DEPORTES › ENTREVISTA CON JOSE NESTOR PEKERMAN, TECNICO DE LA SELECCION ARGENTINA, A DOS MESES DE SU ASUNCION

“La clase media del fútbol argentino desapareció”

Con su tranquilidad habitual, el entrenador entrega un diagnóstico sobre la problemática del juego actual. Respeta las críticas de Menotti y Bilardo y considera que su equipo está en un proceso de transformación.

 Por Gustavo Veiga

José Pekerman sabe de lo que habla cuando habla de fútbol. Su serenidad para divulgar lo que piensa, abruma. Ni siquiera le mueven un músculo de la cara las chicanas de dos técnicos campeones mundiales como César Luis Menotti y Carlos Bilardo. El parece en armonía con la bucólica calma que transmite el predio de la AFA en Ezeiza, su lugar de trabajo. En ese clima distendido, sin prisa –y sin mirar el reloj–, el conductor de la Selección Argentina le dedicó casi dos horas de entrevista a Página/12. Abordó todos los temas propuestos sin gambetas ni artilugios dialécticos, aunque antes se tomó un tiempo prudente para masticar sus respuestas. La charla, entonces, transcurrió sin interrupciones y hasta dejó algunas definiciones curiosas como una referida a la clase media del fútbol.
–Casi en simultáneo con su designación, dos referentes como Menotti y Bilardo le formularon críticas muy duras. Qué sintió, por ejemplo, cuando el primero se preguntó: ¿Qué es Pekerman?
–Mi opinión sobre ellos no va a cambiar por esa actitud. Me representan, me hicieron muy felices y me enseñaron mucho. En el fútbol siempre se deben respetar las opiniones y yo las respeto. Tendrán sus motivos y sus dudas. Cada uno puede expresarlas y hacerlas públicas, si lo desea. Pero eso no va a modificar lo que pienso. Estoy convencido de que puedo hacer las cosas bien en la Selección, más allá de cualquier juicio. Y estoy convencido porque me dieron la responsabilidad y voy a hacer todo para demostrar que la merecía.
–Usted tuvo un gesto poco frecuente cuando no aceptó dirigir al seleccionado después de que se alejó Daniel Passarella, ¿podría recordarnos por qué y cuál fue la razón que en septiembre último lo llevó a cambiar de idea?
–¡Tan difícil es en la Argentina que puedan aceptar a una persona que piensa así! Cuando a mí me llamaron para la Selección Juvenil, yo no me propuse para ser su técnico. Entendí que el fútbol argentino quería desarrollar un proyecto nuevo. No me puse como número uno, ni con nombre propio o de colaboradores que debían estar. El proyecto fue evaluado y me designaron a mí. Y al primero que llamé para estar a mi lado fue a Jorge Griffa. Hago referencia a esa etapa, porque cuando llegaron los éxitos en juveniles y me ofrecieron conducir la Selección Mayor, tuve un replanteo. No podía pasar de un día para el otro de trabajar con menores a esta función. ¿Por qué? Porque había descuidado durante tres o cuatro años el fútbol de los grandes. En ese momento no era lo mejor para la Selección. Y ahí pensé en Marcelo Bielsa...
–¿Considera que ese gesto no fue valorado?
–Todos, en un momento dado, nos dejamos llevar por el sentimiento. Pero los que ocupamos un lugar importante debemos reflexionar antes de hablar. El tiempo demostró que Bielsa hizo un gran trabajo, más allá de que, fatalmente, tuvo un mal resultado en el Mundial de Corea y Japón. Siempre me he sentido muy feliz de aquella decisión. Pero ahora es otra historia...
–¿La historia que, hace un par de meses, usted decidió empezar a transitar al frente del seleccionado?
–Nosotros, lo primero que tenemos que decirle a la gente, es: Argentina, al nivel de Selección Mayor, hace mucho tiempo que no gana nada. Acá somos muy pasionales con el fútbol y tenemos la facilidad de agrandar y achicar las cosas hasta el extremo. Siempre. Y muchas veces la memoria no la utilizamos demasiado. Los protagonistas, los que estamos en esto, tenemos la obligación de ser equilibrados. Saber dónde estamos y hacia dónde vamos.
–¿En dónde estamos?
–El seleccionado atraviesa una etapa de transformación. Inició su ciclo buscando un equipo nuevo, con cambios permanentes de futbolistas y en el medio de una Eliminatoria. Tiene que ir avanzando en la construcción de una identidad, con los costos que eso demanda. Así y todo, no nos puede confundir el hecho de que estamos primeros en la clasificación para el Mundial. Que ninguno piense que, por estar en esa posición, ya somos campeones o contamos con el mejor equipo. Cuando nos equivocamos en este análisis no nos fue bien. Por eso, elijo la mesura.
–¿En qué percibe más ese exitismo?
