DEPORTES › EL INGENIERO SE VA EN 2007 CON MUCHA OPOSICION

En el año de su despedida, a Macri no le dan los números

Mientras busca un nuevo ámbito para gobernar, el presidente de Boca inicia su salida con un balance desfavorable, con cuentas abiertas en el exterior y operaciones de jugadores poco claras.

 Por Gustavo Veiga

Mauricio Macri tiene intenciones de gobernar algo, aunque todavía no sabe bien qué. Un país, una provincia, una ciudad, ni él mismo puede afirmarlo. En el Congreso, como diputado nacional, sugiere que se aburre, pero de Boca, el club que dejará a sus espaldas en 2007 después de conducirlo durante 12 años, seguramente no diga lo mismo. Ahí ganó –aunque no juega– quince títulos nacionales e internacionales, que en una institución deportiva es lo que más reluce. Pero también ingresó a la antesala de su despedida con números muy desfavorables en el último balance, un tendal de víctimas políticas en el oficialismo que oxigena a la oposición para las elecciones de diciembre próximo, la persecución de sus adversarios internos y una sensación instalada de que la transparencia lejos estuvo de rodear sus actos de gobierno. El ingeniero hizo y deshizo a piacere: lo demuestran unas operaciones por miles de dólares con cuentas abiertas en el exterior –de las que Página/12 tuvo acceso a copias– y negociados aprobados esta temporada con pases de jugadores. El fútbol ha sido demasiado generoso con el líder del PRO, la fuerza de centroderecha con la que ansía saltar de la Bombonera a la Casa Rosada.

Las tres transferencias bancarias tienen la fecha del 20 de junio de este año. Están firmadas por el presidente Mauricio Macri y el tesorero José Costa Pereira. De ellas se desprende que Boca abrió la cuenta número 510 589956 0 en la sucursal Nueva York de la Banca Nazionale del Lavoro, institución con la que también opera una cuenta corriente en la Argentina. El club le solicitó a ese banco que le debitara de esa cuenta tres sumas: 500.000, 453.750 y 246.250 dólares, que fueron a parar a Transcambio SA, Forex Cambio SA y Alhec Tours SA, respectivamente, tres compañías del mercado financiero que operan en cambio y también en turismo.

De esa cuenta y las operaciones no hay señales en el último balance, que se cerró el 30 de junio. Quizá porque el club no la tiene operativa, quedó la cuenta en cero o porque aún posee fondos, y sin embargo, no la declaró. Como fuere, Boca le giró dinero a Alhec Tours, la misma empresa que operaba con Eduardo López, el presidente de Newell’s, cuando éste era investigado por la Afip debido a sospechas por lavado de dinero. Según un artículo del periodista rosarino Carlos Del Frade publicado en el 2003, eso ocurrió cuando la compañía le abonó a la institución rojinegra cheques por el pase del volante Diego Mateo, que había sido transferido al Lecce de Italia.

Las pistas del dinero se esfuman en todos esos nombres, no prueban absolutamente nada, pero sí tornan más dificultosa cualquier pesquisa cuando se intenta probar cómo se concretan las transferencias de futbolistas en la Argentina. López y Macri han realizado más de una operación entre sus respectivos clubes. Y con el último balance de Boca en las manos, queda en evidencia quién ganó y quién perdió en este año que termina.

Los casos
Belluschi y Garay

Uno, el más cotizado, juega en River y en el último clásico resultó una de las figuras del 3 a 1 que sufrió el por entonces equipo de Ricardo La Volpe. El otro, ex zaguero del seleccionado Sub 20 campeón del mundo, fue transferido al Racing de Santander español. Fernando Belluschi y Ezequiel Garay jamás llegaron a ponerse la camiseta de Boca pero, no obstante, figuran mencionados en el último balance. Y no es sólo eso. Sus pases, de los que el club era propietario del 100 por ciento en cada caso, contribuyeron a que el ejercicio arrojara superávit. Gracias a los 6.092.000 pesos que valía el volante y los 3.801.000 que costaba el defensor.

