EL MUNDO

Un día de resignación y derrota en tres capitales de la “Vieja Europa”

 Por Eduardo Febbro

El eje que promueve la solución pacífica a la crisis iraquí no se hace demasiadas ilusiones. Al cabo de la cumbre tripartita Estados Unidos, Gran Bretaña y España, París, Berlín y Moscú se mostraron más convencidos que nunca de que la reunión no fue más que un espectáculo destinado a demostrar que la responsabilidad de la guerra incumbe a los países que bloquean el proceso de negociaciones en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. La única reacción oficial francesa fue la del presidente francés Jacques Chirac. En el curso de una entrevista concedida a dos canales de televisión norteamericanos, CNN y CBS, Chirac reiteró que Francia seguía dispuesta a vetar en la ONU una nueva resolución que autorice el recurso a la fuerza contra Irak, considerando que el desarme iraquí se puede conseguir mediante el proceso de inspecciones iniciado luego de la aprobación de la resolución 1441, en noviembre del año pasado.
Para los comentaristas locales, la cumbre estaba vacía de contenido. Bush, Blair y Aznar no hicieron más que mostrarse juntos para finalmente decir que los tres estaban de acuerdo en que la decisión quedaba aplazada hasta el lunes. En este contexto, todo parecía dirigido hacia Francia, país que, con su posición y su amenaza de vetar una resolución, se pone en el camino de la estrategia de la Casa Blanca, seguido por Rusia y Moscú. Sin embargo, el jefe del Estado francés repitió que Francia iría “hasta el final de nuestra negativa”. Sin embargo, el veto francés parece ya una cuestión sin importancia. En el curso de la entrevista concedida por Chirac a la CNN y a CBS, el mandatario deslizó una frase clave. Refiriéndose a la guerra que Estados Unidos podría desencadenar, Chirac declaró que, ante esa eventualidad, deseaba que Washington obtuviera “una victoria rápida” ya que, señaló, cuanto “más rápida es la victoria, menos importantes serán los daños en el plano humano y material”. Seguidamente, el jefe del Estado excluyó que París pueda aportar tropas en caso de conflicto y recordó que, hasta el momento, lo único que hizo la administración Bush fue pedir autorización para que sus aviones sobrevolaran el territorio francés, lo que Chirac autorizó.
Asimismo, la presidencia francesa indicó que París estaba dispuesta a aceptar un plazo de “30 a 60 días” para que los inspectores de la ONU llevaran a cabo su trabajo. Este plazo fue inmediatamente rechazado por el vicepresidente norteamericano Dick Cheney. Por lo pronto, el canciller belga Louis Michel afirmó que “Francia propuso aun que se discutiera dentro de unos 30 días, pero estos tres países lo rechazaron. Por lo tanto, eso quiere decir que ya decidieron prácticamente atacar”. El otro país que también se opone a un ultimátum, Alemania, tampoco considera que la guerra sea una perspectiva evitable. El canciller alemán Gerhard Schroeder señaló que las posibilidades de que se llegue a una solución pacífica “son más débiles que nunca”.
Luego de la cumbre de las Azores, París aparece más que nunca como responsable del camino sin salida al que se llegó en la ONU. Luego de que EE.UU. presentara pruebas falsas para probar que Saddam Hussein poseía sistemas militares prohibidos y que recurriera a cuanta maniobra fue posible para obligar a los demás miembros del Consejo de Seguridad a votar una segunda resolución, todos los “cañones apuntan ahora hacia Francia para que soportemos el peso del fracaso diplomático –decía anoche una fuente diplomática–. Si la guerra se lanza en los próximos días, seguramente se dirá que París no dejó otra alternativa al negarse a aceptar un ultimátum de la ONU, es decir, al no querer caucionar el uso de la fuerza, o sea, la legalidad del conflicto”.

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