EL PAíS

Si en Uruguay el frente es amplio, en Rosario planearon uno amplísimo

Una asamblea de más de 700 personas dio inicio a un nuevo
movimiento político y social. Desde la UCR al PC, pasando por la CTA. Todavía no se habla de alianzas electorales.

 Por Eduardo Tagliaferro

La emoción flotaba en el aire. Casi todos los oradores coincidieron con que se estaba frente a un hecho fundacional. Aunque cada uno lo expresó a su manera, fue el obispo metodista Federico Pagura el primero que le puso palabras a esa sensación. “De alguna manera percibimos que algo pasa. Y es un lujo que pase aquí en nuestra ciudad. Rosario es cuna de nuestra bandera. Rosario es la cuna del Che, Rosario fue hace poco la cuna del Congreso de la Lengua Española y la cuna del Congreso de las Lenguas Indígenas. Rosario es hoy la cuna de este movimiento político y social, que planteará que otra Argentina es posible, otra Latinoamérica es posible, otro mundo es posible”, dijo arrancando la primera de la larga serie de aplausos que tuvo la tarde de ayer en el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas. Más de 700 personas se encontraron para dar comienzo a una serie de asambleas que se realizarán en todo el país. Nadie se anima a decir si esto se traducirá en un acuerdo electoral. Tampoco nadie lo niega. Todos piensan en la experiencia del Frente Amplio uruguayo y no se asustan del largo camino que tienen por delante.
Luego de que Edgardo Forn, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, diera lectura al documento elaborado por los impulsores de la movida, fueron Carlos Heller, titular de Abappra, y Víctor De Gennaro, titular de la CTA, quienes arrancaron con la seguidilla de exposiciones. “Estamos frente a un movimiento que nace diferente. Miren cómo nos sentamos”, señaló Heller en relación al círculo de sillas ocupadas por militantes y dirigentes de las más diversas extracciones. El salón desbordaba. Luego de recordar al recientemente fallecido Floreal Gorini, señaló que la crisis argentina “no se arregla con pequeños retoques, sino con un cambio profundo. Y eso necesita actores diferentes”.
Con la voz cargada de emoción, De Gennaro enumeró sus sentimientos: alegría, emoción, temor, ganas. Luego de reconocer que los grupos dominantes suelen apelar al terror, comentó que “a través de su comunicación hegemónica nos dicen que seremos incapaces. Algunos ya nos están contando los días”. No esquivó la pregunta más difícil: la formación de una coalición electoral en el 2005. “Nuestros tiempos son otros, nuestro tiempo es la vida”, dijo. Quedó claro algo que en las charlas informales, varios dirigentes repitieron. El 2005 está muy cerca y los objetivos son muy grandes para detenerse en una elección. En algunas provincias, como Córdoba o Neuquén, la posibilidad de que las fuerzas que integran este movimiento confluyan aparece más cercana. En sus propias palabras, la apuesta es “construir una nueva identidad sin renunciar a la propia”. Algo complejo si se observa el panel de participantes.
Del socialismo, entre otros, estaban: el rosarino Hermes Binner y los bonaerenses Jorge Rivas y Ariel Basteiro. Fue notoria la ausencia del único senador nacional, el santafesino Rubén Giustiniani. El punto no pasó inadvertido y al igual que sucede con otras representaciones, esto no oculta algunas internas dentro de las fuerzas que participaron de la movida. Por eso se insistió en precisar que se participaba a título personal. Algo similar sucede con los principales referentes de la CTA, nucleamiento que contiene a kirchneristas cerrados como Luis D’Elía o a referentes del ARI como Marta Maffei. De la CTA estuvieron, además de De Gennaro, el diputado Claudio Lozano, Pablo Micheli de ATE, y varios dirigentes del interior.
Entre los cooperativistas, además de Heller y Forn, se ubicaron Juan Carlos Junio y Julio Gambina. Entre los referentes sociales se destacó la monja Martha Pelloni, monseñor Pagura, Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria Argentina, y campesinos del Mocase. Las adhesiones cubrieron un abanico que llegó desde el cordobés Luis Juez, hasta el intendente de Morón, Martín Sabbatella, pasando por el titular de Clacso-Argentina,Atilio Borón. De los diputados nacionales estuvieron Mario Cafiero, Margarita Jarque y Margarita Stolbizer. Adhirieron Alicia Castro y Patricia Walsh.
La exhortación más frecuente fue a reproducir y discutir el documento, a repetir las asambleas y a sumar a todos los sectores sociales necesarios. “Los que estamos aquí no estamos todos. Esto tiene que multiplicarse por miles”, dijo Binner, quien no pudo, ni quiso, ocultar la profunda emoción que tenía. A renglón seguido y hablando de su partido, el radicalismo, Stolbizer comentó: “Participo desde una identidad partidaria y esto no significa dar aval a quienes traicionaron esa identidad”.
Rivas reconoció que esta reunión “se vino discutiendo durante siete meses entre 25 militantes y no salió ni una sola línea en los medios”. La mención destacaba un nuevo estilo. Una nueva práctica y ese es el desafío. Echegaray comentó que en una entrevista radial contestó con dudas a la pregunta si se había aprendido de los errores de anteriores experiencias. “Ahora tengo más convencimiento que dudas de que hemos aprendido.” Todos reconocen que la unidad no es imposible, pero sí que requiere de las mejores virtudes, entre ellas la de la tolerancia. Para Julio Gambina esa unidad excluye “a la clase dominante, ya que se trata de construir un bloque popular que ponga fin a la transferencia de recursos de los más pobres a los más ricos”. Los encuentros continuarán en Mar del Plata, Córdoba, Buenos Aires. Concluirán el 16 de abril del 2005 en la Capital, con una asamblea nacional que sintetice todas esas reuniones. ¿Elecciones? Todavía falta mucho.

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“Estamos frente a un movimiento que nace diferente. Miren cómo nos sentamos”, señaló Carlos Heller.
 
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