CONTRATAPA

Mañanas campestres

 Por Sandra Russo

Terminaban la reunión con Binner y se sentaban a la mesa de la conferencia de prensa con la soltura que han adquirido en estos días. Tienen tanta cámara y micrófono que hasta ya parece natural el acento afectado de Llambías, que ha sabido decir, con ese modo de hablar de innegable procedencia no campestre, “los hombres del campo estamos en huelga”. Que a un lockout se le llame paro ya es dislate, pero que un señor como ése encima “se” diga en “huelga” obliga a apantallarse del vértigo.

Se sentaron y Llambías, que junto con Buzzi es el más buscado por los periodistas porque ambos son los que producen más frases para títulos, empezó diciendo que habían mandado un fax a la Presidenta, que creían necesario un “gesto de grandeza” y que el paro no se levantaba. Para ellos el gesto de grandeza consistía, al parecer, en dirigirse a la Presidenta. Hay que darle crédito a Julio Bazán, el de TN, porque fue él quien preguntó si no era contradictorio pedir audiencia para dialogar con el Gobierno sin bajar la medida de fuerza. Llambías incluso buscó con la mirada de dónde venía esa primera pregunta, que no era la más cómoda, tan habituado como está a no incomodarse. Explicó que como al Gobierno “ya no le creen”, quieren “cosas concretas”. Listo. Pregunta contestada. Que éste sea un gobierno con cuatro meses de historia y que materialmente no haya habido tiempo para sumar tantas promesas incumplidas como las que agitan los cuatro, es un detalle. Hemos llegado aquí por grandes intereses que se agazapan en detalles al parecer intolerables por gente como ésta, mal llevada para discutir qué es suyo y qué no.

Están acostumbrados, los cuatro, a que sus conferencias de prensa sean en realidad cajas multiplicadoras de sus declaraciones, y punto. Nunca hay preguntas que señalen sus contradicciones, nunca hay preguntas que los interpelen sobre cuestiones vitales y de las que depende no sólo la renta de los dueños de más diez hectáreas. Nunca se los interrumpe cuando están repitiendo falacias o introduciendo conceptos que van más allá de sus intereses. Como ahora, que Llambías habla todo el tiempo del “modelo de país”, en consonancia con Buzzi. ¿Compartirán Buzzi y Llambías los mismos sueños? Porque un “modelo de país” se hace con ingeniería política pero también con sueños, con aspiraciones. El “modelo de país” es el hueso que como perros olfateamos y que nos pone, si olfateamos el mismo hueso, en el mismo camino. ¿Por qué vía indirecta, inesperada, enigmática, habrán confluido los sueños de la Federación Agraria y la Sociedad Rural? No es necesario que la Sociedad Rural explique nada. Nunca lo ha hecho y por esa entidad habla la historia reciente argentina. Pero la Federación Agraria, ¿con qué sueña que a la Sociedad Rural no la inquieta nada, pero nada de nada?

Y Llambías habla también, y mucho, de federalismo. Como Buzzi. En Buzzi se entiende más. En Llambías da miedo. Ya está más que cocinado el cuento de que “el campo” (esa abstracción mediática para designar la revuelta de proporciones que desencadenó entre los productores agropecuarios el intento estatal de retenerles una parte mayor de sus ganancias) son ellos. ¿Y los unitarios? Mierda que tendrán que hacer operaciones de lenguaje para concluir que el gobierno democrático peronista ocupa el lugar de los unitarios.

Acá lo que estalló es la teoría de conjunto. ¿En qué conjunto nos inscribimos, ahora que nuestras nociones de buena gente están tan alteradas? Personalmente no creo que en mi teoría de conjunto entren las bandas de los gremios que arruinaron, bastardearon, ensuciaron la asunción de N. Kirchner a la presidencia del PJ. No movería un dedo ni una neurona para encontrar un argumento que los salve de ser todavía la expresión de lo que a la mayoría de la gente le revuelve el estómago. Y que aún diriman sus rencores a los golpes o a los tiros, como en San Vicente, es grave, porque también indica que hay sectores del peronismo que no han aprendido a detenerse justo antes del pasaje al acto. Que hay sectores peronistas que no profesan la democracia como el juego de violencias puramente verbales.

En el periodismo está pasando lo mismo con el tema de la teoría de conjunto. Muchos colegas que trabajan para las empresas del grupo Clarín están sintiéndose ofendidos y heridos por las críticas que reciben sus medios y algunos de sus columnistas por sus líneas editoriales. Las críticas ya no llegan sólo de Presidencia. Esta semana llegaron desde una Carta Abierta firmada por un millar de personas vinculadas a la universidad y la cultura. El clima está feo y hay suspicacias, rencores, lazos que amenazan quebrarse. El grupo Clarín es tan grande que, en el gremio periodístico, todos tenemos gente querida que trabaja ahí, en una radio, en un diario, en un canal. Y sabemos, entonces, y conviene recordarlo ahora, que los periodistas trabajamos en los medios, pero que no “somos” los medios, así como estos cuatro señores de estas entidades y ni siquiera las miles y miles de personas que tractorean no “son” el campo.

Asimismo, quienes desde un principio elegimos otro punto de vista para mirar las cosas, hemos sido ofendidos, agredidos e incluso difamados con la sospecha de alguna “ganancia” extra. Eso también es juego sucio.

Insisto. Lo que estalló es nuestra teoría de conjunto. Y deberíamos reflexionar sobre esto, porque quizá si permitimos que nuestros viejos lazos y nuestras coincidencias se disipen en el fragor de este conflicto, estaremos perdiéndonos mutuamente. En lo que reconozco como mi conjunto, hay periodistas que trabajan en medios del grupo Clarín. De modo que quisiera, y lo hago, acercarme, para entender mejor qué sienten y cómo entienden los hechos, y para que bajemos cinco cambios, y para que no nos usen.

Pero cuando estoy enterada, por la información que dio en TN Gustavo Silvestre, de que la última reunión entre las entidades y el Gobierno fracasó por “una cuestión de tiempos”, porque el Gobierno había aceptado llegar a la instancia de la “revisión” de las retenciones, y ahí salió Buzzi a apurar diciendo que habían retrocedido, espectacularizando la aparente pulseada ganada, no entiendo cómo después en ese mismo canal que debe contar igual que yo con la información de Gustavo Silvestre, se acepta acríticamente que Buzzi y los otros repitan que “el diálogo no ha servido para nada”. También los periodistas parecen entender que “el diálogo” es decirles a todo que sí, cuando nunca y para nadie eso es un “diálogo”. Dicen que quieren dialogar. Pregúnteles, por favor, qué quieren decir con “diálogo”, porque actúan como si no quisieran dialogar con nadie y es más, como si cualquier control estatal sobre sus negocios fuera una impertinencia imperdonable.

De esto hay mucho. Hay mucho gato que es liebre y mucho eufemismo y mucha codicia inconfesada. Hay, en “el campo”, muchos que necesitan reglas claras para seguir adelante con sus producciones. Pero el fogoneo fuerte viene de los que seguirán ganando fortunas con cualquier cosa que les sirva.

Hay que rever esto de la teoría de conjunto. Las pasiones nos han encendido tanto que podemos quemarnos. Y en lo que reconozco como mi conjunto, la gente cree que hemos sufrido demasiado como para volver a jugar con fuego.

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