DEPORTES › CON SU PASE A SEMIFINALES EN EL ABIERTO FRANCES

Suárez se convirtió en top-ten

Por S. F.
Desde París

Nueve años atrás, Paola Suárez confesaba a un par de periodistas en un oscuro rincón de Roland Garros sus planes de futuro: “Si no gano el próximo partido, me retiro”. A los 19 años, 173º del ranking, le ganó aquel partido ante la estadounidense Mary Joe Fernández, 12º del mundo. Sumó cerca de 14 mil dólares, unos 6 mil más que si hubiera perdido en el debut, y esa diferencia fue la que nueve temporadas después le permitió ganar en cuartos de final de Roland Garros para ubicarse a las puertas de su primera final de Grand Slam.
“Es increíble –recordaba ayer tras derrotar a la rusa Maria Sharapova 6-1, 6-3 y avanzar a las semifinales–. Fue ese partido, fue la ayuda de mis padres, fue mi entrenador... Todos ellos ayudaron a que esté hoy aquí.”
Ese “aquí” engloba mucho: las semifinales de Roland Garros, el número uno del mundo en dobles y su nuevo “status” de “top-ten”. Los números marcan que Suárez es ya la mejor jugadora argentina de la historia tras Gabriela Sabatini. Pero con infinitamente menos medios que Sabatini, Suárez se está haciendo un pequeño lugar en la historia.
“Fue duro llegar hasta acá. Trabajé mucho, porque no tengo mucho talento. Y económicamente fue muy difícil, porque no tenía el dinero necesario para viajar”, resaltó. Mañana jugará la semifinal con la rusa Elena Dementieva, que eliminó a Amélie Mauresmo.
Mientras los ojos de sus compatriotas están puestos en lo que hagan los cuatro hombres en cuartos de final, Suárez, en silencio, escaló hasta la antesala de la lucha por el título sin ceder un set.
“Es inexplicable la felicidad que tengo al ver los resultados del sacrificio que hizo mi familia. Esta es además la primera vez que vienen a verme mi mamá y mi hermano”, continuó la argentina, de 27 años, que recorre el circuito desde hace más de una década.
Nada llama demasiado la atención en Suárez, que desde sus 170 centímetros y sus 64 kilos parece a simple vista una jugadora más entre las pocas latinoamericanas que viven del tenis. Capturó un lugar entre las cien primeras del mundo por primera vez en 1996, y desde entonces –salvo un bajón en 1997– subió peldaño a peldaño hacia la elite.
Su unión con la española Virginia Ruano como pareja de dobles en 1999 fue fundamental para ello. “Me acostumbré a jugar finales en canchas centrales, gané experiencia”, explica. Tanto se acostumbró que con Ruano llegó al número uno del mundo en la especialidad y ganó cinco torneos de Grand Slam, categoría en la que llevan disputadas ocho finales consecutivas, además de haber ganado el Masters en el 2003. “Mis resultados en dobles están tapando lo que hago en singles”, admitió.

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