DEPORTES › LA SELECCIóN PERDIó EN LOS PENALES LA FINAL DE LA COPA AMéRICA CENTENARIO ANTE CHILE

Otra vez comió sopa de cebollas

 Por Facundo Martínez

No pudo ser. Otra vez los penales como maldición, otra final de Copa América perdida frente a Chile, la tercera final –con el Mundial incluido– de una camada de jugadores que brillan en sus equipos pero en la Selección parecen signados por la frustración. Otra vez Higuaín tuvo el título en sus pies, y no pudo ser. La Selección se quedó con las manos vacías, con bronca, con lágrimas, con impotencia. Messi, el mejor de todos, siempre, falló su penal, el primero de la Selección y luego de que Romero le atajara el disparo a Vidal. Después falló Biglia, el tercero, y el sueño del equipo del Tata Martino se terminó de estrujar cuando Silva anotó el quinto y sentenció la noche en Nueva Jersey.

El partido fue otra cosa. Duro, friccionado, con un Chile que especuló más de lo que jugó y una Argentina que iba cambiando sus caras, que por momentos parecía gran cosa y por momentos se desfiguraba. Y eso desde el arranque. El remate de Banega antes de cumplirse el minuto de juego disparó la ilusión, que al cabo del primer cuarto de hora se había convertido en preocupación. No sólo por lo que los chilenos complicaban con su constante presión, sino porque tanto Di María como Ever Banega, dos que habían llegado con lo justo a la final, prendieron sus luces de alarma y, con Lamela y Gaitán calentando a un costado, la Selección comenzó su sufrimiento.

La duda, las fallas y el miedo a que la situación empeore afectó el trabajo del mediocampo y –a pedido de Mascherano– obligó a los defensores a pasar la pelota por arriba de la línea de volantes, para que tanto Messi, por multiplicidad de recursos, como Higuaín, por potencia, sacaran algún conejo de la galera. Mágicamente, Di María mejoró y a los 16 minutos tuvo una oportunidad con un remate frontal que le salió alto.

Sin embargo, la más clara de la primera parte la tuvo el Pipita, y la erró. El mismo había robado una pelota y tras una corta carrera quedó mano a mano con Bravo, con espacio y tiempo para pensar y definir como el goleador de la Liga de Italia que todos esperan. No se sabrá bién en qué pensó, pero su definición cruzada, apenas por arriba del cuerpo del arquero, se fue mansita a un costado del arco. En su intento por despejarla, Medel se quedó incrustado contra el palo; con él se quedó también el Pipita, mentalmente. De ahí en más, fue como si lo hubiera visitado el fantasma de la final del Mundial de Brasil frente a Alemania.

El lamento de los hinchas duró poco porque Otamendi, que tenía una tarde-noche perfecta, cabeceó perfectamente un centro de Messi, de tiro libre, y la pelota pasó apenas afuera del palo izquierdo de Bravo.

La expulsión de Marcelo Díaz –jugador clave en el mediocampo chileno– por doble amarilla, tras dos faltas sobre Messi.

La Pulga se agrandó y con él la Selección retomó el dominio, apoyada en el trabajo de Rojo y Banega, ya mejorado, por la banda derecha, mientras los chilenos se desgastaban cubriendo el vacío de Díaz. En eso estaba el trámite cuando Di María volvió a aparecer con un remate desde afuera, que Bravo contuvo sobre el primer palo.

Apenas comenzó a soltarse la Selección, con toques precisos y buenas combinaciones entre defensores y volantes, y justo cuando Chile parecía canalizar su impotencia con una fricción constante, el equipo de Martino sufrió la expulsión de Rojo, que vio una roja directa por una entrada violenta sobre Vidal. Fue la primera expulsión de la Selección en la era Martino, y un baldazo de agua fría que volvió a poner el partido en tablas.

No cambió el Tata para la segunda parte. Siguió con Biglia como cinco y Mascherano unos metros retrasado y Funes Mori corrido a la izquierda. Tampoco inquietó. Chile, en cambio, mejoró. Comenzó a cuidar la pelota y a acercarse peligrosamente al arco de Romero. Todas las propuestas de Argentina pasaban por los arranques de Messi. Higuaín tuvo otra chance, y se le fue alta. Después, Martino decidió reforzar el mediocampo, con el ingreso de Kranevitter por Di María.

Para los minutos finales, los chilenos resignaron todas sus chances al contragolpe y los argentinos, a alguna corrida iluminada de Messi, que intentaba todas pero terminaba ahogado en la marea de camisetas rojas que lo rodeaban. Con el ingreso de Agüero, el DT buscó un socio como para aliviar algo el trabajo desesperanzado del capitán argentino.

Romero apareció con sus luces a los 79, ante un remate de gol de Vargas, en otro contragolpe que encontró mal parada a la defensa argentina. Con Chile jugando mejor y la Selección intentando disimular su impotencia, y con unos remates aislados de gol del Kun, que le pegó horrible y alto, y otro de Banega, también por arriba, una pelota salvada en la línea por Funes Mori y un disparo sin mira de Messi, el partido se encaminó derechito al alargue.

Allí aparecieron definitivamente los arqueros. Romero salvó una pelota tremenda, y después se lució Bravo, ante un cabezazo de Agüero que se le metía en un ángulo, tras un centro de Messi. Con el ingreso de Lamela para jugar los últimos quince minutos, la Selección consiguió un poco de aire fresco y una ruta peligrosa para acercarse nuevamente al arco de rival. Con esa mejor imagen final de la Argetina, el partido se fue a la lotería de los penales.


Estadio: MetLife Stadium (Nueva Jersey).

Arbitro: Heber Lopes (Brasil).

Cambios: 56m Kranevitter por Di María (A), 69m Agüero por Higuaín (A), 79m Puch por Fuenzalida (Ch); 100m Silva por A. Sánchez (Ch); 108m Castillo por Vargas (Ch), 110m Lamela por Banega (A).

Incidencias: 27m expulsado Díaz (Ch), doble amarilla; 42m expulsado Rojo (A), roja directa.

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