ECONOMíA › RESPALDO DE UN FUERTE NUCLEO EMPRESARIO A LAS POLITICAS OFICIALES

El establishment aplaude al Gobierno

 Por Cledis Candelaresi

Cualquiera podría pensar que la Asociación Empresaria de la Argentina, entidad que nuclea a las más grandes empresas del país, se aggiornó a la “era K”. A través de su titular, Luis Pagani, no sólo se opone a un mayor esfuerzo fiscal para el pago de la deuda sino que también reivindica la política conciliadora con los piqueteros de Néstor Kirchner y niega que las protestas protagonizadas por los desocupados ahuyenten inversiones. “Estamos con el Gobierno: debe seguir el diálogo”, sentencia el dueño de la trasnacional alimentaria cordobesa, marcando una distancia con los dirigentes de la Unión Industrial Argentina que exigen mano dura. Es más. A juicio de los hombres de empresa más poderosos del país, una nueva reforma laboral debería contemplar “estímulos” para que las empresas se animen a incorporarlos a su staff.
AEA surgió como un nuevo factor de poder en mayo del 2002, con la Argentina sacudida por la eclosión del tipo de cambio y Eduardo Duhalde intentando con poco rédito controlar la crisis. Año y medio después, los empresarios se confiesan sorprendidos por la buena performance económica de la Argentina y ratifican lo que ya cantan los registros estadísticos: que el 2003 fue “mucho mejor” que el 2002. “El agro tuvo una cosecha record, la construcción está mejor y, además, Argentina se reinsertó en el mundo con acuerdos con el Fondo, el BID y el Banco Mundial”, celebra el líder de Arcor.
Pero a su juicio, esta bonanza se vería comprometida si el Gobierno accediera a destinar un superávit mayor al 3 por ciento del Producto Interno Bruto para el pago de la deuda. “Si se intentara un ajuste mayor, se ahogaría la incipiente reactivación”, precisa Pagani, para quien, “con los números macro actuales”, Argentina tampoco puede mejorar su oferta a los acreedores privados del exterior, proponiéndole una quita menor al 75 por ciento sobre el valor nominal de los bonos en default.
Sucede que para cualquier virtual excedente fiscal, los empresarios ya tienen una idea: destinarlo a la reducción de impuestos. Luis Mario Castro, titular de Unilever y uno de los voceros del encuentro de ayer con la prensa, indica como posible fórmula la reducción gradual del impuesto al cheque su cómputo a cuenta de Ganancias, así como una disminución de la alícuota del IVA. Ambos son caminos para conseguir la “necesaria” mejora del poder adquisitivo de la población sin esfuerzo patronal.
La otra vía probadamente más eficaz del aumento salarial parece menos despejada. AEA reivindica la discusión en paritarias pero no la política oficial de ordenar ajustes salariales por decreto. “Las empresas grandes o ligadas a la exportación dimos incrementos de sueldos por las nuestras”, advierte Castro. “Pero no sabemos si todos los sectores están en condiciones de hacerlo”, añade Pagani, reafirmando las dudas que genera en el ámbito patronal la política de imponer esos aumentos.
Ni uno ni el otro, sin embargo, están en condiciones de garantizar que sin este instrumento coercitivo hubiese existido, siquiera, esa modesta mejoría salarial bastante generalizada. Aun así, los 200 pesos otorgados en etapas y por decreto son para los empresarios sólo “un recurso de emergencia para un momento de emergencia”.
Por su carácter de ley sospechada, la reforma laboral debe derogarse. Pero, a decir de la entidad patronal, el Gobierno debería rescatar de ella algunos institutos que flexibilizaron las formas de contratación, como el período de prueba o las negociaciones por empresa.
Reafirmando el tono políticamente correcto de su discurso, la dupla Pagani-Castro señala que una nueva legislación laboral debería incluir algunos “estímulos” para que las empresas se animen a incorporar a los actuales destinatarios de planes de Jefas y Jefes de Hogar. Va de suyo que, por ahora, los empresarios parecen no encontrar demasiados: los beneficiarios de planes sociales, muchos integrados a las organizaciones piqueteras, no tendrían la calificación requerida por la industria, al tiempo que declinaría aceptar las temporarias tareas del agro.
¿Hay empresas que desistieron de hacer inversiones por las protestas piqueteras?, preguntó ayer una periodista. “En absoluto. Al menos para nosotros no fue así”, fue la terminante respuesta del titular de AEA.

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