitaba a ser bailarina casi por inercia. Sin embargo, tras su paso por el Colegio Nacional de Buenos Aires, decidió estudiar Biología porque se trataba de un campo que nucleaba múltiples áreas disciplinares que le interesaban. Luego de un comienzo poco auspicioso, en 6º año las cosas cambiarían para siempre. En su trayectoria, Reig también funcionó como referente: fue alumna en su primera cátedra y, casi por arte de magia, los conocimientos adquiridos fueron sistematizados e integrados. El paraguas de la evolución se abría para ambas. Una vez recibida, se volcó hacia la enseñanza y recorrió todos los niveles educativos. Con el cambio de siglo viajó a Francia para realizar una maestría en Epistemología e Historia de la ciencia en la Universidad de París VII.

Párrafo aparte merece el biólogo y paleontólogo argentino Osvaldo Reig (1929-1992), quien tras exiliarse en varias oportunidades, obtuvo su doctorado en Zoología y Paleontología en la Universidad de Londres. En 1984, regresó al país y se convirtió en miembro superior de Conicet. Además, se desempeñó como profesor en la UBA en el Departamento de Ciencias Biológicas (perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales), y lideró el grupo de Investigación en Biología Evolutiva (GIBE). Fue, tal vez, el principal exponente del enfoque evolutivo en Argentina. Una perspectiva que representa el eje articulador de la Biología contemporánea en la medida en que analiza los procesos, las adaptaciones y los accidentes para interpretar la historia de la vida desde su origen hasta la actualidad. Porque en definitiva, sin esta concepción –que supera una perspectiva fragmentada, anacrónica y descontextualizada– sería difícil definir a la Biología como una ciencia.

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