DEPORTES › SE POSTERGO LA REUNION QUE TENIA PENDIENTE CON JULIO GRONDONA, EL TITULAR DE LA AFA

Sabella no termina de decir que no

Todo indica que el entrenador de la Selección no quiere continuar en su cargo, pero dejó pasar una vez más la ocasión de hacerlo oficial. Se presume que la semana que viene podría haber, por fin, una definición en la cuestión.

 Por Adrián De Benedictis

La Selección Argentina se consagró subcampeona del mundo hace doce días en Brasil, y en cualquier otra circunstancia nadie habría dudado de la continuidad del entrenador. En este caso, Alejandro Sabella se encargó de mantener el suspenso después de la derrota ante los alemanes, y a través de sus allegados se conocieron algunos de los motivos que esgrimiría para no permanecer en ese lugar. El elevado estrés que le provoca el cargo, el reclamo de su entorno familiar para que deje la función, sus ganas de afrontar un desafío en un club de Europa y hasta eventuales complicaciones de salud jugaban en contra. Ayer suspendió la reunión que tenía previsto llevar a cabo con Julio Grondona, el titular de la AFA, cuando crecían las versiones sobre su negativa final a continuar en el cargo. Grondona había dicho el miércoles que no tenía un plan alternativo.

El ciclo de Sabella arrojó un saldo de 26 victorias, 10 empates y 5 derrotas en 41 partidos, con 75 goles a favor y 32 en contra. Ese proceso tuvo diferentes matices, en su mayoría más cerca del lado positivo, y el Mundial fue el punto culminante de su tarea. El técnico se dio cuenta desde días antes de iniciar esa competencia de que todo el beneplácito que provocaba ya no sería el mismo. Comenzó a sentir de cerca que la ascendencia que tenía sobre los jugadores no sería igual en la cita máxima y que tendría que lidiar con figuras estelares que ya no eran los jóvenes que habían conseguido el título en el Mundial Sub-20 de Holanda, en 2005. Las exigencias y los condicionamientos de los jugadores eran muy distintos a cuando había asumido, casi tres años antes.

Sabella en ningún momento renegó de lo que podían ofrecerle los futbolistas en el campo de juego y tuvo claro que no era casualidad que se desempeñaran en los mejores equipos del mundo. Tampoco cuestionó la falta de compromiso para ir en busca del gran objetivo, que era alzar la Copa del Mundo en el estadio Maracaná. Pero tuvo que soportar egoísmos y empecinamientos que no habían aparecido anteriormente.

Lionel Messi es un chico con una personalidad más sumisa que la de otros, al menos hacia el exterior, pero tiene muy claro cómo manejar los momentos adentro del vestuario. Y es ahí, cuando nadie lo ve, donde se hace fuerte. No sólo por ser el capitán, sino por todo el peso futbolístico que posee, el rosarino comprende que eso le permite tener el poder absoluto, a pesar de que no se le escucha mucho la voz. Y ni siquiera tuvo que pasar un partido para hacerse notar. En apenas 45 minutos, el día del debut ante Bosnia, reclamó en la intimidad sobre la postura que tenía el seleccionado en la cancha e inmediatamente aparecieron las modificaciones.

Con sus recomendaciones, Messi fue construyendo su círculo, en el cual no había lugar para Carlos Tevez, por ejemplo, alguien que en otras condiciones hubiera sido citado por el propio Sabella. Y en el cual sí entraba Ezequiel Lavezzi, quien habría sido señalado por el entrenador para dejar el equipo antes del viaje a Belo Horizonte, a partir del episodio que protagonizó eludiendo un control antidoping en el predio de Ezeiza, dispuesto por la FIFA. La molestia de Sabella por ello fue muy grande e inmediatamente había decidido que el jugador del París Saint Germain sea desafectado, pero la intervención de Messi, en este caso junto al subcapitán Javier Mascherano, hizo que el delantero permaneciera en el plantel, sosteniendo que era vital para la convivencia del grupo. Por motivos inesperados, Lavezzi terminó siendo titular en el Mundial.

El que tuvo que pagar por esa situación fue Ever Banega, que dejó el equipo ante la sorpresa de muchos. Sabella tomó así una determinación fuerte, para no perder más posiciones sobre sus dirigidos. En ciertas cuestiones futbolísticas, a lo largo del certamen, terminó ganando el entrenador, cuando decidió formar un mediocampo más combativo, a cambio de resignar potencia ofensiva. Como el equipo avanzaba en el Mundial, Messi se mantuvo cauteloso, aun sabiendo que se veía perjudicado por ese sistema. Pero también habría alzado la voz al terminar el primer tiempo del partido ante Alemania, reclamando mayor acompañamiento en los últimos metros. Sabella reaccionó sacando al mejor hombre de Argentina hasta ese momento: Lavezzi.

Una pregunta que también sigue buscando respuesta es por qué se marchó Josep Guardiola del Barcelona español. El hombre que llevó a Messi a ser el número uno adujo motivos valederos en esa ocasión, pero también sabía que la preponderancia sobre los hombres que habían logrado todos los títulos posibles no era la misma, y los distanciamientos se hicieron más pronunciados.

Sabella también debió lidiar con alguien que hizo fuerza para que sea el elegido: Carlos Bilardo. El director de Selecciones Nacionales, con la confianza y el acercamiento que tuvo siempre con Sabella, se tomaba atribuciones para hacerle sugerencias, algo que el técnico fue rechazando de a poco, al punto de que la relación no sea la misma que al inicio.

Cuando el mes que viene se cumplan tres años desde que asumió Sabella, exactamente el 6 de agosto, se recordará seguramente la importancia de que los procesos tengan continuidad en el tiempo. Joachim Löw, el conductor alemán, va camino a cumplir diez años trabajando con el seleccionado. Y hace pocos días ganó su primer título.

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Grondona y Sabella todavía no se reunieron. La semana que viene sería el plazo clave.
Imagen: Télam
 
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