CULTURA › UNA BIOGRAFIA DE GARDEL

“Tuvimos que lidiar con mucho macaneo”

En su libro, Julián y Osvaldo Barsky se animan a buscar los puntos más oscuros.

Por K. M.

A Carlos Gardel, el mito, comenzó a construirlo poco a poco, y con mucho trabajo de por medio, Charles Gardes, el hombre, aunque una muerte trágica en el mejor momento de su carrera haya contribuido a cimentar al primero. Esto queda claro en el exhaustivo y muy documentado trabajo de Julián y Osvaldo Barsky, Gardel, la biografía, editado por Taurus. A ciento catorce años de su nacimiento y en el Día Nacional del Tango, el libro aparece como un material necesario sobre un personaje atravesado por el mito, en un país que ostenta poca tradición de la biografía como género.
El lugar de nacimiento de Gardel, para empezar, es uno de los tópicos que forman parte del folklore del tango. Los Barsky dejan claro que ocurrió en Tolouse, reuniendo la abundante documentación existente al respecto. Que el 10 de marzo de 1893, a los dos años y tres meses, el niño Charles Romuald Gardes llegó al puerto de Buenos Aires a bordo del buque Dom Pedro junto a su madre, Berthe Gardes. Que su condición de inmigrante y de hijo natural de una humilde planchadora tuvieron que ver, justamente, con las posteriores deformaciones y ocultamientos –siempre contradictorios– que Gardel haría de su propia historia en sus declaraciones. Y con la forma en que se construyó a sí mismo, como tantos artistas inmigrantes o descendientes de inmigrantes de la época, como el cantor nacional por excelencia.
Este es, quizás, uno de los mayores aciertos del libro: no importa tanto el lugar en el que nació Gardel (de hecho, investigaciones anteriores como la de Juan Carlos Esteban ya lo habían dado por probado), sino la forma en que ese lugar influyó en su personalidad y en su carrera. No importa la acumulación del dato, la polémica estéril, sino la comprensión del personaje que marcó un antes y un después en la música argentina. Claro que en el folklore del tango hay cuerda para rato, y seguirá habiéndola: hace poco Barsky hijo escuchó el contestador de la Municipalidad de Tacuarembó: “Usted se ha comunicado con la Municipalidad de la tierra de Carlos Gardel. Si conoce el número de interno, márquelo”, dice una voz con Leguizamo solo de fondo.
La extensa obra, de 942 páginas, llevó diecisiete años de trabajo de Osvaldo y Julián Barsky, padre e hijo. Julián es músico y periodista, autor de Seru Giran, el retorno. Osvaldo es magister en Sociología e investigador del Conicet, autor y editor de numerosos libros y artículos sobre el agro argentino y sobre la educación superior. Además de contextualizar cada etapa de la vida de Gardel, los Barsky recopilan abundantes documentos y fotografías e incluyen anexos con su filmografía y discografía, y con los mitos creados alrededor de Gardel: su lugar de nacimiento, su estadía en la carcel de Ushuaia, la sanata gardeliana, las viudas e hijos que cosechó tras su muerte. El de su supuesta homosexualidad, explican los autores, fue dejado de lado por carecer del mínimo sustento. Sí, en cambio, se describe su noviazgo de años con Isabel del Valle, su dificultad para terminar con esta relación, que incluía frecuentes extorsiones monetarias de la familia de la prometida, y sus múltiples romances alrededor del mundo.
–¿Cómo idearon esta biografía?
Osvaldo Barsky:
–En 1988 salió traducida la biografía de Gardel que hizo el inglés Simon Collier. Me la llevé para leer en las vacaciones y encontré muchos puntos oscuros en los que Collier se rendía: esto nunca se podrá saber, concluía. ¿Por qué no se puede saber? Las ganas de querer saber nos guiaron a este trabajo.
–¿Qué fue lo más difícil de investigar?
Julián Barsky: –En general, sobre Gardel se han hecho generalizaciones posteriores a su muerte, ya desde el mito, o descripciones muy mínimas y detallistas sobre un aspecto acotado de su vida, hechas por personajes de época. O el mito o el detalle, pocas veces un panorama global. Nosotros intentamos buscar cuánto hay de verdadero en cada uno y armamos una composición de lugar, reconstruyendo cómo era la época, qué hacía un pibe en Buenos Aires de 1900 con una madre planchadora a la que veía poco, viviendo con ella en una piecita de conventillo, compartiendo una cama o, ya más grande, separados por una cortina para dormir. ¿Cómo creció ese chico? ¿Cómo descubrió la música y la ciudad?
O. B.: –También hubo que limpiar tanto macaneo alrededor de Gardel, y es inevitable. Igual que pasa ahora con Maradona, todos lo vieron debutar, todos fueron sus íntimos amigos, todos lo descubrieron.
J. B.: –Y sus propios macaneos, porque él también tergiversaba su pasado, daba datos confusos, diferentes cada vez. O los de su madre, que aseguró que era viuda hasta su muerte, por ejemplo, o que se las arregló para contar de una forma más “decente” que pasó cinco años sin ver a su hijo, cuando en la adolescencia se fue de su casa.
–¿Cuál es, a su juicio, el mayor hallazgo de la biografía?
O. B.: –Uno de ellos es reconstruir la formación musical de Gardel, todo lo que aprendió del mundo musical de la época, de las payadas pero también de las canzonettas, las zarzuelas, las óperas. Con toda esta formación él pudo largarse a crear el tango cantado. Como decimos en el libro: Gardel no fue el primero que cantó Mi noche triste, ni el primero que cantó un tango, pero sí el que marcó un antes y un después en el tango cantado. Otro hallazgo es el del Gardel actor, en una época en que las dos artes estaban más integradas que ahora, con su doble importancia: por un lado, el Gardel que hace un gran esfuerzo por llegar a ser un buen actor de cine, el trabajo con su físico, la hora y media de gimnasia sueca todas las mañanas y la hora de caminata todas las noches para adelgazar. Por otro lado, el Gardel que vuelca lo actoral en la música, el gran intérprete de las letras, el que estudia a fondo la poesía antes de interpretar cada tango.
–¿Y qué cosas los sorprendieron a lo largo de la investigación?
J. B.: –La integridad de Gardel, la coherencia entre el personaje y la persona. El mostraba un personaje de muchacho porteño, bonachón, siempre contento, con tiempo para todo, mano suelta con los amigos. Así era en la vida. Era frecuente que a la salida de un concierto les pidiera a sus músicos que desenfundaran las “escobas” (las guitarras) y cantaran para los que habían quedado afuera, o que exigiera dar otra función a mitad de precio. Algo difícil de imaginar hoy en día.

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El trabajo de investigación de los Barsky llevó 17 años.
 
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