DEPORTES › FUTBOL > ESTUDIANTES Y GIMNASIA A LAS TROMPADAS Y PATADAS EN MAR DEL PLATA

Un bochorno por fin de semana

Ningún jugador quedó al margen de la pelea generalizada. Esta vez, el Tribunal de Disciplina aplicaría sanciones más severas.

 Por Miguel Hein

El fútbol argentino sigue agregando páginas vergonzosas a su historia. El nuevo bochorno se dio casi en la medianoche del domingo, en Mar del Plata, en el clásico que jugaron Estudiantes y Gimnasia. Estaban en tiempo de descuento –el árbitro Silvio Trucco había dado siete minutos por las interrupciones debidas a que la hinchada del Lobo exhibió reiteradamente banderas sustraídas a fanáticos del Pincha– cuando Estudiantes tuvo la posibilidad de ponerse 2-0. Bueno se fue solo, intentó definir por sobre Bologna, pero el arquero lo impidió levantando las manos. Por esa acción, Trucco echó al arquero, aunque las imágenes repetidas por la televisión mostraron que la pelota había dado en su pecho y no en su brazo, como interpretó el árbitro, que lo expulsó, lo que acarreó vehementes reclamos contra el sexteto arbitral. El tiro libre para los dirigidos por Nelson Vivas devino en un contragolpe para los de Troglio. Mal parado Estudiantes, el juvenil Ascacíbar interrumpió el peligroso avance de Gimnasia encabezado por Medina con una fuerte falta desde atrás. Acertado, Trucco le sacó la roja. Pero apenas se dio vuelta para salir del campo de juego, el volante fue increpado por varios jugadores del Lobo. Inmediatamente esos insultos dieron paso a una pelea generalizada entre los jugadores que estaban en la cancha y también los suplentes. Varios futbolistas se travistieron en boxeadores, luchadores, cultores del kick boxing, armaron sus guardias y se trenzaron con cada uno que vestía una camiseta diferente de la suya. Entre los “boxeadores” destacados estuvo Mariano Andújar, que repartió puñetazos a más no poder hasta que cayó y de agresor pasó a ser agredido por una auténtica horda que se cansó de pegarle patadas. Casi todos pegaban, eran pocos los que intentaban separar.

Cuando los ánimos se calmaron mínimamente, el árbitro comunicó la suspensión del partido por incidentes generalizados entre los futbolistas, que se fueron a los vestuarios. Pero para completar el bochorno, los de Estudiantes volvieron rápidamente al campo de juego a fin de festejar con sus hinchas el pírrico 1-0 parcial obtenido mientras se dedicaron a “jugar al fútbol”, aunque antes habían acordado con sus pares de Gimnasia retirarse juntos a los vestuarios para dar una señal de concordia a la hinchada.

Los hechos de violencia registrados en el Superclásico entre Boca y River del 23 de enero quedaron empequeñecidos por este escándalo que seguramente registra pocos antecedentes en el fútbol argentino, que cada día tiene menos de fútbol y mucho más de lucha libre. En muchos países, y en otros deportes, agresiones como las de ayer son penadas severamente y no con uno, dos o tres partidos de suspensión a cumplir en otros encuentros amistosos, como las que el Tribunal de Disciplina aplicó a Gino Peruzzi, Jonathan Silva, Daniel Díaz o Leonardo Pisculichi. Por ahí esta vez, ante un hecho que alcanzó niveles insólitos de violencia, las penas alcancen la magnitud justa para un escándalo que transformó al estadio José María Minella en un ring gigante.

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Las imágenes reflejan, apenas, el nivel de violencia que alcanzaron las peleas entre los jugadores.
 
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