ECONOMíA › LA CRISIS DAñA LAS EXPORTACIONES BRASILEñAS

Ni los más grandes logran escaparse

 Por Cledis Candelaresi

La producción industrial brasileña cayó 17,2 por ciento en el primer bimestre en relación con el mismo período del año pasado y, si bien en marzo tuvo un superávit muy superior al de hace un año, los pronósticos de la administración de Luiz Inácio da Silva indican que a fin de 2009 sus ventas externas habrán retrocedido tanto en volumen como en valor. Ni uno ni otro dato son a priori alentadores para los industriales argentinos, hoy angustiados por China, pero siempre temerosos de la competencia de Brasil.

El golpe de ánimo puede venir de otra estadística que se conoció el miércoles y está referida a que, después de 69 meses de déficit, el comercio bilateral resultó superavitario para la Argentina en 20 millones de dólares. Magro, pero podría indicar un cambio de tendencia.

Aunque demuestra buenos reflejos, la economía más grande del subcontinente no puede escapar a la crisis. Su mercado interno está retraído, en parte por la escasez de crédito, que sigue resultando muy caro. Y sus ventas al exterior consiguieron seguir creciendo, pero a un ritmo menor que las importaciones, incluyendo la de productos asiáticos.

El superávit brasileño de marzo fue de 1771 millones de dólares y pasa los 3000 millones en todo el trimestre, 9,1 por ciento más que el saldo a favor que consiguió el año pasado. Pero hay razones para dudar de que se pueda mantener esta buena performance. Una es que las compras de Brasil crecieron 28 por ciento en ese período, contra 20 de sus ventas. Los organismos oficiales brasileños ya ajustaron sus previsiones y calculan que este año las exportaciones retrocederán entre un 15 y un 20 por ciento en precio y un 10 por ciento en cantidad.

La producción industrial de marzo tuvo el mayor retroceso en 18 años. En las encuestas oficiales, los propios empresarios vaticinan que 2009 será un año de retracción –luego de haber crecido 3,1 por ciento el año pasado–, con una caída importante en los sectores siderúrgicos, minero y automotor. Ayer mismo se conoció que Gerdau Acominas despidió trescientos empleados en Ouro Branco. Un ejemplo ilustrativo, aunque casi anecdótico en relación a otras purgas masivas anunciadas o ya ejecutadas.

El impacto que puede tener esa caída en la industria local aún no es nítido, aunque no suena a buena noticia. Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas después de Europa y una contracción en su mercado doméstico, una de las razones del parate fabril, cierra posibilidades. Tampoco es buen augurio que el retroceso se dé en sectores complementarios con la producción local como el automotor, algo que efectivamente ocurrió: la fabricación de vehículos y metales básicos cayó en el país vecino un 30 por ciento en relación con un año atrás. De hecho, el intercambio comercial entre las terminales ubicadas en uno y otro territorio, segmento protagónico del comercio bilateral, baja.

El gobierno brasileño reanima con medidas como la reciente supresión para las automotrices de un impuesto específico sobre productos industrializados o con el relanzamiento de un plan de viviendas para sectores de bajos recursos. Pero esos bálsamos poco inciden en la suerte de los productores locales. En otras palabras, los problemas de sus competidores brasileños no generan ningún nicho para ellos.

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