ECONOMíA › TEMAS DE DEBATE: ANáLISIS DEL PRESUPUESTO 2015 PARA COMPRENDER LA ECONOMíA

Una guía para descifrar lo que viene

El Presupuesto explicita el plan de Gobierno para el próximo año y además ofrece proyecciones no sólo para 2015, sino también para lo que queda del año en curso. Los especialistas destacan lo más significativo de la ley de leyes.

Producción: Javier Lewkowicz

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Profundiza la redistribución

Por Alfredo T. García *

El Presupuesto nacional es, esencialmente, un plan de Gobierno para el próximo año y, en función de ese objetivo, contiene estimaciones de variables que acompañan y sustentan ese plan. No obstante, muchos analistas tienden a identificar el Presupuesto nacional exclusivamente con una colección de previsiones a futuro y con los valores de cada una de las cifras.

Hay una gran variedad de factores que inciden en las condiciones futuras, y, por lo tanto, el análisis del Presupuesto debe centrarse en las características del Plan, en aquellas variables que puede controlar el Gobierno, y en las tendencias que se expresan a partir de las estimaciones macroeconómicas (más que en el estricto valor numérico de las variables).

En las distintas estimaciones realizadas internacionalmente suele observarse que el PIB de los años por venir sea superior al que efectivamente se produce, efecto que se evidencia con mayor intensidad en los períodos de crisis. Una tendencia que determina que la diferencia entre el pronóstico y la realidad sea muchas veces significativa. Como ejemplo puede mencionarse el caso de Estados Unidos: en febrero de este año la Oficina de Presupuesto del Congreso proyectaba un crecimiento del PIB para todo 2014 del 3,1 por ciento, mientras que en su revisión de agosto de este año rebajó el pronóstico al 1,5 por ciento, la mitad del crecimiento original. También cabe citar el caso de Brasil, cuyo Banco Central comenzó proyectando un crecimiento del PIB para 2014 del 2 por ciento, mientras que la previsión más reciente lo ubica en el 0,3 por ciento.

En el Presupuesto 2015 se estima que la recaudación alcance el 30 por ciento del PIB, un porcentaje elevado, pero menor que el 36 por ciento que Brasil exhibió en 2012, y necesario para sostener una política de gasto público que sirve para redistribuir el ingreso, fomentar el empleo y garantizar un nivel de protección social, además de las inversiones y gastos corrientes que todo Estado debe realizar.

Estas premisas se corroboran en la distribución de los gastos, cuando se observa que los servicios sociales aumentan su participación en el total del gasto del 55 por ciento en 2014 al 58,6 por ciento en 2015, siendo los rubros que más aumentan los de Seguridad Social, Educación y Cultura y de Trabajo. Cabe aclarar que en estos números se ha descontado en 2014 el gasto de capital correspondiente al Convenio de solución con Repsol, que ronda cerca de un punto del PIB y que, de no considerarse, desvirtúa el crecimiento interanual del gasto total.

También puede señalarse que las transferencias a las empresas, donde se contabilizan principalmente los subsidios a tarifas, un rubro importante y fuertemente criticado por los analistas ortodoxos, prácticamente no crecerán en términos nominales, previéndose la reducción de los subsidios al gas y probablemente a otras prestaciones energéticas durante el próximo año.

Los números macro indican un crecimiento del PIB del 0,5 por ciento para este año y del 2,8 por ciento para el próximo, en línea con la necesidad de lograr cifras de crecimiento positivas para continuar con el proyecto de distribución del ingreso. También se estima un déficit fiscal (incluido el pago de intereses) del 4 por ciento para 2014 (que se reduce el 3 por ciento si no se considera el acuerdo con Repsol) y se prevé un déficit del un por ciento para 2015. En este aspecto, y teniendo en cuenta las dificultades que presenta el contexto externo y la propia dinámica interna, sería deseable que se mantuviera un mayor déficit en el 2015, rondando el 3 por ciento del PIB, para dedicar un mayor esfuerzo aun a los gastos de fomento, tanto de la producción como del consumo y de esa forma sostener el crecimiento previsto. También se asigna al Fondo de Desendeudamiento Argentino, para el pago de la deuda externa, la cifra de 11.900 millones de dólares para 2015, sin duda todo un desafío teniendo en cuenta los actuales niveles de Reservas Internacionales.

Más allá de las cifras, lo importante es el plan de Gobierno, y en este caso, como ha venido sucediendo durante estos últimos años, el Presupuesto responde al proyecto político, económico y social de redistribución de ingresos y crecimiento con equidad. También, como otros años, confronta con aquellos que lo critican precisamente por esta característica, y proponen modificaciones que responden a otro modelo del país, que sintéticamente puede resumirse como la vuelta a las prácticas neoliberales de los ’90, que llevaron a la crisis económica y social más profunda de nuestra historia.

* Economista jefe Banco Credicoop. Investigador CCC Floreal Gorini.


