DEPORTES › EL LIBRO DE SERGIO “CACHITO” VIGIL

Las Leonas en el papel

 Por Pablo Ribera

Pese a la abundante cantidad de logros obtenidos con Las Leonas, Sergio “Cachito” Vigil, fundador de aquel ciclo que se inició en 1997 y que continúa dando frutos, siempre se las arregló para trazarse nuevos objetivos. Supo indagar su costado conferencista y también su capacidad para ser gerente deportivo de River. Ahora se animó a explorar una faceta distinta, la de escritor. Un viaje interior (editorial Hojas del Sur) partió de la idea de relatar su recorrido al mando de la selección femenina de hockey, pero fue más allá. “Sentí deseos de contar algo mucho más importante que mi vida de entrenador de Las Leonas, yo quería un libro de las profundidades de todo eso”, cuenta Vigil.

–¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?

–La propuesta me produjo un buceo interno en el que sentí deseos de contar algo. Pero algo mucho más importante que mi vida de entrenador, de educador y de conferencista. Entre mis cosas había escritos guardados desde hacía años. Todo conducía a un combate entre la superficialidad y la profundidad. Encontré el hilo conductor con dos personajes que dialogan todo el tiempo y otros dos secundarios, la vida, que está siempre, y la razón, que aparece en determinados momentos.

–¿Por qué ese perfil?

–No quería la historia del entrenador de Las Leonas, sino la de todo lo que se encontraba en las profundidades mientras eso sucedía. Cuando entregué todos esos escritos, esos primeros diálogos, los editores me dijeron: “Cachito, esto es una obra de teatro”, y eso para mí fue como ganar una medalla olímpica. Se habla del éxito, la incertidumbre, el amor, la actitud, el ser y el deber ser. También hay anécdotas. Las Leonas no son la historia, pero cuando los personajes hablan de la alta competencia, uno de ellos cuenta una anécdota puntual muy especial, con nombres y apellidos. Creo que es el momento más carnal del libro.

–Como hombre del hockey, ¿qué opina de la decisión de Aníbal Fernández, ahora presidente de la Confederación, de prescindir de Marcelo Garrafo y Fernando Nicola, los entrenadores de las selecciones?

–No importa si quien llega a presidente de la Confederación es político, empresario o deportista. Lo importante es que tenga la capacidad para hacerlo. A Aníbal le sobra inteligencia, capacidad de trabajo y experiencia de gestión. Es algo por lo que lo respeto enormemente. Tiene la libre facultad de tomar sus decisiones y lo ha hecho. Pero creo que en este caso no se dio en la tecla y me parece que es una lástima. Los dos planteles se sentían identificados con los entrenadores, habían logrado resultados numéricos y convencían desde el juego. Los jugadores creían en la propuesta y la estaban desarrollando con un continuo crecimiento. Garrafo es el gran maestro del hockey. Yo, (Gabriel) Minadeo y Carlos Retegui aprendimos de él. Las Leonas estaban siendo dirigidas por el mejor y eran felices en todo aspecto, convencidas de la propuesta. Por eso, como amante del hockey, me entristece y no es fácil digerirlo. Hablo como conductor de un equipo, por lo que me abstraigo de los aspectos que no se refieran a lo deportivo, me parece que en este momento era más importante la calidad deportiva que se estaba manifestando antes que otras cosas que se priorizaron para tomar la decisión.

–¿Qué sucederá con las Leonas cuando Luciana Aymar abandone el hockey?

–Algo parecido a cuando Maradona se retiró del fútbol. El público, el deporte y los equipos van a sentir su ausencia. Pero la crisis sólo será desde lo simbólico, del corazón. El seleccionado cada vez va a ser mejor, porque ya lo demostró con el tiempo. Produce cada vez mejores jugadoras y tiene mejores posibilidades para entrenarse y desarrollarse. Cada seleccionado dejó una huella en los valores del entrenamiento y de la autosuperación, algo que le permitió a las siguientes generaciones dar el salto a un nivel mayor.

–¿A qué atribuye la ausencia de esa huella en otras disciplinas?

–El vértigo que genera el fútbol en todo sentido imposibilita la generación de espacios para poder desarrollarse y crecer. El hockey todavía no está contaminado de esa violencia, propagada no sólo por los que lo miran, también por los que lo discuten y por los que lo dirigen. Me parece que el hockey todavía vive en el paraíso donde los que lo viven están muy protegidos. El futbolista no puede desarrollarse en un espacio de tranquilidad que le brinde la posibilidad de errar, el hockey sí. El problema no está en los futbolistas ni en los entrenadores, sino en todo lo demás que hace que pongan en una cárcel sin salida a técnicos y futbolistas. Si salen de ella van a querer ser devorados, por eso se adaptan.

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