ECONOMIA › GIAN CARLO DELGADO RAMOS Y MARCELO GIRAUD ANALIZAN EL BOOM DE LA MEGAMINERIA EN LA ARGENTINA

“No sirve ser exportadores primarios”

El crecimiento de la minería da lugar a un encendido debate. Dos especialistas dan su visión sobre el proceso argentino.

 Por Javier Lewkowicz

El boom de la megaminería en la Argentina, que comenzó a fines de los ’90, despierta posturas contrapuestas, algunas de ellas encendidas, como decirle no a la actividad o, en el otro extremo, la defensa que encarnan las empresas y algunos gobiernos de las provincias donde se explotan esos recursos. Otros especialistas analizan de qué forma la minería puede generar desarrollo económico. Desde una posición crítica, Gian Carlo Delgado Ramos, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), y Marcelo Giraud, geógrafo de la Universidad de Cuyo, convocados para un debate que organizó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), conversaron con Página/12 sobre el tipo de explotación minera en América latina.

–¿Qué papel debe jugar el Estado en relación con el sector minero?

Delgado Ramos: –Habría que discutir cómo entiende el Estado el desarrollo. Están los que buscan el crecimiento por el crecimiento, para que a partir de ahí se genere un derrame. Yo creo que eso no es desarrollo. En toda nuestra historia como región, el paradigma de la plataforma exportadora extractiva como punto para el desarrollo económico no se ha corroborado. El grueso de la población ve escasos beneficios y, sobre todo, costos, que tienen que ver con los pasivos ambientales. El principio del Estado no es la acumulación de capital, sino cómo se conserva de la mejor manera posible el entorno natural generando riqueza económica. El problema con la minería es similar a la industria nuclear, que tiene un riesgo ambiental altísimo.

–Algunos analistas sostienen que la renta que genera la minería puede potenciar el desarrollo económico argentino. De hecho, los esquemas más fructíferos en materia de industrialización incluyeron la captación de renta de los recursos naturales, como en el caso del IAPI. Si se tiene en cuenta ese aspecto, ¿cambia la valoración de la actividad?

D. R.: –Hay países que tienen un modelo primario exportador con grandes diferencias del esquema extractivista tradicional. Venezuela o Bolivia hacen una redistribución de la riqueza, que no sucede en otros países, como México. No nos podemos ir al punto de decir “no a la minería”, porque utilizamos esos materiales de forma creciente. Pero la discusión sobre el nivel de apropiación de la renta por parte del Estado deja de lado la pregunta de si realmente queremos ser un país primario exportador, un país que se dedique a la exportación minera. El modelo clásico capitalista es de innovación de ciencia y tecnología, no de exportación de minerales. Llevamos 200 años con el modelo primario exportador y nos está fallando.

Marcelo Giraud: –Cuando estaba vigente el IAPI existía una diversidad fenomenal de cultivos. Desde el punto de vista ambiental, tenía sustentabilidad. Todas las minas tienen impacto ambiental fuerte, pero no todas contaminan. Hay que ser muy rigurosos en el aspecto ambiental y además cobrarle impuestos como se debe. Estoy completamente de acuerdo con la medida de las retenciones, y creo que las regalías deberían ser mucho mayores. Pero no comparto la idea de financiar un proceso de desarrollo de esa manera. En casos como la producción de hierro en Sierra Grande para abastecer a las acerías nacionales, habría que ver de qué manera de puede aumentar la producción maximizando la reducción del riesgo ambiental. En Europa ni locos quieren tener el impacto ambiental que produce la minería, los españoles lo han sufrido y también los rumanos y todos los que estaban aguas abajo en el río Danubio. Tampoco quieren realizar minería los estadounidenses. Hay una fortísima resistencia.

–¿Habría que refinar el metal que se extrae?

M. G.: –En el caso del cobre, mi juicio sería muy distinto del actual si minera La Alumbrera lo extrajera según las necesidades nacionales y realizando el proceso productivo completo, con una refinadora cerca del yacimiento. Entre eso y exportar un concentrado de cobre en volúmenes muchísimo mayores a nuestros requerimientos, con un impacto ambiental muy alto, hay una diferencia enorme. La Alumbrera podría haber construido ferrocarriles, pero en cambio hizo un pésimo mineroducto, con episodios frecuentes de rotura y contaminación. Si hubiese sido un proceso integral al servicio del desarrollo argentino, sería otra cosa. Ahora es una economía de enclave.

–La empresa mixta brasileña Vale va a extraer potasio en Mendoza. Para ello anunció la construcción de un puerto y un ferrocarril. ¿Modifica eso el concepto de economía de enclave?

–No veo diferencia entre eso y otros proyectos actuales de megaminería. La ampliación del puerto tiene un diseño absolutamente específico para las necesidades de Vale. Es un puerto minero de cloruro de potasio. En cuanto al ferrocarril, que consiste en rehabilitar una línea que no se está utilizando, también está creado exclusivamente para el yacimiento y Vale no lo va a compartir. Cuando se agote el mineral, el tren no va a cumplir ninguna función.

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Gian Carlo Delgado Ramos, de la UNAM, y Marcelo Giraud, de la Universidad de Cuyo.
Imagen: Pablo Piovano
 
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