En realidad, quien se aprovechó de las cotizaciones de ambos futbolistas fue Newell’s, el equipo en el que se formaron. Porque López, su presidente, los colocó en River y en España –cuando antes se los había vendido a Boca– y hasta el cierre del balance no había liquidado las sumas correspondientes. “La institución ha iniciado reclamos tendientes al cobro de los respectivos créditos con Newell’s debido a que dicha entidad ha cobrado la totalidad del precio de venta del jugador Ezequiel Garay y ha cobrado parcialmente el precio de venta del jugador Fernando Belluschi, pero no ha procedido a la cancelación de las sumas adeudadas a Boca...”, dicen quienes firmaron el balance.

Y más adelante señalan que los reclamos “tendrán una resolución favorable para la institución en el corto plazo, razón por la cual no se ha registrado previsión alguna sobre estos créditos”. La confianza mata al hombre, dice un viejo refrán. Hace unos días, en Boca anunciaron el embargo de las cuentas de Newell’s. Su presidente, un habitual librador de cheques sin fondos, debe haber sufrido un ataque de pánico.

Herederos y
opositores

Desde el mismo momento en que asumió la presidencia, el 13 de diciembre de 1995, Macri comenzó a ganarse enemigos en su propia fuerza. Su manejo unipersonal de los asuntos boquenses, desde la solicitud de discriminatorios avales para ser miembro de la comisión directiva hasta el armado de un poder paralelo basado en un entramado de empresarios sospechados de hacer negocios a expensas de Boca, provocaron que aquellos con los que había comenzado a dar sus primeros pasos en la política interna sean sus principales opositores de ahora.

Pablo Abbatángelo (h), de la agrupación La Bombonera, fue el primero en alejarse al poco tiempo de ganar las elecciones, después de oponerse a las obras de remodelación de la Bombonera sin licitación. Con el tiempo le siguieron otros, como Roberto Digón, un antiguo militante del peronismo porteño que había sido su vicepresidente, al que terminaron aplicándole el derecho de admisión y querellándolo. También fue corrido del círculo áulico del ingeniero Juan Carlos Crespi, el gremialista petrolero que todavía revista como vocal de la comisión directiva. “Macri es el dueño del club”, le dijo a este diario en agosto de 2005, días después de que casi se tomara a golpes con el presidente en el vestuario, cuando el equipo se disponía a jugar el segundo partido con las Chivas de México por la Copa Libertadores. “El que manda acá soy yo”, lo reprendió Macri, después de que éste lo había interpelado: “Pendejo, vos no tenés huevos...”. En cambio, con el radical Enrique “Coti” Nosiglia, que pertenece a la misma agrupación de Crespi, la relación tuvo más idas y vueltas.

Con sus diferencias, los tres, Abbatángelo, Digón y Crespi, le entablarán lucha al candidato que bendiga Macri. Hasta ahora, sería el vicepresidente y actual tesorero de la AFA, Pedro Pompilio, el hombre que oficia de nexo con Julio Grondona para consolidar una nueva alianza política en el fútbol, que puede trascender más allá de su perímetro en un 2007 electoral. Detrás de este ex empresario textil, que hoy percibe suculentos honorarios como miembro del staff de la FIFA (integra la subcomisión de Estadios y Seguridad), el sucesor de alternativa sería un cuadro del holding familiar de los Macri: Orlando Salvestrini, actual vocal titular de la comisión directiva.

La última asamblea de representantes boquense significó una dura derrota para el presidente que éste no toleraría así nomás. Y tras ella, quienes votaron en contra de las reformas estatutarias que proponía (como bajar la cantidad de asambleístas de 210 a 150) fueron desplazados de las áreas clave en que participaban: Crespi en Fútbol, Pablo Herman como secretario de actas –en su agrupación, Resurgimiento Boquense, intentan convencerlo para que se postule a presidente–, Julio Pérez como titular de la Comisión de Socios y Jorge Bittar, de Arriba Boca y a cargo de Acción Social, un sector vital en la estrategia asistencialista del ingeniero. Este diario dialogó con algunas fuentes de estos espacios políticos que, por ahora, no quieren hacer declaraciones públicas. Da la sensación de que temen más represalias o de que se están reacomodando en la interna del club.

Hace unos años, Macri expresó: “Sería mi mayor fracaso si no aparecieran hombres para sucederme”. En rigor, no fracasó. La diferencia con el sentido que les dio a esas palabras es que surgieron varios candidatos a reemplazarlo, pero la mayoría por la oposición que supo robustecer con su política autoritaria.

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Mauricio Macri utiliza su gestión en Boca como plataforma política, aunque su paso por el club no es transparente.
 
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