ECONOMíA › EL PRODUCTO INDUSTRIAL CRECIO OTRO 2 POR CIENTO

Sonrisas de corto alcance

La industria creció en febrero un 14 por ciento en relación con el deprimido 2001, y un 2 sobre enero. Pero no todas son rosas: el nuevo modelo “productivo” ya muestra sus límites.

 Por Claudio Scaletta

Fuentes oficiales adelantaron que la producción industrial mostraría durante el primer bimestre de 2003 un crecimiento interanual en torno al 15 por ciento, en tanto que para la comparación febrero-enero el crecimiento sería del 2 por ciento. Para los funcionarios más ansiosos por mostrar algún dato positivo, las cifras indicarían un afianzamiento de la salida de la recesión y el éxito del modelo “productivo” basado en sustitución de importaciones y crecimiento de las exportaciones. Pero si se examinan bien los datos que dará a conocer el Indec mañana, se verá que las resultados no son tan promisorios. Las industrias que crecen sustituyendo lo hacen en el contexto de mercados que se achican, mientras que, en ausencia de inversiones, las exportaciones se encuentran próximas al límite de sus posibilidades.
Durante todo el 2003, y en especial durante el primer semestre, siempre que se analicen estadísticas de producción habrá que repetir que las comparaciones interanuales se realizan contra períodos de máxima recesión. Como el primer trimestre de 2002 recibió de lleno el impacto del corralito y la devaluación, no resulta difícil explicar que el Estimador Mensual Industrial (EMI) de enero de 2003 haya crecido al nivel interanual record del 16,5 por ciento, y que siguiendo la tendencia el número de febrero esté cerca del 14 por ciento.
Por eso, desde el Ministerio de Economía sostienen que el dato relevante no es la comparación interanual, sino la mensual, que fue del 4 por ciento en enero (contra diciembre) y que rondaría el 2 por ciento en febrero. Según los funcionarios, estos valores mostrarían que la industria crece y que el modelo “productivo” comienza a dar sus frutos.
Sin embargo, el crecimiento de la producción fabril enfrenta un dilema de hierro: los mismos factores que posibilitaron su recuperación son los que hoy le ponen freno.
Como se dijo, el crecimiento responde, además de a la tibia recuperación de las exportaciones (aun no reflejada por las cifras oficiales), a la sustitución de importaciones. Este proceso se asienta en la mayor “protección” del mercado interno provocada por la fuerte devaluación y en el acentuado aumento de la rentabilidad de las empresas. A su vez, las mayores ganancias empresarias se explican por el congelamiento de los salarios y, en menor medida, de las tarifas de los servicios públicos. En otras palabras, por la significativa caída de los costos empresarios.
Las cifras más conservadoras indican que desde diciembre de 2001 el costo laboral se redujo en un 50 por ciento. La contrapartida, mediada por la contracción del salario real, fue una caída del ingreso de las familias del orden del 30 por ciento.
El economista Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, dijo a este diario que las industrias sustitutivas de importaciones que lideran el crecimiento en las encuestas fabriles, la metalmecánica y la textil, “captan una porción mayor del mercado local, pero de un mercado que se ha achicado”. Un empresario del sector textil graficó a Página/12 esta situación. Destacó que a fines de la convertibilidad producía por debajo del 10 por ciento de su capacidad instalada, pero que ahora lo hace al 40 por ciento.
El dilema de hierro, entonces, es que la caída de salarios deprime la demanda agregada y, adicionalmente, que esta caída no puede ser compensada por las exportaciones.
Si la demanda cayó el 11 por ciento en 2002, es decir entre 10 y 12 mil millones de dólares, esto significa que las Manufacturas de Origen Industrial, las únicas con posibilidades ciertas de expansión si median las inversiones necesarias, deberían al menos triplicarse. Una meta que en las actuales circunstancias parece lejana.
Pero también existe otra limitación estructural del modelo “productivo” y es que su única ventaja competitiva reside en el bajo costo de la mano de obra. Para Kritz, “el crecimiento sustentable se basa en las mejorascontinuas de la productividad y hoy la productividad de la industria se encuentra estancada”. El economista recordó que cuando los empresarios locales decían que no podían competir, el grueso de las importaciones provenían de países cuyos salarios eran tres veces más altos que los argentinos. Su conclusión es que Argentina nunca podrá competir vía bajos salarios, porque en el mundo la oferta de mano de obra barata es infinita.

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Las industrias crecen en mercados que se achican. La caída de salarios deprime la demanda.
 
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