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El Cabildo Abierto futbolero

Ocurrió hace ya veinte años, pero para el futbolmaníaco televisivo parece que fue ayer. El relator oficial de la televisión argentina de entonces transmitió ¡un partido completo del Mundial de España! mencionando por su nombre y apellido a un jugador que no estaba en la cancha. ¿Lo recuerdan, no? Cada vez que Mauro Viale mencionaba a Dassaev en el arco del seleccionado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, los futbolmaníacos, que debían resignarse a esa sola transmisión, como a tantas otras cosas, pegaban un respingo. “No es Dassaev”, decían, gritaban, rugían, demandaban, denunciaban, se desalentaban. Pero el futuro gerente de noticias del Canal 7 menemista ni por asomo dudaba sobre el nombre del soviético que ocupaba el arco. Ningún productor lo alertó, ningún comentarista, ningún compañero: los diarios de aquel día de junio del ‘82 decían bien claro el nombre del suplente que reemplazaba a aquel espigado titular, lesionado durante la semana.
La anécdota se repite de boca en boca, entre futbolmaníacos televisivos, cada vez que se presenta el tema de analizar qué poco que saben, cuán mal informado están, cómo se nota que nunca jugaron muchos de los tipos que se ganan la vida hablando de fútbol en televisión. El fútbol presenta problemas ontológicos claros. Uno de ellos: ¿qué, es exactamente, saber de fútbol? Horacio Pagani sostiene que cualquier futbolero –a él le gusta la palabra futbolero– sabe tanto como los periodistas especializados, en lo que podría sonar a una autocrítica. Enrique Macaya Márquez opina lo contrario: que la gente cree que sabe, pero ignora muchos detalles, entre ellos el reglamento. La gente, de todas maneras, no dice cada dos por tres “en lo que hace a....”. Nadie relata bien por haberle pegado con comba en un tiro libre... ¿pero puede relatar bien alguien que tiene una gran voz, pero cuando se la tiran al pecho la toma con las dos manos? Viale nunca jugó al futbol. A Marcelo Araujo... mejor no tirársela al pecho.
Los futbolmaníacos televisivos están en Cabildo Abierto, a horas del Mundial. ¿Verán la transmisión de América, la del 7 o la de DirecTV? ¿Valdrá la pena, como tantas otras veces, bajar el volumen de la tele y escuchar el relato de Víctor Hugo? Si se opta por eso, ¿llegará sincronizado el relato radial con la imagen televisiva? Eliminado Araujo como relator del Mundial, gracias a las internas de Torneos y Competencias, y sin que nadie opte por Matías Martin, que es bueno de verdad, ¿será Mariano Closs la solución? Closs sí juega al futbol, y bien, para colmo de volante ofensivo... pero es tan morfón y llorón que termina peleado con medio mundo. Los futbolmaníacos sostienen que eso se nota en su relato, que es como él mismo jugando: cancherito, sobrador, difícil de soportar. Y además, a su lado está Fernando Niembro, que insiste en que tira caños cuando en realidad se los come, en el verde césped, se entiende. Nada de esto puede ser peor, empero, que un recuerdo del ‘90: Antonio Carrizo y Carlos Barulich arrodillados, agradeciendo al cielo, en un estudio de Canal 7 en que los gritos de euforia tapaban el relato que llegaba de Italia.

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