EL MUNDO › OPINION

Sri Lanka y la ONU

 Por Adolfo Pérez Esquivel

Como los latinoamericanos conocen muy bien, existe un puñado de crímenes que un Estado puede cometer, que por su naturaleza consisten en eliminar personas consideradas como enemigos políticos, para nunca saber más de ellos. Nuestra región sufrió terriblemente durante la guerra sucia de los años ’70 y ’80, cuando miles de nuestros ciudadanos fueron desaparecidos, torturados y asesinados por las fuerzas de seguridad.

Otros países aún sufren de similar abuso de los derechos humanos. Según las Naciones Unidas (ONU), Sri Lanka tiene ahora la tasa más alta de las desapariciones forzadas en el mundo. Desde hace mucho tiempo Sri Lanka se ha enfrentado a la amenaza terrorista de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE). En los últimos dos años, el gobierno ha optado por emplear una guerra sucia contra el LTTE usando prácticas de tortura a los presos sospechosos de tener vínculos con el LTTE, así como la perpetración de cientos de desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, incluyendo a trabajadores humanitarios.

Increíblemente, el gobierno de Sri Lanka está buscando la validación internacional de sus tácticas abusivas mediante la presentación de su candidatura al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Aun cuando este Concejo señaló en el 2006 que los países elegidos debían demostrar los estándares más altos” en derechos humanos y “cooperar plenamente” con los mecanismos del propio Consejo, Sri Lanka no ha cumplido con ninguno de estos requisitos. Por este motivo, los miembros de las Naciones Unidas no deben votar a favor de Sri Lanka en las elecciones que se celebran en la Asamblea General de Naciones Unidas el próximo 21 de mayo.

En lugar de promover los derechos humanos en todo el mundo, Sri Lanka ha usado su posición en el Consejo para evitar el escrutinio como país violador de derechos humanos. Entre otras cosas, se opuso con éxito a una resolución del Consejo sobre su situación en derechos humanos y se niega a aceptar que la ONU monitoree la crisis humanitaria, como lo recomendaron los expertos en derechos humanos de la ONU y por la alta comisionada para los Derechos Humanos.

Los gobiernos de América latina pueden hacer un gran servicio al pueblo de Sri Lanka rechazando su candidatura al Consejo de Derechos Humanos.

Se debe tener en cuenta que ya existe un precedente dentro de la ONU, cuando el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Jorge Taiana, observó la creación del Consejo. Luego la sociedad argentina padeció las consecuencias, cuando la ex Comisión de Derechos Humanos falló en condenar las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura militar entre los años 1976 a 1983.

América latina puede ayudar a la sufrida población de Sri Lanka, haciendo un llamado internacional a que los responsables por las torturas, desapariciones y asesinatos en Sri Lanka sean investigados y sancionados, así como negarse a apoyar la reelección de gobiernos responsables de esos abusos al Consejo de Derechos Humanos.

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