DEPORTES › LA FIFA PIENSA EN MEDIDAS CONTRA LOS CLUBES

El racismo queda en off-side

Paolo Di Canio reivindicó su saludo fascista y asegura que volverá a hacerlo, pero Blatter quiere sanciones contra los que lo permitan.

“Estoy alucinado con esta sanción, es una injusticia pero sobre todo una sentencia política. Yo saludo así y lo haré siempre, lo que hicieron es una vergüenza y me vienen más ganas de rebelarme.” A Paolo Di Canio le gusta la polémica. Se peleó toda su carrera por las canchas de fútbol de Italia e Inglaterra y acumuló tantos enemigos en los equipos rivales como amigos en sus hinchadas por su entrega en el campo. Pero a sus 37 años alcanzó el cenit de la provocación al saludar con el brazo levantado al estilo fascista y al reafirmarse en ello pese a ser sancionado.
La sentencia se refería al partido Lazio-Juventus del sábado, cuando el jugador repitió el gesto ya realizado una semana antes contra el Livorno. Esta vez el saludo le costó un partido de sanción y una multa de 10.000 euros (casi 12.000 dólares), la misma cantidad que también tendrá que pagar la Lazio por responsabilidad objetiva.
Por ahora, el entrenador de la Lazio, Delio Rossi, y su presidente, Claudio Lotito, defienden al jugador explicando que no se trata de un gesto político y que no hay racismo en el saludo de Di Canio.
No opina así el máximo mandatario de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Joseph Blatter, que cree que la imposición de multas “no tiene ningún efecto” para solucionar el problema, que es una “vergüenza para el deporte”.
Di Canio acusa de “prohibir la libre expresión” y repite que el saludo se refiere a lo que se hacía en la antigua Roma y “que se trata de un sentido de pertenencia a un grupo de aficionados, no evoca el régimen fascista y aun menos es un saludo racista”.
“Hice el saludo romano en Siena, en Livorno y contra la ‘Juve’, y prometo volver a hacerlo –advirtió–. No es un delito y por lo tanto lo hago. Todo el mundo conoce mis ideas, escribí un libro sobre Mussolini y en Inglaterra vendí 1320 ejemplares en dos horas. Había mucha gente haciendo cola para comprar el libro, inclusive judíos y gente de color.”
La Constitución italiana no permite la apología del fascismo, pero el país se pregunta: si la política no tiene que entrar en el fútbol qué se hará con las banderas rojas con la hoz y el martillo que ondean habitualmente en el estadio del Livorno o con el puño levantado del capitán Cristiano Lucarelli.
“El saludo romano representa la historia, y si queremos renegar de ella habría que quitar muchas estatuas en la capital –reaccionó Di Canio–. ¿Por qué no se monta un asunto por la camiseta (con la imagen) del Che Guevara que vistió Lucarelli? Tengo mis ideas y las expongo desde hace cinco años.”
Sin embargo, la justicia deportiva aplica el reglamento y si Di Canio continúa saludando con el brazo levantado, fascista, romano o como quiera llamarlo, se quedará en el vestuario en vez de salir al campo de juego.
Blatter amenazó con medidas contra el racismo que podrían afectar a los clubes, ya que las sanciones económicas no son suficientes. “Siempre se puede encontrar a alguien con suficiente dinero para pagar la multa”, dijo el dirigente. “Cuando lo veo (a Di Canio) me pongo triste por los jugadores. Puedo entender a los hinchas, ellos pueden perder el control, pero un jugador... Cuando actúan así, abusan de su deporte”, expresó Blatter.
Entre las posibles medidas contra los clubes no se descartan sanciones, supresión de puntos ni descensos de categoría. Blatter anunció que los expertos jurídicos de la FIFA decidirán en enero qué medidas se pueden tomar para reforzar las reglas antirracismo de FIFA tras los últimos escándalos.

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Paolo Di Canio insiste en que repetirá su saludo fascista.
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