DEPORTES › FEDERER SIN UN SOLO GRAND SLAM

Qué año de amargura

 Por Sebastián Fest

Acababa de clausurarse una era, y sus dos protagonistas, los hombres que les dieron forma a los “años R”, se cruzaron en el vestuario.

“Mucha mala suerte”, acertó a decirle Rafael Nadal a un Roger Federer devastado. “Animo”, agregó el español, con la genuina simpatía y admiración que siente por el suizo. No hubo posibilidad de mucho más, en parte porque Nadal debía salir a jugar su semifinal ante el escocés Andy Murray, pero sobre todo porque no tenía sentido agregar palabras: por segundo año consecutivo, Federer se quedó en las semifinales del US Open desaprovechando match-points ante Novak Djokovic.

El dolor del suizo era demasiado grande. ¿Para qué hurgar en la herida? Se trataba, al fin y al cabo, de más que una derrota, porque el adiós a Nueva York ponía fin a ocho temporadas consecutivas en las que Federer se llevó –siempre– al menos un título de Grand Slam.

En 2011 todo fue distinto, con estaciones terminales en la semifinal de Australia, la final de Roland Garros, los cuartos de Wimbledon y la semifinal del US Open.

De haber derrotado al casi demoníaco jugador de tenis que es hoy Djokovic, ganador de tres de los cuatro Grands Slam de 2011, Federer habría nutrido su aura de algo especial, porque fue él quien le cortó la racha de 43 victorias consecutivas en Roland Garros. Repitiendo aquello, el prestigio del suizo se habría reforzado en esta temporada extraña que vive.

Pero nada de eso sucedió, y ya está en Australia para jugar la Copa Davis, un viaje en el que podrá darle una y más vueltas a lo que sucedió. “Debí haber ganado este partido”, admitió, sin tapujos, un Federer de voz ronca y gorra negra bien calada.

A Federer le dolía el alma de tenista y el orgullo de campeón, y a su padre, Robert, la derrota parecía haberlo golpeado más aún que a su hijo: “Prefiero no hablar, prefiero no hablar...”. Su hijo, en cambio, hablaba, aunque algunas preguntas fueran dolorosas, aunque para más de una no tuviera respuestas convincentes. El suizo, como siempre hizo en su carrera, afrontó todas las preguntas, buceó en detalles de su historia y de la de otros e incluso lanzó un par de bromas, algo apagadas, pero bromas al fin.

“Es una sensación rara. Tengo que pensar aún cómo es que perdí este partido. Es, quizás, un año duro en términos de algunas derrotas fuertes en determinadas fases de la temporada”, profundizó Federer, que lleva apenas un título en todo el año, el de Doha, a principios de temporada. Para un hombre que ganó 67 en toda su carrera, 16 de ellos de Grand Slam, ese único éxito en Doha significa que algo no funciona como antes, sobre todo si se lo compara con los 11 torneos ganados en 2004 y 2005 y los 12 de 2006.

Casado, y padre de gemelas desde hace dos años, Federer sigue siendo dueño de un tenis que emociona e impacta, pero perdió bastante de su capacidad de rematar partidos importantes en instancias decisivas. ¿Es el final? Sus colegas se niegan a creerlo, y Federer, que ya admitió que llegará en enero a Australia con “mucha hambre” de victorias, tiene en 2012 un año de grandes motivaciones. Por un lado, la de volver a ganar un Grand Slam. Por el otro, la oportunidad única de jugar dos veces sobre el césped sagrado de Wimbledon, ya que el All England será escenario del tenis de los Juegos Olímpicos de Londres. Si hasta está intentando convencer a Martina Hingis de que vuelva de su retiro para jugar el dobles mixto con él...

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