–Todos suponen que debemos marcar la diferencia. Se da por sobreentendido que la Argentina es muy superior en algunos partidos, pero esto hay que demostrarlo después en el campo. Y no se logra hablando o tirando sobre la cancha el nombre de un jugador. Se demuestra actuando. Hay que explicarle al público que, hoy, el campeón de Europa es Grecia. Cuando hace diez años era impensado que países como Inglaterra, Alemania, Italia o Francia cedieran su lugar para que Grecia fuera el campeón. Ahora bien, ¿ganó de modo accidental el campeonato? No... superó a sus rivales, fue una selección organizada, con trabajo y sin grandes nombres. Esto mismo también corre para equipos de clubes, como los galácticos. Tener los mejores jugadores no significa tener un equipo.
–En ese contexto, ¿cómo pretende que juegue la Selección?
–Uno tiene el deseo de hacer determinadas cosas, vamos a ir mejorando y espero que sea como el público espera. Con un equipo que lo represente: que se juegue por la camiseta, que tenga dinámica, fútbol, con alegría en los momentos que se pueda, pero además con seriedad, con responsabilidad...
–Usted ha dicho que el equipo está en una etapa de construcción. Cuando tenga a todos o casi todos los jugadores a su disposición, ¿con qué criterio los seleccionará?
–Nosotros debemos ir avanzando en virtud del tiempo perdido y en plena competencia. Yo quiero que los jugadores sepan que nadie tiene asegurado un lugar hasta último momento. Y va a depender de cómo ellos vayan incorporándose al equipo y cómo estén. De nada vale encontrar un equipo dos o tres años antes del objetivo, porque pasan los años y las situaciones varían. Por ejemplo, nosotros contamos con jugadores de indudable calidad que, por distintos motivos, en sus clubes no los ponen. Por lo que fuera. Y esa situación, indudablemente, les quita posibilidades de jugar en la Selección. Hoy no tenemos tantos indiscutibles.
–Con el material que hay, ¿la Selección jugará con línea de cuatro o de tres defensores? ¿Se queda definitivamente con alguna fórmula?
–Yo digo lo mismo que Marcelo Bielsa. El siempre nombraba el equipo con línea de cuatro. Después, el funcionamiento lo hacía ver casi como una línea de tres. Pero el concepto es de cuatro defensores, el fútbol argentino tradicional tiene línea de cuatro. Así nos iniciamos y lo sentimos todos acá. Y vamos adaptando el sistema porque en el fútbol hay que buscar un dinamismo o copar el juego en la mitad de la cancha con un hombre más.
–¿Puede mencionar alguna característica que le haya llamado la atención del grupo que se está formando?
–Un elemento a tomar en cuenta es que esta Selección es muy joven para la historia del fútbol argentino. ¿Cuándo el fútbol nacional, a un año y medio de un Mundial, tuvo un zaguero central de 20 años, un volante central de 20 años y dos delanteros como Delgado y Figueroa de 22 años? Yo les pido que hagan memoria para saber si la Argentina contó con cuatro, cinco o seis futbolistas menores de 23 años en la Selección Mayor. Esto habla de que estamos en formación. Por más que estos chicos tengan un gran rendimiento. Yo recuerdo que cuando estaba Bielsa, en su primer ciclo, el puesto de número cinco lo peleaban Simeone y Almeyda. Jugadores que llevaban varios años en Europa y que habían pasado por los equipos importantes de Italia y España. Ahora, quizá Mascherano y Cambiasso están discutiendo ese puesto, con 20 y 23 años. Pero desde Ayala hasta los marcadores centrales que tienen que reemplazarlo hay una diferencia generacional demasiado grande.
–¿Por qué?
–La clase media del fútbol argentino desapareció. Y la clase media es un sostén... es como una metáfora de la sociedad.
–La elaboración del juego que usted propone, a partir de otorgarle un rol clave a Riquelme en ella, cambió la dinámica del ataque. ¿En esa decisión radica su principal diferencia con Bielsa?
–Nadie va a descubrir nada en cuanto a las características de Riquelme y estoy muy contento de que él pueda comenzar a desarrollar su fútbol. Quizás, en otros equipos, no lo ha podido completar. El juego es una adecuación de las dos partes. Un jugador que se desempeña muy bien en un equipo, donde juega a gusto, tal vez en otro no pueda hacer lo mismo. Pero no es que busco algo distinto, que intento diferenciarme. Yo a lo mejor quiero hacer lo mismo que hacía Bielsa. Marcelo tuvo un grupo para el Mundial 2002 que no era igual al último que condujo. Y muchos dijeron que él estaba cambiando. Pero quizá él no estaba cambiando, sino los jugadores.

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José Pekerman se ilusiona con conducir a un grupo de pibes.
 
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