Pistas sobre el 2014

Por Luciana Díaz Frers *

El proyecto de ley de Presupuesto que el Poder Ejecutivo envió puntualmente al Congreso consta de 29 páginas con 75 artículos de compleja lectura. En ese proyecto, lo central es que el Congreso autoriza a la Administración Nacional a un nivel de gasto, fijado para 2015 en 1.251.630 millones de pesos (aproximadamente 25 por ciento del PBI). ¿Es relevante? Poco. La verdad es que en algunos artículos del Presupuesto se permite que ese gasto se aumente. Y cuando esos artículos no alcanzaron, el Poder Ejecutivo recurrió a Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), algunos enviados al Congreso cerca del 31 de diciembre de cada año, impidiendo así su tratamiento en el Poder Legislativo. De esta manera, tal como documenta una reciente publicación de la Presidencia de la AGN titulada “La rendición de cuentas” en los últimos diez años el Presupuesto se amplió en promedio un 20 por ciento, con un máximo de casi 31 por ciento en 2007. Y en rigor, 2011 fue peor porque en aquel año, el Congreso rechazó el proyecto de ley de Presupuesto que envió el Ejecutivo. Debió haber sido prorrogado el Presupuesto 2010. Pero el Poder Ejecutivo terminó ignorando esa desaprobación y ejecutó un presupuesto 37 por ciento superior al Presupuesto de 2010 (también ampliado durante aquel año).

Además del “articulado” del proyecto de ley de Presupuesto, hay 230 planillas anexas en las cuales se ponen las cifras sobre la asignación del gasto en gran detalle. Cualquiera supondría que aquí está el quid de la cuestión, que en tanto número se debe esconder el secreto del Presupuesto, a quiénes les va más y a quiénes menos. ¿Cierto? Tampoco. A lo largo del año, y gracias a la Ley de Superpoderes aprobada por nuestro Congreso en 2006, el jefe de Gabinete puede hacer todos los cambios que considere necesarios a lo largo del año. Y los ha hecho. Por ejemplo en 2013, sobresalen las enormes reasignaciones dirigidas a financiar subsidios en transporte y energía. En cambio, hubo menos plata que la prometida para la función Trabajo, Informaciones y estadísticas básicas (con los consabidos problemas que tiene), Ecología y medio ambiente, entre otros.

Adicionalmente, el Poder Ejecutivo envía un extenso mensaje dirigido al Honorable Congreso de la Nación. En estas 243 páginas, habla de la economía argentina, la mundial y sus pronósticos macroeconómicos. Esas proyecciones han sido ampliamente criticadas año tras año, tanto en lo que hace al crecimiento del PIB como al valor del dólar y la inflación (ésta, por ejemplo, se espera que ronde el 15 por ciento en 2015). Pero ése es sólo el primer capítulo (y donde ponen el foco muchos especialistas).

En ese texto hay otros temas importantes. Uno que considero fundamental es qué rol le van a dar a la política fiscal. Hay dos funciones que el gobierno nacional no puede delegar a nadie. Una es la estabilidad macroeconómica. En estos tiempos, este objetivo implica no generar presiones inflacionarias (objetivo no muy logrado), moderar las fluctuaciones del ciclo de la economía y llevar sus políticas por un sendero sostenible. Ante la falta de acceso al crédito y la escasez de dólares, la política fiscal se torna mucho más relevante en la búsqueda de la estabilidad macroeconómica. El mensaje incluso asegura que “El Gobierno ha impulsado, oportunamente, políticas económicas activas, de carácter anticíclico”. Mirando los números de los últimos cinco años, lo que vemos es un déficit persistente, aunque la economía haya crecido. El déficit en sí no es malo. De hecho en 2009, el enfriamiento de la economía perfectamente justifica aquel pequeño déficit, más aún sabiendo que en los años anteriores de alto crecimiento se lograron importantes ahorros. Pero no justifica el déficit de 2011 (año de elecciones presidenciales). El problema adicional de los déficit acumulados es que ya sabemos dónde terminan (basta recordar lo que pasó entre 1996 y 2002). Lo más curioso es que a pesar de pregonar la política anticíclica, el artículo 22 del proyecto de ley de Presupuesto, en una críptica redacción que remite a otra ley que a su vez remite a otra ley, una vez más exonera al Gobierno de la obligación de guardar fondos en el Fondo Anticíclico Fiscal.

La otra obligación que el gobierno nacional no puede delegar a nadie es la equidad. Sería interesante poder evaluar en nuestro país, caracterizado por enormes desigualdades económicas y sociales entre las provincias, cómo asigna el gasto el gobierno nacional. Sin embargo, esto es imposible debido a que el Gobierno ya no publica más esta información desde hace unos pocos años. En conclusión, poco sirve tanta información para saber qué va a pasar en 2015. Sin embargo, allí podemos ver una proyección de cómo va a terminar este año 2014. Y tal como sospechábamos, está complicado.

* Economista.

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