CONTRATAPA

Homo Franco

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO Rodríguez nunca creyó en las casualidades, pero siempre creyó en eso que Julio Cortázar llamaba “figuras”. Rodríguez leyó una entrevista a Francisco Porrúa, editor de Cortázar, donde explicaba que “Cortázar aseguraba que absolutamente todo respondía a figuras que se podían leer como si se tratara de cuentos o de novelas y que, si se conseguía decodificarlas, permitían adivinar el futuro de la trama de nuestra vida e, inclusive, lo que sucedía en los bordes de esa trama. El modo en que nuestra figura intersectaba con las figuras de otras personas”. Así, por ejemplo: a) Rodríguez no deja de escuchar The Next Day de David Bowie, b) Rodríguez se entera, en un reportaje a uno de los músicos que participaron en el álbum, de que “una de las canciones, antes de que Bowie cambiase su letra, trataba sobre prostitutas en el Vaticano”, c) Rodríguez –mientras en el noticiero pasan imágenes del Etna, otra vez en erupción– lee eso sobre Bowie y piensa: “Podría ser una canción de Franco Battiato”, porque, se sabe, las multifigurativas y volcánicas canciones del siciliano siempre ponen en práctica ese truco sublime: la cruza de lo cotidiano con lo trascendente, el sonido de campanas tibetanas con el aroma del Vicks Vaporub, y d) Rodríguez, a la mañana siguiente, por supuesto, se cruza en la calle con Franco Battiato.

DOS Y, sí, Rodríguez cree en aquél (Julio) y cree en éste (Franco). Y, también, está empezando a cansarse un poco de que todo el mundo le pregunte si él cree (en Francisco). Y ya es suficiente de que todos los telediarios tengan una sección fija vaticana donde se repite una y otra vez eso de “el primero jesuita, el primero latinoamericano, el primero que se llama Francisco”; se enumeran, como cuentas en un rosario, gestos de humildad que van de la ausencia de zapatitos rojos estilo Dorothy en Oz a papamóvil sin vidrios blindados; y se recitan con voz emocionada sus aforismos más bien silvestres. Apenas un audaz se atreve a informar desde allí –otro posible verso para otra posible canción de Battiato, otra figura– que “los imanes para la puerta del refrigerador de Benedicto XVI están ahora a mitad de precio”. Así, Rodríguez contesta que sí cree. Que cree en que la gente está desesperada por creer en algo. Y se acuerda de que Battiato –nacido en 1945 con seis kilos y medio, católico a su manera– hasta compuso un credo, parte de una “misa arcaica”. Battiato, está claro, ya no es el siciliano joven y anguloso que conquistó al Mediterráneo todo con “Centro di Gravità Permanente” (la canción más extraña que jamás bailó Rodríguez en una discoteca; y se acuerda de que a esos graffiti donde se leía Viva Franco, él y sus amigos agregaban, siempre el exorcismo de un Battiato), sino que tiene el venerable aspecto de professore al que matan los fascistas en una novela de Giorgio Bassani o algo así. Y entonces Rodríguez se entera: Battiato está en Barcelona para presentar su último trabajo, Apriti Sesamo y, de paso, para sentarse a responder a periodistas cosas como “Tengo un ángel que cuida de mí. Cuando falleció mi padre, yo tenía unos exámenes. Sólo pude estudiar a Spinoza, para la asignatura de Filosofía, y Virgilio, para la traducción del latín. ¿A que no sabes lo que me tocó...? Lo único que me falta es un buen pasaje. Una buena muerte”. O “No me interesa si hay uno u otro papa, porque siempre hay una clase política dominante dentro del Vaticano (...) la salida de escena de Ratzinger fue extraordinaria. Al fin hizo algo. En ese sentido, Nanni Moretti fue un poco visionario con su Habemus Papam”. Y Moretti (buscar y encontrar en YouTube ese momento sublime en que, político comunista cansado de lugares comunes, Moretti se pone a cantar “E Ti Vengo a Cercare” en Palombella Rossa) siempre que puede mete alguna canción de Battiato en lo suyo. Y Rodríguez, siempre que pudo, fue a ver cantar y girar a Battiato. Y a girar con él. Como un derviche en verbenas de verano, sí.

TRES Es ciencia: todo cabe y todo entra de todo en las canciones de Battiato. ¿Menciona Battiato alguna vez a Chipre? Rodríguez piensa y, sí, en inglés, en “Come Away Death”, en Il Vuoto.

CUATRO Y en Apriti Sesamo, Battiato canta/dice –en ese italiano suyo tan dantesco– “Viva la juventud, que afortunadamente pasa sin más problemas”. O “Nos creemos libres pero somos esclavos, andando ruidosamente por las calles, alzando solo polvo”, “El dinero se arrastra como una serpiente, celebrándose en las ciudades de Occidente” o “Vivimos en un mundo horrible”. Y, por si hace falta, aclara: “Este es un disco lleno de esperanza, porque yo soy un optimista”. Y sí, francamente, hace falta.

CINCO Y –Franco es una forma sintética y abreviada de Francisco– Rodríguez, de golpe, se acuerda de que alguna vez se aprendió de memoria una “Oración del patriota” firmada por Battiato. Y que –incluidas sus “instrucciones para el uso de la oración: recitar por la noche, tarde, con voz absolutamente inexpresiva, frente al televisor, con el volumen bajísimo, justo cuando se anuncia el fin de la programación”– la recuerda hasta la última coma. Y, tragando, Rodríguez –encontrando en ella un centro de gravedad permanente– la recita: “Oh, Gran Guía que nos sostienes en nuestra causa solitaria: Encuentra un sistema cualquiera para que pueda soportar a mi pueblo que, cuando se casa y va al fútbol, hace exactamente el mismo espantoso ruido. Haz que siempre me disgusten los graznidos de los campanarios grabados en un disco y haz engordar todavía un poco más a mi párroco, que durante la misa gira el culo hacia Dios justo en el momento más sacro. Complace a los científicos y ayúdales a enviar a algún primo suyo a la Luna, único sitio de la galaxia más oscuro que esta Tierra. Hazme olvidar a los poetas de mi infancia, pero sobre todo que olviden la suya, dado que esos poetas no han crecido nunca. Protégeme de los desbarajustes estereofónicos y de los bailarines rusos que siguen pisando Occidente (dado que en Oriente no saben qué hacer con ellos). Dame una sola erección que no dependa del olor de las inmundicias y ayúdame a no hacer un hijo modelo ‘algún-día-todo-esto-será-tuyo’. Como compensación, hazme viajar mucho (más en tren que con mi imaginación) y no hagas que encuentre sólo pasos a nivel sino también algún paso de nivel. Bendice a los peluqueros y haz desaparecer en paz a algunos profesores universitarios, porque es mejor dar forma al cabello que a las cabezas. En cualquier caso, para mejorar las cosas, propongo, con tu luminosa ayuda, declarar la guerra al adversario más terrible que yo jamás he conocido y que también ahora me está escuchando, con ese aire tan suyo de infinita complacencia, todo el tiempo, incluso por las mañanas, cuando me espía desde el espejo del cuarto de baño”.

Ya sabe Francisco –si quiere ser verdaderamente histórico– que debería ser, también, el primero en llamar a Franco para que le escriba los sermones de compleja sencillez, le diagrame concilios revolucionarios, le señale y explique las figuras más allá de frescos y cúpulas y, si hace falta, una mañana divina, ocupe y llene el súbito y absoluto vacío de su sitio.

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